A quién le importa
Eso me pregunto una y otra vez: ¿a quién le importa lo vivido, lo perdido, lo añorado, más que al que ya no lo tiene? Pensar que mi casa ya no es lo que era, sino algo desconocido para mí porque ya no existe...

Miércoles 06 de Noviembre de 2013

Eso me pregunto una y otra vez: ¿a quién le importa lo vivido, lo perdido, lo añorado, más que al que ya no lo tiene? Pensar que mi casa ya no es lo que era, sino algo desconocido para mí porque ya no existe, sólo es un cúmulo de escombros, un terreno. El sólo pensarlo me da tristeza. El sólo hecho de recordar que mi infancia quedó allí, entre recuerdos perdidos y rotos, me pone triste. El hecho de recordar que allí dio sus primeros pasos mi hija y que es el mismo pasillo por el cual yo caminé de niña me da aún más pena. ¿A quién le importa? Que la casa que de a poco fuimos mejorando con gran esfuerzo hoy ya no esté. ¿A quién le importa? Que los tres departamentos de pasillo de Salta 2127 sean la nada misma. ¿A quién le importa? Lo que será de nuestras vidas, de nuestros recuerdos, de nuestras casas. ¿Tendremos casa? ¿Quién se hará cargo de ella? ¿Será que como ciudadanos, trabajadores de honra y honor, con hijos a quienes darles una buena educación, salud, valores y hasta una pequeña herencia como es la casa propia seremos escuchados? ¿A quién le importa? Hoy tengo mucha incertidumbre, quisiera que nuestros derechos fueran respetados. Quisiera que los impuestos que pagamos y de los cuales algunos son coparticipables (provincia, Nación) fueran tan importantes como la reconstrucción de nuestras casas. Quisiera que con la misma vara que al usuario se le exige pagar a término un servicio porque de lo contrario se lo cortan, hoy se haga justicia a fecha determinada. Quisiera certezas y no dudas. Quisiera tantas cosas. Habría querido que la irresponsabilidad, la impericia, la negligencia, nunca hubieran llegado a la llamada Zona Cero, que no sólo es el 2141. Nosotros también existimos y somos Salta 2127: los tres departamentos de pasillo. Porque hoy ya seremos los mismos, no sólo por las pérdidas de ese vecino que ya no será médico, abogado, comerciante, abuelo, hijo, nieto, sino porque la pérdida de nuestras casas produjo en nuestras familias un desarraigo por el cual tomamos caminos distintos. Algunos, con ayuda de otros vecinos, tratamos de que a nuestros hijos el haber salido de sus casas sin poder volver a ellas no los afecte tanto y buscamos volver al barrio. ¿A quién le importa? Es una buena pregunta. Como respuesta se me ocurren unas cuantas, aunque la correcta sería decir: "Al laburante como yo", al amigo que el día de la explosión me acompañó, a los directivos y maestros del Normal Nº 2 en sus distintos niveles, que se preocuparon desde el primer momento por el estado general de nuestra familia; a la seño Tamara de la salita de 5 años, a quien le encargué velar por mi hija ante el temor de que la pérdida de su casa y su mundo de juguetes pudiera afectarla en su vida y desarrollo en el jardín. También le importa a nuestras familias, eso es esperado y, como decían mis abuelos, en la cancha se ven los pingos. A una amiga de mi suegra y sus hijos, a la dentista de mi hija, su secretaria y hasta su mamá. A amigos ausentes que se hicieron presentes, como a aquellos que ante esta desgracia se pusieron en contacto con el solo propósito de darnos una mano, como Miguel, Carlos, Daniel. □A las personas de la Zona Cero (para mí una denominación fea), a los negocios del barrio, que hacen descuentos o no quieren cobrar pese a que ellos viven del comercio. A los compañeros de trabajo de mi marido, a los vecinos de zona sur donde me crié y a muchos más conocidos y desconocidos. Pero a las autoridades, ¿les importamos? ¿A cuáles? ¿A la Nación, la provincia o el municipio? Algunas respuestas hubo: subsidios para alquilar y amoblar. Para no abandonarnos, créditos. □¿A quién le importa? ¿A quién le importa la paz que perdimos, la forma de vida elegida que ya no tenemos y los proyectos truncados. ¿A quién le importa? □Espero que no sólo le importe al laburante como yo, al vecino, al maestro, a los papás de los pequeños del jardín, que fueron un arco iris en mi tormenta, al compañero de trabajo y hasta a un desconocido. Espero que les importe a nuestros representantes, ya que de su obrar dependerá un mejor presente y futuro para nuestros hijos y futuras generaciones. Gracias a todos los que, conocidos o no, nos dieron una mano.

Karina y Pablo Rocca, damnificados por la explosión de Salta al 2100, donde perdieron su casa