Sábado 20 de Febrero de 2010
Hace poco tiempo tuve la oportunidad de conocer al doctor Angel Fernando Girardi, quien me distinguió regalándome su obra "Abarcar la vida" y me posibilitó en el encuentro dialogar con una persona activa, creativa y alegre, que conoció la orfandad a edad temprana, se crió en el campo, luchó y trabajó con amor, estudió, formó una hermosa familia y fue el que me inspiró estas palabras. Al doctor Girardi deseo expresarle lo grato que ha sido para mí la lectura de su libro "Abarcar la vida", es un compendio de vida donde en cada capítulo usted abre su corazón y expresa a veces en prosa o en poesía su sentir. Un gran amor hacia el campo, su familia, sus trabajos, sus amigos, párrafos cargados de adjetivación y dedicatorias. Agradecimientos de un hombre de bien que ha sabido darle a la vida un destino perdurable y trascendente. Lo felicito por sus reflexiones en el Diario La Capital sobre "Ruidos molestos" y la última sobre "El problema de la inseguridad". En todos los puntos del artículo, especialmente los números 3, 4 y 5 están en concordancia con el proyecto barrial que le envié oportunamente (elaborado por vecinos alertas de zona norte sobre la inseguridad, aborda la inclusión social para menores en riesgo en clubes barriales y prioriza las familias en educación, trabajo y salud). Le cuento, además, que llevaré el mismo a la Defensoría del Pueblo para su evaluación y quizás podamos reunirnos con todos los actores sociales que están desvelados por los problemas sin solucionar. Me atrevo a enunciarle que sus conclusiones en el libro, en la página 36 sobre Las sociedades y el sector agropecuario, la baja de la producción y las protestas sociales nos retrotraen a 100 años atrás (1910); quizás ha llegado el momento de "recolonizar" la provincia y aprovechar tanto piquete fuerte para trabajar el campo. Como usted expresa, los discursos se reiteran y las acciones no se concretan; la desesperanza, la carencia de nuevas expectativas y la no creatividad de nuestros dirigentes nos tienen atrapados. Me despido con esperanza diciéndole: "El pensamiento es un pájaro de aire libre, si lo metemos en una jaula de palabras podrá estirar sus alas pero nunca volar". Sigamos soñando con una sociedad nueva.
Lidia Beatriz Caldini
DNI 4.781.798