Martes 11 de Septiembre de 2012
Hoy, no quiero recordar la noche en que lo asesinaron. Ni hablar de la impunidad consagrada. Haré a un lado el dolor para dejar surgir el recuerdo de su mirada transparente a través de sus ojos negros y chispeantes; la gracia de sus dichos oportunos y espontáneos; el afecto transmitido sin reparos; sus actos generosos y callados. Deseo regalarme el recuerdo de su labor diaria, tenaz y responsable y sus ideales contenidos en sus obras donde la honestidad y la valentía se escribieron con la tinta roja de su sangre no en vano derramada: muchos conocieron su lucha y aprendieron el valor innegable de una vida coherente entre el pensar, el soñar, el decir y el obrar. Quiero unir mi voz a la de una joven universitaria que escribió para él: "Ahora estoy aquí, cuando tú no estás, junto a los que creen que la Justicia es posible uniendo nuestras voces y nuestras manos, por tu verdad, hermano. Y cuando todo pase, y a esta batalla no la gane el olvido que es muerte, sino la memoria, que es vida, volveremos sin odios ni rencores, con las voces y las manos juntas para decirte que la impunidad no pudo, que ha vencido la Justicia". Y sí, venció la Justicia, pero la justicia de la ciudadanía que hoy cultiva su memoria y la recrea, y enriquece más allá de los que lo conocimos y lo amamos. Gracias Regino Maders. Vivirás por siempre entre nosotros.
Marta Maders / LC. 1.790.121