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Abel Pintos: “Siento que fui exitoso antes de la popularidad”

El cantante habla de su pasión por conversar y por qué le gusta leer a Cortázar. La excusa del encuentro es el show que ofrecerá hoy y mañana, a las 21.30, en Metropolitano (Alto Rosario Shopping).

Viernes 17 de Octubre de 2014

Abel Pintos llega a la nota con Escenario con una remera que vomita rock & roll. Es blanca, y lleva decenas de labios rojos con la lengua afuera, el ícono inequívoco de los Rolling Stones. La excusa del encuentro es el show que ofrecerá hoy y mañana, a las 21.30, en Metropolitano (Alto Rosario Shopping). Pero el tema es conocer la intimidad de Abel Pintos. A lo largo de la charla, distendida, en un lujoso hotel céntrico de Santa Fe al 1600, Pintos apura un exprimido de naranja y hablará del éxito, de cómo disfruta de conversar, de su pasión por la lectura de Cortázar y Murakami, de su función social en la vida y la aclaración de que “todos hacemos política constantemente”, aunque prefiera eludir hacer foco en algún partido en particular. Y también dirá cuánto tiene que ver en su vida una remera rolinga, aunque sus canciones de amor estén muy lejos del desparpajo de Jagger y Richards.
  —Hay canciones tuyas que invitan a otra lectura, y se corren del romanticismo, ¿el tema «Más que mi destino» tiene que ver con la reencarnación?
  —(Risas) Y...en un punto sí, es que se lo asocia a una parte que dice “si me buscas y te busco/ y me esperas y te espero/ volverás, a mi lado volverás”, de alguna forma habla del regresar.
  —¿Y creés en el más allá o nos metemos en un tema demasiado místico?
  —Sí, no podría explicarlo bien, porque es un tema muy complejo, pero sí, creo que hay un desarrollo de las cosas en el mundo, de todo lo que existe, y nosotros somos también parte de ese desarrollo.
  —Este presente te toma en pleno momento de popularidad, tu disco “Abel” es uno de los más vendidos, ganaste premios Gardel y llenas teatros y estadios. ¿Se puede decir que ya llegaste?
  —Puedo decir que llegué a cumplir muchas de las cosas que me fui proponiendo, pero cada objetivo que alcanzás te sugiere otras nuevas ilusiones. Entonces, sí he llegado a cumplir muchos objetivos, pero estoy muy lejos de poder decir que haya aprendido todo lo que creo que tengo que aprender.
  —Ves posible que la reencarnación puede existir después de la vida, pero ¿qué hay después del éxito?
  —El éxito es un camino y no un punto adónde llegar. Me siento exitoso desde el momento en que empecé a sentir que podía dedicar todos los días de mi vida a hacer lo único que me interesa hacer. Y eso sucedió mucho tiempo antes de la popularidad.
  —Imagino que habrá cosas en lo cotidiano, a partir de convertirte en una figura pública, que disfrutarás más que otras. Pero, por ejemplo ¿odiás las entrevistas?
  —No, me divierten mucho, me gustan y además me parece que creo que es parte del trabajo de la música. Yo no hago canciones para que queden en mi casa, para mí mismo, hago canciones con la ilusión de que recorran el mundo, y algunas de las grandes rutas son los medios de comunicación. Y no es demagogia, pero para mí es un privilegio que me den un espacio en medios que tienen otras muchas cosas muy importantes que comunicar.
  —¿Pero contar tu intimidad a un desconocido no te genera cierta incomodidad?
  —No, porque hablo de las cosas que me interesa compartir y, en cambio, las que son más personales las dejo dentro de mi propio contexto.
  —¿Cuando un artista se realiza en un proyecto personal, a qué le tiene miedo?
  —En mi caso nunca tuve miedo, ni suelo tener miedo, suelo estar atento a tener siempre a mano, o a poder lograr tener las herramientas que necesito para expresarme de la forma más certera, digamos. Mi necesidad primaria es comunicar mis emociones, y el estar constantemente trabajando y estudiando me brinda la seguridad de que podré encontrar en el momento indicado la forma de expresar lo que quiero, expresar de la forma más certera posible dentro de mis capacidades. Entonces, la verdad es que no siento temores.
  —¿Tu quiebre de lo folclórico a lo melódico te significó una lucha interna o surgió espontáneamente?
