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A solamente un paso de la gloria, el gran genio tiene que aparecer

Messi tuvo una floja actuación frente a Holanda. Argentina clasificó con su estrella en bajo nivel y ahora necesita del mejor jugador del mundo para vencer a Alemania.

Viernes 11 de Julio de 2014

Desde Río de Janeiro / Enviado especial de Ovación.- “Me tocó el doping y no puedo estar viviendo este momento en el vestuario. ¡Me siento orgulloso de ser parte de este plantel!! ¡Qué fenómenos son todos, qué partido hicieron, qué locura!!! ¡Estamos en la final!!! Disfrutemos... Nos queda un pasito más... Abrazo grande a toda la Argentina y un recuerdo muy especial para Jorge Topo López, esta victoria va especialmente también por vos, amigo. Un abrazo muy grande a la familia, mucho ánimo”.

Leo Messi se expresó a través de Facebook tras el pase a la final del Mundial. Esta vez, sus palabras fueron mucho más elocuentes que su juego. Leo no tuvo un buen partido, más bien todo lo contrario. Y ahí también puede otorgársele valor agregado al triunfo. Con su estrella en muy bajo nivel, Argentina pudo conseguir igual la clasificación frente a un rival poderosísimo al que maniató durante gran parte del desarrollo.

Pero aquí no se trata de analizar, una vez más, la actuación del conjunto. Esa es una materia que Argentina preparó muy bien en los últimos dos compromisos y los aprobó.

Como ya quedó escrito, o al menos ese fue el intento, los dos mejores partidos fueron los más importantes: ante Bélgica y Holanda.

“Qué partido hicieron”, escribió Leo excluyéndose, quizás involuntariamente. La verdad es que en los 120’ estuvo desconectado, fuera de sintonía, con poca predisposición para buscar la pelota. Es posible que el cambio de esquema lo haya aislado, pero él tiene la capacidad suficiente y más para hacerse participativo y hasta conductor, como sucedió en varios pasajes de cuartos de final. El miércoles no fue reemplazado porque no figura esa opción en la cabeza del DT y porque es quien es. Sacar a semejante futbolista en la semifinal de un Mundial con el partido igualado y parejo es casi temerario. No se puede.

Cuando Sabella decidió los ingresos de Palacio y Agüero, a los 80’, a nadie se le ocurrió, por supuesto, que saldría Messi, pero los reemplazados, Enzo Pérez e Higuaín, habían jugado mucho mejor que él. Notoriamente mejor. Quedó la sensación de que Leo apostó durante todo el partido a una jugada. Una aspiración verdaderamente intrascendente y absolutamente inusual para el mejor jugador del mundo.

En el alargue, por ejemplo, no participó del juego salvo en tres o cuatro ocasiones. En una de ellas, sobre el final, mostró una cuota de su genio ingresando por derecha y asistiendo a Maxi, que no le pudo entrar bien y la pelota terminó en las manos del arquero.

El dato positivo, se insiste, es que la selección igual consiguió el objetivo. Es una muestra clara de maduración en un momento crucial del torneo. La cuota negativa aparece si se intenta proyectar la final con un Messi tan bajo como el miércoles. Ahí entonces, el partido será mucho más complicado de lo que es.

Su actuación, hasta aquí, fue de más a menos, aunque frente a Bélgica mostró una saludable cuota de sacrificio que al final terminó erigiéndolo en uno de los puntales del triunfo, pero lo cierto es que sus apariciones rutilantes y obviamente determinantes de la fase de grupos no se repitieron ni en octavos ni en cuartos ni el miércoles.

Afortunadamente, Leo ya dio innumerables muestras de superación y se supone que la final del Mundial es el alimento anímico más vigoroso que puede tener. Argentina mejoró como equipo, se consolidó, está bastante más compensado, pero necesita de su capitán para ser campeón del mundo. Y él lo sabe mejor que nadie.

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