¿Acaso no matan a los caballos?
Muchas veces la cotidiana caja boba se transforma en cruel y despiadada al manipular ciertas características humanas; es cuando apela, como objetivo de audiencia.

Sábado 03 de Mayo de 2014

Muchas veces la cotidiana caja boba se transforma en cruel y despiadada al manipular ciertas características humanas; es cuando apela, como objetivo de audiencia, a la morbosidad de los televidentes utilizando a quienes se prestan por ingenuidad, un poco de fama o un poco de dinero. La excusa es siempre la misma, entretener, divertir o reflejar la realidad pero queda claro que algunos contenidos violan el respeto básico a las personas. Recuerdo por ejemplo un programa en el que varios bebés gateaban participando en una carrera donde las madres los incentivaban con una golosina. Los reality de hace poco mostraban, en prolongados encierros, las miserias grupales con la exhibición sin límites de intimidades y actitudes. En las grillas actuales podemos encontrar programas que premian a obesos mórbidos que bajan un poco y los echan cuando no adelgazan, noticieros que se regodean con el llanto de las víctimas y el paso de las morteras o aquellos donde hay que mostrar indigencia o graves problemas familiares para que el conductor proporcione alguna solución. En el sector de los juveniles están aquellos que someten a los participantes a mecanismos no aptos para cardíacos o los que tiran a un pozo a quienes no respondan bien a las preguntas. Lamentablemente el melodrama o la explotación del ridículo han tenido siempre una audiencia cómplice. En materia de entretenimientos, el lanzamiento de enanos originado en Australia y por suerte sin que todavía esté en Argentina, es lo máximo en cuanto al menosprecio de la dignidad. Este “juego” consiste en arrojar hacia adelante a un enano (con casco, por supuesto) y gana el que logra tirarlo más lejos. Es cierto que la necesidad tiene cara de hereje y algunos se prestan a estas situaciones sin saber que el mayor rédito es para medios y productores. Horace McCoy escribió en 1936 una novela relatando la odisea de un hombre y una mujer que para sobrevivir a la gran depresión aceptan participar en un siniestro maratón de baile donde premiaban a la pareja que lograba mantenerse en pie después de muchas horas de exhibirse en la pista. La protagonista muere y casi nadie lo lamenta ya que tanto organizadores como espectadores buscaron increíbles justificativos. El significativo título de esta novela es “¿Acaso no matan a los caballos?” Por último no creo que la presente reflexión sea exagerada o de corte moralista, aspira simplemente a que la televisión no olvide su función social, nivele un poco más para arriba y sepa que el éxito -cuando denigra a las personas- es efímero, o en todo caso, condenable.