  —Fue un pulso, fue natural, ni siquiera me lo planteé. También tiene que ver que mi escuela en la música es muy variada, escucho muchos géneros por igual con la misma admiración y me provoca la misma emoción, sobre todo cuando empecé a escribir mis canciones. Ahí empecé a ocuparme más de lo que quería decir y sobre todo cómo iba a decirlo. Luego, canciones como “La llave” me terminaron demostrando que el público termina haciendo más foco en qué dice la canción que en cómo lo dice. Yo la grabé como balada en su versión original en 2007, la grabé en 2012 en “Sueño dorado” con un tinte un poco más pop y volvió a ser un éxito; la grabó Agapornis y volvió a ser un éxito, la grabó Cristian Castro y volvió a ser un éxito, y la grabó Jorge Rojas y volvió a ser un éxito (risas). Entonces fue muy natural, no fue en busca de intereses y eso produjo que el público lo tome en forma natural.
  —Alguna vez dijiste que querías terminar la secundaria para estudiar Letras en la facultad. ¿Por qué querés hacer esa carrera universitaria?
  —Me gusta mucho leer y sé que estudiar Letras probablemente me brinde herramientas más técnicas, pero también tengo la ilusión de poder comprender más técnicamente algo con lo que tengo una conexión sentimental tan grande, como es la literatura. Es por mero gusto y curiosidad.
  —¿Qué autores leés?
  —Me gusta mucho la narrativa, pero leo de todo, soy como en la música: no suelo encasillarme en un género. También es parte de la enseñanza de quien me enseñó a leer como ejercicio, que fue mi profesora de Lengua en noveno grado, que me decía “lean lo que sea, el reverso del boleto de un colectivo, un folleto, y el cerebro les va a empezar a pedir solo la lectura”. Y entonces empecé por eso, pasé a las revistas y a los libros. Y no tuve una formación literaria de colegio, sino de ir a las librerías y elegir por el arte, por la sinopsis, por la tapa, porque me recomiendan algo. Entonces leo de todo.
  —¿Pero elegís autores contemporáneos, textos históricos, escritores latinoamericanos?
  —Me gusta, a ver, leo mucho Murakami, leo Alice Munro y mucho Cortázar. Cortázar es todo un personaje, a Murakami no lo escuché mucho en un reportaje ni me interesa, pero a Cortázar me gusta escucharlo hablar, su imagen, sus formas, su humildad, la sencillez en medio de tanta intelectualidad, pareciera que hubiese nacido sabiendo, y sin embargo habla como un tipo de un bar, un poco como Alejandro Dolina, que también leo mucho. Un tipo muy intelectual, que al mismo tiempo se sabe todas las líneas de colectivo de Buenos Aires, que demuestra que si todos tuviéramos acceso a ese nivel de intelectualidad nos convertiría seguramente en personas más felices.
  —Sos disciplinado para rendir al máximo como artista, ¿qué placeres elegís, que se puedan contar, más allá de la música?
  —No tiene un orden tan profesional, el hecho de que me cuide no tiene que ver todo con brindar todo bien en un escenario, sino que, vos, por ejemplo, no vas un domingo al parque con tu hija sólo porque querés que tenga un buen concepto tuyo, vas porque amás hacerlo, bueno, entonces, pasa un poco eso. Yo, en una cena, tranquilo, me tomo un vino con muchísimo placer, me gustaría poder introducirme en un conocimiento un poco más profundo del vino, porque soy una persona bastante romántica con las cosas que me gustan y me gusta profundizar porque disfruto del misticismo de las cosas, me pasa con el vino, con la buena comida, y fundamentalmente con la conversación, sí, me gusta, me interesa mucho.
  —¿Y también con un fan que te pide una selfie por la calle?
  —Ahí no suelo conversar porque estoy de paso hacia otro lugar, pero conversar con un taxista durante todo un trayecto me parece súper interesante.
  —¿Al ser una figura pública te sentís en la obligación de ponerte alguna camiseta política, partidaria o ideológica?
  —No, porque mi forma de incluirme políticamente es mi papel social, como parte de una sociedad, no como referente. Creo que todos hacemos política constantemente. Mi forma, si se quiere, es de bajo perfil. Yo doy mi voto con una inclinación política determinada que es mía y no elijo hacer bandera de eso a través de mi música. Y luego me interesa mucho mi participación social, yo hago muchas más cosas a beneficio de las que se saben, porque no me interesa que se sepan, es más importante el gesto. Esa es mi forma de sentirme parte de la política de un país, y no una cuestión partidaria.

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