A mí también me irrita el macaneo
El señor Mario Bunge en su carta del martes último, titulada "El macaneo me irrita", responde a una anterior de mi autoría, denominada "¿Qué le ocurre a Mario Bunge?".

Domingo 13 de Junio de 2010

El señor Mario Bunge en su carta del martes último, titulada "El macaneo me irrita", responde a una anterior de mi autoría, denominada "¿Qué le ocurre a Mario Bunge?". El pretende invalidar mi hipótesis de que sus críticas al psicoanálisis son más personales que epistemológicas. Para ese fin argumenta que "en las ciencias se critican ideas, no personas". Pero es justamente Bunge el que menos cumple esa regla. Aprovecha casi todas las oportunidades mediáticas que se le presentan para criticar despiadadamente al psicoanálisis y a los psicoanalistas. Nos trata de "macaneadores", o como si sólo nos importase "el negocio" que haríamos a expensas de nuestros pacientes, o diciendo que somos "licenciados en psicolabia", y de muchas otras despectivas formas. Pero no todas son diferencias con Mario Bunge, en algo coincidimos, a mi también "el macaneo me irrita", por eso respondí y responderé las injustas e infundadas agresiones recibidas de su parte. Además, sigo sosteniendo que existe en él una férrea compulsión subjetiva a combatir al psicoanálisis, si no fuese así, debería cumplir con la racional premisa que enunció, dado que él es un destacado filósofo científico. Pero si permanece en su habitual postura irracional y destructiva frente al psicoanálisis, proseguirá concediéndonos el derecho a conjeturar sobre lo que le ocurre.

Mucha gente piensa que alguien muy prestigioso como Mario Bunge, con una gran trayectoria académica, y que ha realizado una prolífica obra científica, al opinar sobre cualquier tema, goza de una especie de infalibilidad. Sin embargo, esto no es así. Cuando Mario Bunge habla o escribe sobre psicoanálisis, lo suele asaltar una gozosa atmósfera interior de aversión; actuaría un repertorio pulsional que lo impulsa al combate. Es bastante evidente como se transforma al opinar sobre ese tema, incluso los cronistas que lo entrevistan suelen dar cuenta de esa alteración que se produce en él. Esto también se puede constatar en los videos que lo registran. El verbaliza y gesticula su agresión oscilando entre la ironía y el sarcasmo, al tiempo que exacerba su estilo confrontativo, intolerante y descalificador; pareciera que pretende mágicamente abolir el objeto supremo de su odio: el psicoanálisis y sus representantes. Lo tragicómico de esta situación es que prácticamente la única disciplina capaz de dar cuenta de esa escisión benigna de su personalidad, y de sus causas, es precisamente el psicoanálisis, aunque sólo si se prestase al juego terapéutico. Mario Bunge, al igual que muchos otros cientificistas, pretenderían transformar el "arte de curar" las dolencias psíquicas en una ecuación científica aplicable a todos por igual; pretenderían sustituir las vivencias de cada sujeto singular por una homogénea manipulación química y cerebral. Quiero decirle que no señor Bunge, que afortunadamente por estas tierras muchos no comparten el "mundo feliz" que ya se arraigó con más fuerza en los países del primer mundo. Aquí todavía tenemos chance de evitarlo y lo vamos a intentar.

Jorge Ballario

(Marcos Juárez, Cba.))

jballario@coyspu.com.ar