A Víctor José Vesco
Querido amigo: con motivo de cumplirse el 14 de abril un nuevo año de tu nacimiento, quiero decirte que como todos los años realizaremos la cena con tu silla en la cabecera. Sabemos qué feliz te sentías al compartir la mesa con un gran número de amigos, esos que entran cuando los demás se van.

Domingo 12 de Abril de 2009

Querido amigo: con motivo de cumplirse el 14 de abril un nuevo año de tu nacimiento, quiero decirte que como todos los años realizaremos la cena con tu silla en la cabecera. Sabemos qué feliz te sentías al compartir la mesa con un gran número de amigos, esos que entran cuando los demás se van. Esos que siempre consideraste como el mayor patrimonio que puede reunir el ser humano, por su vinculación con el afecto. Es verdad aquello de que la fatalidad biológica jamás toma en cuenta cuán grande puede ser el elegido para conducirlo hacia el misterio. Te elegí a vos, un modelo a imitar como hombre de bien, como padre, esposo, profesional y como inigualable dirigente. Tu capacidad para hacer una flor con el alambre, brindó a los centralistas grandes alegrías con la obtención de todos los campeonatos que hoy tanto nos enorgullecen. Tomaste en tus manos la conducción de Rosario Central cuando era poco más que un club de barrio y lo llevaste a un alto sitial en Argentina y Sudamérica, no sólo por los éxitos deportivos, sino también por el patrimonio que puede considerarse como el mayor de todos los clubes de la AFA. Todos sabemos querido Víctor que los 31 años de tu vida dedicados a Central fueron con un amor sin techo y que si tuvieras otra vida no vacilarías en dedicársela también. Por esto quiero decirte que los éxitos que perduran en el tiempo no permiten la muerte de su autor, siempre serás la parte más importante de la historia del club. Fuiste un gigante que dio vida a otro gigante, de cuyas cuatro tribunas corearan tu nombre, porque la familia centralista con gratitud reservará en la memoria del corazón un privilegiado lugar para albergar tu presencia, hasta el próximo encuentro en el más allá. En tantos años de amistad supiste enseñarme el secreto de tus éxitos, logrados con capacidad, dedicación y decencia. No obstante, tu vasta sabiduría no fue suficiente para explicarme cuánta tristeza y dolor es capaz de soportar el alma. Hasta siempre querido amigo.

Héctor Gilmar Razuk