Omar Pérez Cantón

Javier Cantero, el último indio

Cuando en diciembre de 2011 Javier Cantero se convirtió en presidente de Independiente, dejó bien en claro que no se iba a someter a la voluntad de los grupos de delincuentes denominados “barrabravas”. Comenzó allí una lucha titánica, y en algún momento, algunos, crédulos e inocentes, llegamos a creer que una nueva historia empezaba a escribirse en el fútbol argentino. Los periodistas de los grandes medios nacionales le ofrecían generosos espacios, y muchos políticos veían conveniente tomarse una foto con esta suerte de llanero solitario, que se atrevía a hablar sin eufemismos. Pero eso sí, los dirigentes de los demás clubes del profesionalismo -azotados también por el flagelo de los delincuentes disfrazados de hinchas-, se hacían los distraídos y nadie se atrevió a apoyar abiertamente a Cantero, y mucho menos a adoptar actitudes similares en sus respectivas instituciones. Entonces el tren de la hipocresía siguió su marcha sin detenerse en la estación de la solidaridad. Y Cantero se fue quedando solo, irremediablemente solo, y hasta una buena parte de sus pares de comisión directiva se fueron alejando. Y los barrabravas -con el tal “Bebote” Alvarez a la cabeza-, volvieron a recobrar protagonismo. Tampoco le fue bien deportivamente a Cantero, Independiente, uno de los más gloriosos clubes del mundo, descendió al Nacional B. Y entonces los grandes medios nacionales hicieron hincapié en el “fracaso” de la gestión de Cantero, soslayando la lucha ejemplar que seguía sosteniendo. A nadie le importó que Cantero quisiera desmalezar el terreno, los barrabravas querían recobrar sus prebendas, y el resto del mundo del fútbol miraba hacia otro lado. En los canales deportivos se analizaban minuciosamente las jugadas polémicas, y nadie reparaba en lo trascendente de la lucha emprendida por el ahora ex presidente de Independiente. “La renuncia de Cantero descomprimió la situación y ahora Independiente podrá volver a la normalidad”, dijo un respetado periodista en la televisión. Y muchos otros expresaron opiniones parecidas. ¿De qué normalidad están hablando? ¿Del triunfo de los delincuentes que se hacen llamar hinchas? ¿Qué es lo normal? ¿Qué los violentos sigan siendo los protagonistas? Parece que sí, que esto es lo “normal” en el fútbol argentino. ¿Cuál es la moraleja de la frustrada historia de Cantero? Quizá la encontremos en el Martín Fierro, más precisamente en los consejos del Viejo Vizcacha: “Hacete amigo del juez /no le des de qué quejarse/ y cuando quiera enojarse/ vos te debés encojer/ pues siempre es güeno tener/palenque ande ir a rascarse”. Hoy José Hernández debiera decir “Hacete amigo de la barra brava”. Lo saben los periodistas, lo saben los dirigentes de los demás clubes, lo saben los políticos, lo saben los jueces, todos lo saben. Pero nadie dice ni hace nada. Ramón Díaz le agradeció públicamente el aliento a los barrabravas de River, la AFA lo citó a declarar en otro acto de hipocresía, porque todos sabemos que nada pasará. Que todo seguirá igual. Y si algún dirigente que aspira a llegar a la presidencia de su club, tuvo alguna vez la intención de cortar de raíz el problema de las barras, ya sabe que ese no es el camino. Porque en la película del fútbol argentino los buenos son como los indios en las viejas películas del lejano oeste: no ganan jamás.

Carlos Barulich
DNI 8.375.619

Jubilados descartables

La historia nos dice que los jubilados fueron para todos los gobiernos un lastre, después de dar por 30 años o más el sudor de su frente para hacer de nuestra Argentina un país mejor. Llegado el momento de disfrutar de la vida, son olvidados por quienes los gobiernan, y dejados a un costado como si fueran un perchero olvidado en un rincón de una habitación, y me atrevería a decir que hasta la sociedad los olvida. El gobierno sólo les da limosnas, la oposición, mientras están en esa posición, les prometen el oro y el moro, y una vez que son gobierno se olvidan de las promesas. En tanto, el gremialismo no hace absolutamente nada por la clase pasiva, que siempre está a la saga de los reclamos. Y ahora bien, ¿son descartables o son seres humanos que merecen el respeto de toda la sociedad por el esfuerzo que han hecho en su vida laboral? Por supuesto, quien más los tienen que respetar son los gobernantes, pero lamentablemente no lo hacen. De una buena vez por todas dejen de considerarlos descartables.

