Lunes 05 de Agosto de 2013
Un señor sonriente y amable entra en confianza con uno de los temas que fácilmente acarrea consenso entre “la gente”: habla de la corrupción de la clase política o en su defecto de la inseguridad que hay, la delincuencia, matizado con un desdén por las clases que reciben alguna ayuda del Estado. El caballero se gana la vida con un transporte especial, llevando a chicos con discapacidades a sus tratamientos, cuyos padres aprovechan los beneficios de las leyes que amparan la discapacidad y establecen las coberturas que deben cumplir las obras sociales. Este respetable señor, a la hora de liquidar sus honorarios, extiende una facturación adulterada, incluyendo viajes que no realizó, y días en los cuales el chico no ha recibido tratamiento. Y les pide a los padres que autoricen esa facturación, con el fin de que la obra social le pague más de lo que legalmente le corresponde. Pone de esa manera a los padres del chico con discapacidad entre la espada y la pared: de participar en una estafa de sobrefacturación para tener un servicio brindado por un señor feliz y contento de su nivel de vida, levemente mejorado a causa de su autodignificación laboral, o en su defecto, defender los intereses de su obra social, que le brinda todos los beneficios, arriesgándose a no conseguir quién transporte a su hijo. ¿Así serán todos los que critican la corrupción de la clase política? ¿Así serán todos los que menosprecian a los delincuentes comunes? ¿Así serán todos los honestos ciudadanos que están cansados de que “los políticos nos roben”, pero evaden impuestos, comercian divisas ilegalmente, o aprovechan la mínima cuota de poder que les da el destino para sacar su tajada? Los honestos, mientras tanto, sólo podemos indignarnos.
Sergio Molina
DNI 16.064.098