Miércoles 25 de Marzo de 2015
En su edición del sábado 14 de marzo, tuve la inmensa dicha de leer una carta de lectores firmada por cuatro ex alumnas del Colegio Adoratrices, Susana Dagnino, María del Rosario Delgado, Cristina Schmidt y Jorgelina Mazzoleni. Terminé de leerla envuelta en lágrimas. Quizá mi avanzada edad (el 15 de abril cumplo 95 años) me ha sensibilizado un poco pero debo reconocer que habría que ser de amianto para no emocionarse con semejante carta. En esta etapa de mi vida, cuando el final, por una simple cuestión biológica, está muy cerca, que mujeres maduras como ustedes se acuerden tan bien de esta profesora de gramática y castellano sabe a gloria. Porque, cuando se está en el ocaso, lo que realmente vale, lo único que importa, son los afectos, los gratos recuerdos. ¡Y qué mejor regalo para una vieja profesora que el recuerdo sincero y afectuoso de sus alumnas! Créanme, queridas alumnas, que para el docente nada gratifica más que con el paso del tiempo quienes estuvieron en su aula aún lo tengan en la memoria por todo lo bueno que intentó transmitirles delante del pizarrón. Su carta, queridas alumnas, me hizo un bien extraordinario. Su recuerdo me hizo ver que mi paso por la enseñanza no fue en vano, que mis treinta años de docencia en el querido Adoratrices tuvieron un sentido. Créanme, queridas alumnas, que su carta me produjo un placer espiritual incomparable. Por eso, sólo me queda agradecerles desde lo más profundo de mi corazón. Que Dios las bendiga.
Leda Rinaldi de Kruse