Jueves 17 de Noviembre de 2011
El viernes pasado a las 12.20 ingresé al Banco Nación, sucursal de 27 de Febrero y San Martín, y vi desde la entrada que, como cada mes, tenía por delante como mínimo una hora de espera (el mes pasado fue de dos horas exactas). Y no me equivoqué, salí cerca de las 13.30, sólo para cobrar una jubilación que no demanda más de cinco minutos de operación en caja. Todos los meses, en la cola, uno se encuentra con gente que opina que el sistema es lento, que los cajeros se retiran a almorzar y que no se colocan refuerzos y quejas variadas (generalmente el horario del almuerzo es el de más demanda de gente). No tengo buenas experiencias con esa sucursal, pero el cambio a otro banco es burocrático, y allí me voy quedando.Una mujer salió enfurecida de la cola a contar cuántos cajeros había realmente, porque vale aclarar que con las mamparas dispuestas por el BCRA, más de un empleado sale favorecido ya que el público no puede ver qué pasa del otro lado. La mujer pasó las mamparas y constató que había, de un total de ocho cajas, sólo cuatro habilitadas. Dos eran para clientes y las otras para no clientes. Una vergüenza. Todavía, una de las cajeras se dio el lujo de decirle, de mala manera, que no había cajeros. Nos tratan mal y nos dicen sin rodeos que no hay personal. Intentamos traer al gente, quien dijo que hablaría con la tesorera por la disposición de las ocho cajas de la sucursal. Me parece bárbaro que el cliente tenga prioridad, sin embargo la proporción es ridícula. Siempre los no clientes son muchos más y demoran menos porque sus operaciones son particulares. Aún no comprendo tanta inoperancia, no comprendo porqué las personas importan tan poco, cuando en verdad son el motivo por el cual unos cuantos tienen trabajo. El Banco Nación debería ser un ejemplo. Que se incorpore entonces el pesonal faltante.
Jorgelina Colella