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A 75 años de la noche de los cristales rotos

La represión contra los judíos ordenada por Hitler fue el preludio de lo que luego sería la "Solución Final" y el Holocausto.

Domingo 10 de Noviembre de 2013

Ya era de noche cuando Charlotte salió aquel 9 de noviembre de 1938, de la mano de su padre, a la calle en Munich. Sería una noche que nunca olvidaría: vio tiendas destrozadas, sinagogas en llamas y personas de origen judío que eran detenidas. Lo que vio pasaría a la historia como Kristallnacht, la Noche de los Cristales Rotos. La pequeña de seis años y su padre también corrían peligro. Esa noche, habían salido para buscar refugio en uno de los suburbios de la ciudad. Hoy, cuando han pasado 75 años desde aquella noche, Charlotte Knobloch, que fue presidenta del Consejo Central de los Judíos en Alemania entre 2006 y 2010, sigue sin poder olvidar el horror vivido. Aquella noche marcó el inicio de los espantosos sucesos que siguen siendo inimaginables hasta el día de hoy. Fue el comienzo de la persecución de personas de origen judío en Alemania, una persecución que nadie detuvo a tiempo y derivó en el Holocausto, en la matanza sistemática de millones de personas.

El pretexto. El disparador fue un atentado cometido el 7 de noviembre del 1938 en París: un joven judío de 17 años, Herschel Grynszpan, le disparó al diplomático alemán Ernst vom Rath. Dos días después, al morir Vom Rath, en Alemania estallaron las agresiones contra personas judías. Según el historiador Armin Fuhrer, los médicos alemanes que viajaron a París para asistir al diplomático herido -entre ellos, el cirujano personal de Hitler, Karl Brandt- optaron por no brindar todas las ayudas necesarias al herido. Para el régimen nazi, su muerte "a manos de un judío" serviría como pretexto para lanzar una fuerte agresión contra la población judía en Alemania, tal como reclamaban las filas internas del nacionalsocialismo. "Los indicios sugieren que el régimen dejó morir al diplomático. En los reportes médicos no se menciona que el herido tenía tuberculosis. Tal como se señala en un telegrama oficial de 1941, se evitó la mención de la enfermedad 'porque, si no, la relación causal entre el ataque y la muerte no hubiese estado clara", comenta el historiador. El 9 de noviembre, dos días después del ataque, el diplomático murió.

Ese mismo día la cúpula del partido nacionalsocialista se encontraba en la vieja alcaldía de Munich. Hitler y su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, estaban presentes. Conmemoraban el decimoquinto aniversario del intento de golpe perpetrado por Hitler.

Los líderes no dieron una orden directa de lanzar ataques contra judíos, pero supieron cómo arengar a quienes estaban ávidos de agredir. "Los judíos deben sentir la ira del pueblo", apuntaría Goebbels luego en su diario, donde describió las órdenes que recibieron la policía y los líderes del partido que se encontraban reunidos. "Aplauso a torrentes. Todos corrieron a los teléfonos. Ahora el pueblo actuará". La policía y las fuerzas de seguridad no harían nada por detenerlos. "Dejar que todo siga su curso", era la postura del régimen.

Los nazis aseguraron que esa noche fue la población la que descargó su rabia por el atentado. Pero los historiadores aseguran que los ataques fueron perpetrados por tropas organizadas del partido nacionalsocialista y su milicia, la SA. Nadie salió en uniforme, todos actuaron de civil. Esa noche ardieron sinagogas en toda Alemania. Miles de judíos fueron humillados, detenidos y asesinados. Unas 30.000 personas fueron deportadas luego a campos de concentración. Se destrozaron vidrieras, se saquearon tiendas.

"Los ataques también hubiesen tenido lugar sin el atentado en París", subraya el historiador Frank Bajohr, del Centro de Estudios sobre el Holocausto de Munich. Los pilares del exterminio ya estaban sentados desde 1933, asegura Bajohr, y recuerda que ya desde entonces la postura se veía fundamentada en leyes y políticas de propaganda nazi que estigmatizaban a la población de origen judío.

Vista gorda. Los ataques de aquella noche despertaron indignación en muchos sitios, pero fueron pocos los países que se mostraron dispuestos a acoger a una gran cantidad de emigrantes, dice el historiador. El régimen de Hitler se encontraba en su punto culminante, tanto por las victorias en el extranjero como por las masas que había logrado nuclear, convencidas, detrás de sus diatribas. Ese 9 de noviembre los ataques estallaron como una consecuencia directa de los caminos que ya habían sido planteados por el régimen.

Charlotte Knoboloch también recuerda el estallido como una expresión cruenta de los hechos que venía viviendo cotidianamente como niña. "Lo que se da en llamar Kristallnacht y la fuerza de los sucesos no me sorprendieron", comenta. "La enorme dimensión, la liquidación casi absoluta del judaísmo europeo, fue algo que llegué a ver después, tras la liberación en 1945", admite a sus 81 años.

Ayer, al cumplirse 75 años de la tragedia mundial que representan aquellos ataques, 200 rabinos de toda Europa se reunieron en Berlín. La capital alemana conmemoró la fecha con diversas ceremonias. Hubo una marcha de silencio ecuménica; algunas tiendas de la capital que cubrieron sus vidrieras con imágenes de vidrios rotos; en la Puerta de Brandenburgo se proyectarán hoy propuestas de alumnos de diversas escuelas del país contra el racismo y la violencia.

En Alemania el nombre "Noche de los Cristales Rotos" ha sido ampliamente criticado por ser considerado una denominación que minimiza la dimensión de lo ocurrido, por lo que la fecha es conmemorada mayormente como "los Pogromos de noviembre".

Alemania acoge actualmente a la tercera comunidad judía de Europa _por detrás de Francia y Gran Bretaña, con unas 200.000 personas. Los judíos eran unos 560.000 en Alemania a la llegada de Hitler al poder en 1933. Pero en 1950, sólo 15.000 vivían todavía en el país.

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