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A dos años de la caída de Mubarak, Egipto sigue sin poder definir su rumbo

La puja entre islamistas y seculares se suma al reclamo de seguridad y de una mejoría económica que plantea la mayoría de la sociedad.    

Lunes 11 de Febrero de 2013

Hoy se cumplen dos años de la caída del presidente egipcio Hosni Mubarak, pero la población sigue sin ponerse de acuerdo sobre hacia donde debe caminar la revolución. Los islamistas más radicales quieren instaurar un Estado religioso. La gobernante Hermandad Musulmana, con el presidente Mohamed Mursi a la cabeza, lucha por permanecer en el poder. Y la oposición persigue un Estado secular, que sin embargo rechaza la mayoría de los votantes.

   El pueblo quiere seguridad y estabilidad, pero no quiere oír hablar de la policía, ante los dolorosos recuerdos del aparato del régimen de Mubarak. La gente quiere también una vida mejor, pero no hay dinero para reconstruir el país, y la incertidumbre política impide que se consigan avances. Ante esta situación, la rabia de los habitantes del país árabe más poblado se desata cada poco tiempo. El resultado: disturbios y muertos, pero ningún plan. Tras cada ola de protestas, todo sigue como antes...hasta la siguiente explosión.

   Los grupos opositores han vuelto a convocar grandes manifestaciones para hoy, con motivo del segundo aniversario del derrocamiento del “faraón” Mubarak. Reclaman la dimisión de Mursi, el primer presidente elegido democráticamente en la historia del país, y la formación de un nuevo gobierno. Las protestas volverán a discurrir por la plaza Tahrir, escenario de la revolución de 2011, así como ante el palacio presidencial.

 

Decepción. Muchos egipcios están decepcionados con Mursi, consideran que ha fracasado tanto en el área económica como en lo que a estabilidad y democracia se refiere. El país sigue funcionando como antes en muchos aspectos: siguen derrumbándose casas construidas de forma ilegal y vuelve a haber graves accidentes ferroviarios debido al mal estado de las vías. Un tipo de accidentes que a los afectados les recuerda la corrupción e indiferencia de la era Mubarak. Además, ha aumentado la criminalidad y las milicias islamistas han hecho del norte del Sinaí un lugar peligroso.

   Las críticas llegan también desde el exterior. En su último informe anual, la ONG de derechos humanos Human Rights Watch denunció que los opositores siguen siendo perseguidos con medidas como las de la era Mubarak. Hasta ahora, Mursi no aprovechó la oportunidad de mejorar los derechos civiles. Además, según Human Rights Watch, aumentaron las denuncias penales por blasfemia e injurias. Por otro lado, los abusos policiales suelen permanecer impunes y los civiles siguen siendo juzgados por tribunales militares.

Combinación peligrosa.“Es difícil saber qué es lo más peligroso”, apunta por su parte el International Crisis Group: el incremento de la violencia callejera, la incapacidad de Mursi y la Hermandad Musulmana para acercarse a otras formaciones políticas, o la actitud de la oposición, que espera a que ocurra algo que la lleve al poder y le ahorre difíciles negociaciones.

   A pesar de la situación, los egipcios siguen intentando tomarse los problemas con sentido del humor. En Internet circula un cómic en el que puede verse al presidente Mursi dando un discurso. “El viejo régimen era autocrático, dictatorial y secular”, dice Mursi en la viñeta. “Nosotros no somos seculares”, agrega después.

 

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