A la memoria de un grande
Los hombres de trayectoria en la administración pública tienen la posibilidad de ser evaluados no sólo por la gestión que hayan desempeñado sino también por la eficacia y eficiencia de los resultados.

Sábado 10 de Septiembre de 2011

Los hombres de trayectoria en la administración pública tienen la posibilidad de ser evaluados no sólo por la gestión que hayan desempeñado sino también por la eficacia y eficiencia de los resultados. Para algunos resultarán ejemplos de vida, para otros, paradigmas en la historia de un país. Cumplió funciones del organismo de Correos y Telecomunicaciones reconocido por la Unión Postal Internacional para optimizar el funcionamiento de estos servicios en gran parte de Latinoamérica. Funciones administrativa, imprescindibles por los tiempos que corrían, pero que en la actualidad son ampliamente superados por la tecnología cada vez más compleja e integral. La evolución en los sistemas de comunicación permite establecer diferentes variables que en algunos aspectos reemplazan al hombre en cuanto al producto, pero la trascendencia humana no es posible determinar, aunque su alcance sea más efectivo a nivel mundial. No es preciso comparar, por tratarse de un organismo que ya es parte del capital de un país y que históricamente constituyó una herramienta fundamental para el desarrollo de los pueblos. Son situaciones insoslayables que necesariamente van cambiando con el avance de la revolución tecnológica. Pero ello no invalida el recrear la memoria de lo que fue y que constituyó un cimiento de lo que es. Se destacó, no sólo como funcionario público, sino por su hombría de bien, valor incondicional para quien ejerce cualquier actividad relacionada con las personas. En este caso trascendió las fronteras, por lo que se hizo acreedor de numerosas menciones honoríficas. Un hombre de profundos conocimientos, altruista, innato, que supo dejar un camino a recorrer impregnado de valores éticos, poseedor de un don tan particular del que pocos resultan favorecidos cual es lograr respuestas espontáneas, más para el hombre que para el ente que se representa. Dueño de una calidez excepcional, amigo leal, buen padre y mejor esposo. Repito palabras de un amigo: “adjetivos no fáciles de asignar con justicia en nuestros días”. Logró comunicar con generoso afecto sus conocimientos, que muchos hoy devuelven en destacadas actitudes y unos pocos olvidan. Es una sentida evocación al hombre de gran riqueza espiritual, de admirable sensibilidad y señorío. Se fue hace un año, con el humor intacto e inquebrantable, que tanto se extraña. A mi querido esposo, Ismael I. Bruno.

Clara Porta de Bruno