Sábado 19 de Diciembre de 2009
Disculpe maestro Cristián Hernández Larguía por abordar ya en marcha "la nave de los encuentros" (nuestro Monumento Nacional a la Bandera), donde siempre hay un lugar entre las miles de manos, oídos y gargantas que, exuberantes de gratitud, acompañan sus diálogos corales y musicales, desbordados de emociones. Hago un espacio en mi tiempo para viajar (las veces que puedo) para cantar la Navidad, recordando y resaltando que en el pasar de los años, muchos invitados de lujo han sumado al espectáculo, belleza y valor, combinando los sonidos de modo que el arte musical deleite con la dulzura de la poesía. La simpleza de su persona (aunque su objetividad sea polémica), la entrega de su pasión por las obras, mezclados entre el cielo y el río, nos permiten navegar sobre un pentagrama de ilusiones, donde la imaginaria prolongación de sus manos, nos abraza, nos conduce, nos incita, hacia lo más profundo de una vocación, que es el canto y la música. Deseo para el presente y futuro que la juventud rescate los valores de su ejemplo, la tenacidad de sus impulsos y propuestas. Estoy convencido de que es posible a través de la música y el canto contribuir para la anhelada calidad de vida. Como seguidor de sus expresiones concertantes, musicales, felicito sus primeros 20 años de sencillez y carisma popular al frente de instrumentos y voces que lo acompañan y retribuyo humildemente. Muchas gracias maestro por todo lo recibido.
Miguel A. R. Bazán
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