Viernes 13 de Julio de 2012
Repasando la historia ya sea lejana, ya sea cercana, hemos tomado conocimiento que las contiendas bélicas han tenido reglas de juego que no pasan de ninguna manera como simples simulacros de guerra o el típico juego de niños con soldaditos de plomo. No, de ninguna manera hay guerras con reglas de juego claras, es decir convenidas de antemano. Es muy lamentable pensar que la codicia de personajes mesiánicos, aliados con Mefistófeles, pueda llegar a semejante determinación. Sí, el fin no justifica los medios. Todo vale. No interesa el exterminio, el despojo; la carencia de escrúpulos para concretar los propósitos de los cuales aquellos están animados.
En el gran país del Norte, oh paradoja, su Constitución establece como condición sine qua non, que el presidente de la Nación debe responder a la creencia religiosa protestante. Horas después del atentado a las Torres Gemelas, por radio se retransmite un agresivo y amenazante discurso del entonces primer mandatario, quien cita una parte del Salmo 23 del Nuevo Testamento: "Aunque ande en valle sombra de muerte, no temeré mal alguno porque tú estarás conmigo". ¿Se entiende eso de llevar debajo de un brazo el libro sagrado, y del otro un misil? No, no se puede servir a dos señores. Qué notable, y esto no implica asumir la defensa de la filosofía alemana nazi a cargo de un paradigma del odio enquistado en su piel. Siguen los ejemplos: Primera y Segunda Guerras Mundiales, Vietnam (uso de lanzallamas y bombas de napalm), Kuwait, Irak, Afganistán, Libia, ex Yugoslavia, cruentas disputas entre israelíes y palestinos. Un espacio en particular para Hiroshima y Nagasaki. En suma, nunca dejemos de mirar el otro lado de las cosas. Con esencias diferentes, en nuestro país se ha instalado una escalofriante modalidad con nefastos resultados para una sociedad que bajo ningún punto de vista merece vivir semejante azote. En plena democracia y con métodos violentos, las estadísticas dan cuenta de una cifra alarmante de personas, particularmente jóvenes que han perecido y lo hacen hoy, víctimas de energúmenos que no merecen convivir con la gente de bien. ¿Se puede trazar un paralelo con una incompresible guerra no pulcra? Un nada aggiornado código penal los protege sobremanera. ¿Entonces? Se corresponde con dicho accionar a través de medidas heroicas. A la policía no se le puede pedir más de lo que pueden hacer, basta de construir cárceles, ¿para qué? A quien concierna, derechos humanos incluido, basta de mirar para otro lado. Contra los violentos, medidas drásticas ya.
Oscar H. Rodríguez.
DNI. 6.004.403