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A un mes de la tormenta, hay un barrio que todavía espera ayuda

Habitantes de El Mangrullo advierten que la última crecida del arroyo Saladillo dejó a sus viviendas en riesgo de derrumbe.

Martes 22 de Enero de 2013

Pese a la tormenta, María Zárate estaba tratando de conciliar el sueño cuando de repente escuchó un ruido. Una de las piezas de la humilde vivienda familiar de pasaje Swift, en el barrio El Mangrullo, se había desplomado sobre el arroyo Saladillo que, con más de un metro de agua, cargó con fuerza sobre la barranca. No fue la única afectada, a sus vecinos el agua les llevó el patio. Y las casas de otras dos familias también temblaron y se llenaron de grietas. Eso fue hace ya un mes y todavía están esperando alguna ayuda para apuntalar y arreglar sus viviendas.

El concejal del Partido Socialista Auténtico (PSA), Alberto Cortés, se hizo cargo del reclamo de los vecinos y, mediante una nota a la Intendencia, pidió ayer que "resuelvan urgentemente la situación por el alto grado de peligro que representa para los vecinos, a los que se les puede derrumbar su casa".

Emplazado en la zona sur de la ciudad, El Mangrullo es un barrio en el que viven pescadores y trabajadores portuarios.

El pasaje Swift se abre en medio de esta geografía de casas humildes y puestitos de venta de pescado y carnadas. Allí, con el Saladillo limitando los fondos, armaron sus casas unas diez familias, algunas hace más de 20 años.

"Nosotros armamos esta casa, ladrillo por ladrillo, cuando nació mi hijo que ya cumplió 26 años —explican Leoncia Massi y su esposo—. Y ahora, cada vez que hay una tormenta, tenemos miedo de que todo se venga abajo".

Otro escenario. Para la pareja, las crecidas del Saladillo no son nuevas, pero sí el socavón que sufrieron los terrenos de sus casas tras la tormenta de fines de diciembre pasado.

"El problema es que canalizaron el arroyo más arriba y ahora el agua baja con mucha fuerza", advierten.

Desde los 8 años, Leoncia trabaja como pescadora. Dice que conoce muy bien el río Paraná, pero que con la última lluvia "el agua tenía una potencia que daba miedo" y que ya no puede dormir con calma cuando mira al cielo y "ve que el tiempo se pone malo".

Después del temporal, por las casas de Zárate y Massi ya pasaron funcionarios de Defensa Civil, de la dirección de Hidráulica del municipio y del Centro Municipal de Distrito Sur.

"Sin embargo, todos hacen lo mismo: vienen, miran y se van. No nos han traído ni una bolsa de portland", se quejan.

Grietas. Carlos Vento es el hijo de Leoncia. Junto a su mujer, Noemí, y sus dos chiquitos de tres años y cinco meses viven pegados a la casa de sus padres. Una construcción de ladrillos y techo de chapas con dos ambientes que exhibe por todas partes las grietas dejadas por el hundimiento del terreno. En el baño y el dormitorio, que quedaron casi sobre la barranca, las fisuras directamente dejan entrever el sol del mediodía.

Noemí se queja. "Hace un mes que estamos pidiendo ayuda y nadie nos da una mano. ¿Qué están esperando, que venga otra tormenta y se nos caiga la casa? ¿Y si eso pasa, qué van a hacer?", pregunta, mientras —como todos sus vecinos— espera que llegue una respuesta.

Por su parte, Cortés recordó que horas después de la tormenta, y a través de un ingeniero de Defensa Civil que se encontraba en el lugar, había alertado que "la solución provisoria para los vecinos de El Mangrullo era el apuntalamiento de las viviendas para evitar una catástrofe en caso de nuevas perturbaciones, como lluvias importantes o vibraciones".

En ese sentido, el edil del PSA también enfatizó que la respuesta oficial a su demanda "nunca se materializó".

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