Manuel Castilla
DNI 6.057.702

Hoy por tí mañana por mí

Viendo la formación de coaliciones en procura de puestos políticos, y las declaraciones de la señora Carrió sobre sus renovados compañeros de lucha, el pueblo se pregunta: reconciliación u olvido. Es bueno defender el deber del olvido, pero sin llegar a borrar nunca la memoria debida. Siempre hay lugar en la vida para cambiar de todo y en todo tiempo, planes, actitud, opinión y rehabilitarse, mejorar y asombrarse de lo que fuimos hicimos o dijimos. Caso contrario estaríamos aún pagando las consecuencias de aquel mal comportamiento que tuvimos a los ocho años. Todos podemos y tenemos la oportunidad de rehabilitarnos, sobre todo si estamos realmente conscientes y visceralmente convencidos de que anteriormente habíamos actuado mal o equivocados. Pero todo cambia si el verdadero motivo no es ese, sino la búsqueda de una continuidad acosada por el miedo de dejar de ser, o a causa de una radicalizada e improductiva venganza, que parece ser el caso. Dejando abierta la esperanza popular de que algún día aparezca un traidor útil, recordando siempre aquella frase de un famoso emperador que dijo: “Roma no paga a los traidores”. La idea de negociar con un evidente enemigo es dura de asumir, pero lo cierto es que aquí, como en otros tiempos, se aplica aquello de “hoy por tí mañana por mí”. Aquellas sinceras declaraciones de Carrió, no evidencian mucha diferencia en el sustento ontológico, ni en los fines, entre la “cosa nostra” y este tipo de alianzas. A modo de lección no aprendida, Einstein decía: “Resulta imposible solucionar los problemas y conflictos que se ocasionan utilizando las mismas herramientas, los mismos métodos y las mismas personas que originalmente lo causaron”. Si bien filosóficamente la política es el arte de lo posible, resulta necesario agregar que también debe ser la búsqueda del bien común, entendiendo como común al pueblo. Este tipo de pseudos acuerdos en los cuales se amontonan, banderas, personas e ideas tan disímiles y enfrentadas, en épocas no muy lejanas, resultan ser en el tiempo altamente relevantes para el país. Es premonitorio ver hoy que con sus declaraciones, van anticipando una realidad que a futuro, sin dudas saldrá a la luz con sus vicios y negaciones hoy precarias y egoístamente ocultas, reiterando pasados unos años los viejos vicios que cíclicamente nos perjudican y atrasan. Estudios científicos, comprueban que ciertas especies salvajes de belicosa convivencia en épocas normales, forman alianzas cuándo ya famélicos encuentran de que alimentarse, luego saciado su temporal apetito, retornan cada uno a su redil.

Norberto Ivaldi

Un lugar para descubrir

Que la provincia de Córdoba en general es un lugar hermoso a esta altura a nadie sorprende. Lo más lindo sea quizás es que uno puede ir mil veces y siempre hay algo nuevo para descubrir. Y así fue, con las expectativas intactas en Semana Santa nos embarcamos junto mi mamá, hermana y amigos hacia lo que comúnmente se denomina el Gran Córdoba. Hacia el norte de la capital mediterránea, a solo 44 kilómetros de ella, se encuentra Aguas de Oro. Para ser un poco más preciso fuimos a la colonia que posee en dicho lugar el Sindicato de Empleados Municipales de Rosario. Debo suponer a esta altura que deben existir miles de complejos similares en la región, pero no creo que ninguno tenga la gran capacidad de hacerte sentir en familia. La atención, la predisposición hacia los huéspedes es para destacar. Para descansar (con un río que surca en unos de los lados de la colonia), para pasear, es un lugar para pasarla bien. Desde una panadería (que está en el pueblo) que es la perdición para los que gustan de las cosas dulces, hasta ir a 39 kilómetros hasta Colonia Caroya a probar los mejores salamines, bondiolas y quesos de la región. Además, hay que recorrer la ruta E-57 o popularmente conocida como Camino del Cuadrado, que data de principios del año 1900 y que une las ciudades de La Falda con Río Ceballos. Sin embargo, su nombre se lo debe a que atraviesa el cerro así denominado. Por todo esto no me cabe la menor duda de que en lo personal fue todo un descubrimiento el lugar, las instalaciones y el paisaje, por supuesto. Un lugar para volver a ir y compartir.

Pablo Gabriel Giménez
DNI: 21.531.682