Viernes 30 de Noviembre de 2012
Santa Fe.— Nicolás Andrés Borra tiene 32 años y es analista en sistemas. Hasta el 27 de octubre pasado, vivía en la casa de sus padres y trabajaba en el Mercado de Valores de Santa Fe, pero ahora está detenido. El viernes pasado, el juez de Instrucción Penal Nº 6 lo procesó como autor de los delitos de promoción de la corrupción de menores de 18 años (en tres hechos) y agravada por ser una de las víctimas menor de 13 años, corrupción de menores de 18 años agravadas por el engaño y el uso de amenazas en forma reiteradas (en dos hechos) y distribución de imágenes pornográficas con exhibición de menores de 18 años.
Borra extorsionaba a las adolescentes con una metodología que se dilucidó tras más de seis meses de investigación. Hasta el momento, en el expediente aparecen siete víctimas, pero el procesamiento podría ampliarse cuando se logre identificar quiénes son las chicas que aparecen en más material encontrado en la computadora del acusado.
Si bien la mayoría de ellas son de la ciudad de Santa Fe, también hay una víctima de Capital Federal —que debió cambiar de colegio y hasta su aspecto físico porque el acusado hizo públicos entre sus compañeros de escuela los videos capturados— y una adolescente de Córdoba. Las primeras denuncias fueron formuladas a principios de 2011 y el rango de edad de las víctimas es de entre 12 y 16 años.
Perversidad. Tras un análisis del material probatorio de la causa, surgió un patrón en la conducta del acusado para generar un vínculo con sus víctimas. Con cuentas de correo electrónico y perfiles de Facebook falsos, las contactaba y lo primero que les preguntaba era la edad. Luego se presentaba como de la misma edad o levemente mayor y comenzaba conversaciones sobre problemáticas típicas de chicos y adolescentes: desde conflictos con los padres hasta interrogantes sobre el despertar sexual.
Borra desplegaba contactos diarios y progresivamente iniciaba conversaciones de contenido sexual. El requisito excluyente era que las víctimas tuvieran la cámara web encendida. Una vez que las inducía a que se mostraran en poses sensuales, o que le exhibieran su ropa interior, utilizaba esas mismas capturas para extorsionarlas a que le mostraran más. Si las chicas no cumplían, les enviaba las imágenes que tenía guardadas a sus contactos. Y en más de una vez concretó la amenaza. Incluso, en algunos casos subió las fotos y videos a sitios de pornografía.
Entre los más de mil archivos de videos, las fotos e historiales de conversación que obran como pruebas en la causa, se desprende que les diseñaba a las víctimas la conducta sexual que debían adoptar.
Además de procesarlo, el juez Carraro dispuso su prisión preventiva por entender en este estado del proceso se encuentran latentes los riesgos procesales de entorpecimiento probatorio y peligro de fuga.
Informe: Diario UNO Santa Fe