A propósito del Che (III)
El licenciado Antonio Jesús Líbrici, en su carta del pasado domingo "A propósito del Che", presenta un muy bien documentado relato estadístico de lo ocurrido en Cuba y de las actividades del Che. Hasta la mitad del escrito todo marcha bien, según mi punto de vista, pero de ahí en más la cosa se desmadra.

Sábado 20 de Febrero de 2010

El licenciado Antonio Jesús Líbrici, en su carta del pasado domingo "A propósito del Che", presenta un muy bien documentado relato estadístico de lo ocurrido en Cuba y de las actividades del Che. Hasta la mitad del escrito todo marcha bien, según mi punto de vista, pero de ahí en más la cosa se desmadra. Me resulta discutible eso de que "El comunismo se basa en el odio". Por otra parte, lo que me resulta indiscutible es el odio sanguinario de su muy católico general Francisco Franco, que como el Che, se dedicó a asesinar a todo aquel que no pensara como él. Los dos fueron idealistas: uno propuso la matanza de todos los de derecha, el otro la de todos los de izquierda. La única diferencia entre el Che y el Generalísimo estriba en que este último contó, y cuenta, con el apoyo irrestricto de la Cúpula Eclesiástica de España. Quisiera que el Licenciado me explicara eso de que "el cristianismo (se basa) en el amor al prójimo". Podría también instruirme en las numerosas guerras religiosas en las cuales han participado los cristianos. Por ejemplo, "La matanza de los Cátaros" en la cual fueron exterminados, por orden papal, unos 30.000 hombres, mujeres y niños. Por falta de espacio lo eximo me pase la lista de las manifestaciones de "Amor al prójimo" de los Santos Inquisidores. En base a firmes principios éticos, y no religiosos, estoy en contra de las matanzas, porque el resultado de toda matanza es otra matanza, venga de la derecha, la izquierda, de arriba, de abajo, de atrás o del frente. Tan simple como eso (ver, la así llamada Guerra Sucia). Este peloteo estúpido del "vos me matás, yo te mato", no tiene fin y no conduce a nada más que a generar estériles odios difíciles de erradicar. Resulta más que sorprendente, preocupante, que el hombre después de su tránsito a través de tan dilatada historia, no haya podido observar que jamás ningún conflicto o problema humano fuera resuelto por medio de matanzas.

Cristián Hernández Larguía,

LE 3.687.935