Miércoles 13 de Julio de 2011
Decía Atahualpa Yupanqui que la mayor gloria para los poetas, era que sus versos fueran hacia lo popular. Esto de un modo tal que con el paso del tiempo las coplas resonaran en cientos de voces que las pronunciaran con fervor sin saber de la autoría, pero sí de la esencia de los versos. Este acontecimiento otorga a las palabras la potencia de reflejar vivencias, sentimientos, ideas, amores y desamores, la potencia de la vida en acto. En Guatemala las balas de un grupo de sicarios acabaron con la vida del trovador Facundo Cabral. El absurdo de este mundo manejado por los mercaderes de la muerte se cobra vidas a diario en diversas latitudes. Niños y mujeres son los blancos principales, pero esta vez apagaron la vida un cantaautor capaz de entremezclar en sus coplas enseñanzas de los indios tarahumaras con fragmentos del "Canto a mí mismo", de Walt Whitman. Un cantante sin fronteras, predicador irreverente de confraternidad entre los seres humanos. Poeta transhumante que iba de de continente a continente con el oído atento a todas las voces y su palabra firme y punzante, de ironía que incitaba a la reflexión. Una vez más, como con Gandhi, Luther King y John Lennon, ahora con el asesinato de Facundo Cabral los necios siguen su conjura y nosotros decimos con el poeta que “podrán arrancar todas las flores, pero no detener la primavera”.
Carlos A. Solero, casolero_1@hotmail.com