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A los 91 años deja todo para apostar a un sueño

Durante décadas, cada mañana y cada tarde de sus días, Dora Ferrari de Quinteros, de 91 años, caminó las cuadras que separan su casa de Perlei, la marroquinería de la que es dueña en...

Viernes 28 de Febrero de 2014

Durante décadas, cada mañana y cada tarde de sus días, Dora Ferrari de Quinteros, de 91 años, caminó las cuadras que separan su casa de Perlei, la marroquinería de la que es dueña en Galería Rosario y que hasta ahora vino atendiendo sin ayuda de nadie. Ella misma se encargó siempre de todo: sabe de memoria cada artículo y precio, cobra, maneja el posnet y la contabilidad, arma la vidriera, detecta al instante un billete falso y ni siquiera se achica ante las mecheras. El comercio ha sido su vida, pero hoy quiere dedicarse a otras cosas y por eso hoy cerrará definitivamente las puertas del local, dispuesta, ahora sí, a aceptar esta "segunda jubilación". Pero no para quedarse hasta tarde en la cama o para ver televisión, sino para hacer música y teatro. Es un "cuete". No para. ¿Su secreto para vivir tantos años? "Todos los días comida chatarra y una copita de vino", la deschava su hija Ida. Parece que es también clave el humor. Burlándose de sí, la propia Dora le dicta a LaCapital : "Poné «ahora busca novio»".

"Yo asumo a la vejez como parte de la vida y, la verdad, Dios me está premiando", dice la mujer mientras se jacta de una agilidad física y mental que le ha permitido ser dueña y señora de su casa y su local, sin ayuda de nadie. Ni para hacer las compras.

Un día antes de que Perlei se despida para siempre, este diario fue a hacer de testigo y las dos hijas de Dora, Ida y Marta, también participaron de esta especie de homenaje.

Lo del cierre definitivo es un decir, porque en la familia todavía quedan escépticos que desconfían de la anunciada decisión de la mujer, abuela de cinco nietos y bisabuela de cuatro.

Dora nació en Pérez, pero crió a su hijas junto al marido, ya fallecido, en Roldán. En esa ciudad trabajó desde "muy jovencita" y abrió su primer negocio, Multicosas, boutique donde vendió "menos forros, de todo": hasta un auto.

Cuando su esposo se enfermó, en el 81, vino a Rosario y se puso en busca de un nuevo local céntrico. No fue fácil, pero al fin encontró uno en Galería Rosario. Allí abrió Perlei, el local donde hace 33 años comercializa unos artículos de marroquinería que antes se llamaban CH y hoy llevan Las Taguas como marca, una empresa de su propia familia.

No siempre trabajó en soledad. "Supe tener empleadas, siempre anotadas", dice Dora, hasta que hace unos 20 años apostó por la "independencia total" y se quedó sola al frente del negocio.

¿Anécdotas? En tantos años, de sobra. Una de terror: la única vez que la asaltaron con un arma. Otra de osadía: la vez que un tipo le robó una chaqueta de cuero y ella lo corrió. "Con un zapato le pegué un tacazo en la cabeza y recuperé el saco", alardeó. El mejor recuerdo: "El amor que la gente me da... que todos pasen a darme un beso... que me digan «No te vayas»".

—¿Cierra porque su familia la presiona por la edad?

—No, al contrario, me dicen que voy a caminar por las paredes.

—Entonces, ¿por qué se va?

—Porque ahora quiero dedicarme a lo que amé siempre: la música y el teatro; a caminar todos los días cerca del río; a aprovechar la naturaleza; a hacer las cosas que me quedaron pendientes.

Parece que le quedaron varias, tan voraz es su deseo. Quiere volver a tocar el piano, retornar a un escenario. Ya hizo todas esas cosas (cantó, bailo y actuó en la radio y en un teatro), pero es hora, siente, de volver a intentarlo.

Tiene razón, Dora. A sus 91 años, alguien la está premiando. Si no es Dios, será ella misma, y el regalo es su amor por la vida.

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