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A diez años del incendio, el Museo Gallardo se plantea nuevos desafíos

Ya comenzaron a ampliar la sede de San Lorenzo 1949 a través de la bioconstrucción y aspiran a sumar visitantes. La emblemática institución rosarina había perdido la mayor parte de su colección con el fuego desatado el 1º de julio de 2003.

Lunes 01 de Julio de 2013

El incendio del antiguo edificio del Palacio de Tribunales, ocurrido el 1º de julio 2003 casi lo destruyó por completo, convirtió su biblioteca con más de 15 mil ejemplares en cenizas y lo obligó a permanecer cerrado durante tres años. A una década de que el fuego arrasara con el Museo de Ciencias Naturales Angel Gallardo y parte de la Facultad de Derecho de la Universidad de Rosario (UNR), que hoy sigue ocupando esa estructura, el espacio se reinventó a partir de 2006 en el segundo piso de la sede de la Gobernación y ahora encara nuevos desafíos buscando sumar público y transformando un nuevo sector que albergará las áreas administrativas y los depósitos. La particularidad de la obra es que se realiza a través de una técnica de bioconstrucción.

"Es, nada más y nada menos, que construir con barro, a través de una técnica que no sólo es pertinente para un museo de ciencias naturales sino que resulta coherente con el mensaje que queremos transmitir", afirmó Sebastián Bosch, coordinador a cargo del Gallardo.

Como no había registros actualizados de la colección del museo al momento del incendio, e incluso actualmente se realiza una documentación certera de las piezas que forman parte de su patrimonio, Bosch prefirió no arriesgar números y sólo señaló que "el fuego destruyó gran parte de la colección" y casi nada quedó de la biblioteca y sus 15 mil ejemplares, entre los que se contaban libros, fascículos, revistas y piezas del siglo XIX".

Para el actual coordinador, que había comenzado a trabajar en el museo el mismo año en que se produjo el incendio, "cada una de las piezas perdidas fueron irrecuperables". Y no deja de reafirmar que "no hay que perder de vista lo que pasó, porque fue irracional y obligó a cerrar el espacio por tres años".

No obstante, rescató el hecho de que "todo eso obligó al museo a reinventarse y a rearmarse a partir de un concepto nuevo, que deja atrás el paradigma decimonónico que sólo exhibe la colección ordenada taxonómicamente y que busca que las piezas cuenten una historia, que haya mirada crítica que concibe al hombre como naturaleza y donde lo social también atraviesa los espacios".

Es por eso que, desde su reapertura en 2006, el museo está documentando nuevamente cada una de sus piezas. Y, en los últimos meses, sumó una colección de caracoles y de peces del llamado Paraná Medio.

La meta es que los visitantes "salgan con nuevas preguntas, más que respuestas", señaló Bosch, y apuntó también como objetivo a la necesidad de sumar visitantes.

Actualmente, unas 3.500 personas se acercan por mes al primer piso de San Lorenzo 1949, de las cuales 2.500 son alumnos de escuelas, principalmente de nivel inicial.

"La presencia de los chicos es siempre importante, pero es un público cautivo. Por eso, entre los objetivos planteados está poder aumentar el número de visitas de escuelas secundarias, porque los adolescentes son una franja a la que es más difícil llegar, y sumar visitantes particulares", detalló el coordinador, que hizo hincapié en "el número importante de familias de otras ciudades que se acercan".

Al respecto, comenzar a trabajar con nuevas tecnologías, pantallas táctiles y proyectores es una de las ideas que en el museo se proponen poner en marcha.

Cambios. Sin embargo, entre los proyectos ya comenzados está la ampliación de un nuevo sector administrativo y de depósitos para la colección.

"El objetivo es que esté terminado en octubre próximo", adelantó Bosch, y destacó que "se trata de un sistema de construcción con barro y materiales no industrializados que tienen un costo energético mínimo y una huella ecológica también mínima, y que no sólo es pertinente para un museo de ciencias naturales sino que es conceptualmente coherente con el mensaje a transmitir".

En un gran espacio del primer piso se levantan bastidores de madera que, poco a poco, se van rellenando de barro y paja y que se convierten en las paredes divisorias de los nuevos salones.

Lisandro Carreras y Lisandro Arelovich llevan adelante la construcción. "Lo importante es que se trabaja con materiales no industrializados, con el sedimento que está debajo de la tierra orgánica que tiene arcilla y sirve de cemento natural, y con fibras vegetales para lograr una técnica ecológica y no contaminante", explicó Arelovich. Y agregó: "Son paredes que respiran y logran mantener niveles de humedad de entre el 8 y el 10 por ciento todo el año".

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