A los anónimos bomberos
Siempre me pasa que con el paso de una autobomba, con su sirena, siento como que me apuñalan el corazón, porque me suena como un grito de dolor de los que esperan su llegada.

Miércoles 14 de Agosto de 2013

Siempre me pasa que con el paso de una autobomba, con su sirena, siento como que me apuñalan el corazón, porque me suena como un grito de dolor de los que esperan su llegada. Y verlos pasar sentados en la cabina del camión, mirando por las ventanillas, con esa mirada casi ausente, mirando sin ver hacia la nada esperando su destino, me da esa imagen de supuesta debilidad. Cuán distinto cuando llegan a una calle cualquiera, donde quizás hayan pasado muchas veces, o no, pero ahora es su objetivo. Allí son titanes de carne y hueso, con más o menos recursos, pero todos con el mismo espíritu de cuerpo, de hermanos entre ellos en pos de una tarea. Entrar al lugar del siniestro, vaya paradoja, de donde todos salen para salvarse, a donde ellos entran para salvar. Estoy muy emocionado escribiendo esto, o mejor dicho sacando de dentro de mí esto que siento, es una forma de ayudar en esta tragedia de mi ciudad, al menos dándole fuerza a ellos, a la policía, médicos, socorristas, todos están en lo mismo: dar, dar y más dar. Es lo único que me consuela en medio de tanta muerte y destrucción. Saber que Dios, en lo que no puede evitar, manda su mano a tocar el corazón de gente como esta. Gracias, debería tener todas las letras del abecedario y no alcanzaría para retribuirles. Con todo mi respeto.

José Cruz Morante