Martes 01 de Febrero de 2011
A través de los medios locales nos informamos sobre supuestos abortos ilegales que se habrían estado realizando en la trastienda de una peluquería rosarina. Esas prácticas aberrantes y ocultas deben contar con lugares físicos preparados para tal fin, en la ciudad de Rosario y en el resto del país. Sino no podríamos explicar la alarmante cifra que nos acercan las estadísticas oficiales: "Aproximadamente quinientos mil abortos ilegales por año en todo el territorio de la República Argentina". Sé que no estoy mencionando nada nuevo. Pero no por sabido, deja de ser espeluznante. Y alguna vez salta un caso, como el de la peluquería. Parece que fuera como para demostrar que la policía siempre atenta al delito, un buen día "descubre" la barbarie. Nadie, ni los vecinos, ni las autoridades descubren nada. Algunos más, otros menos, muchas personas deben conocer los lugares donde se realizan esas prácticas delictivas. El problema es que el "miedo" no permite desenmascararlos. Se comprende. Nuestra sociedad se ha vuelto tan agresiva que asusta a los más fuertes. Por otra parte ¡deben ser tantos!, que habría que realizar denuncia tras denuncia. Con lo que quizás no les diríamos a las autoridades algo que ya no supieran. ¿Y ahora? La peluquería permanecerá cerrada un tiempo, o cambiará domicilio, o los responsables serán enjuiciados. Al tiempo, esa noticia habrá perdido actualidad oscurecida por otras superadoras en el crimen. Y los abortos continuarán. Aunque estemos en contra de su realización, continuarán. Porque las razones humanas son tan fuertes que "obligan" a las mujeres a llevar a cabo una práctica donde el riesgo para su vida física es tremendo, y para su vida psíquica casi irreversible. "Si el útero soporta la maniobra, la mente no podrá igualarlo. Porque con el tiempo podrán desdibujarse las causas que llevaron a someterse a tan espantosa práctica, pero jamás podrán olvidar que interrumpieron una vida". Y los delincuentes aborteros seguirán engrosando sus arcas con el dolor, la inmadurez y la desesperación de esas desdichadas personas. Considero que la pregunta que debemos hacernos no es la de si estamos a favor o no del aborto. Solamente un asesino respondería con un sí. Lo que debemos preguntarnos es: ¿Qué hacemos con la realidad tremenda cotidiana que nos informan las estadísticas oficiales? Esa es la respuesta que debemos encontrar. No otra. La educación sexual implementada en las escuelas no ha servido para disminuir la tremenda cifra. Convendría preguntarnos por qué. La cantidad de métodos anticonceptivos modernos, múltiples y efectivos, tampoco la han alterado. Necesito seguir siendo optimista. El país debe contar con verdaderas políticas de salud, donde la educación sexual sea impartida en forma correcta, seria, desde edades bien tempranas, sin límites, con respeto, sin miedos ni tabúes.
Edith Michelotti, ediluobs@hotmail.com