Economía

Victoria O' Donell: "La pandemia amplió la desigualdad de género"

La asesora de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género brindó detalles de un informe sobre el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Representaba 15,8% del PBI antes de la crisis sanitaria pero en estos últimos meses aumentó al 21,8%

Domingo 20 de Septiembre de 2020

El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representaba en la Argentina un 15,9% del PBI en un contexto de no pandemia, y escaló al 21,8% en este escenario de aislamiento. Esos números no sólo lo convierten en el sector más importante de la economía, por encima de otros tradicionales como la industria y el comercio. Son además la expresión más contundente de la desigualdad de género, ya que dos tercios de estas actividades son realizadas por mujeres o identidades feminizadas.

El aporte de estas actividades alcanza los 4.001.047 millones de pesos, de los cuales el 75,7% proviene de tareas realizadas por mujeres, que dedican, en conjunto, 96 millones de horas diarias de trabajo gratuitas a las tareas del hogar y los cuidados.

Valorizar y monetizar este trabajo invisibilizado, que actúa como garante primario del denominado trabajo productivo y remunerado, fue la tarea que encaró y concretó la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género que depende del Ministerio de Trabajo de la Nación. “Es la intermediación entre los bienes y servicios y el consumo”, reflexionó Victoria O`Donell, asesora de esa área que conduce Mercedes D´Alessandro para explicar que ese puente que se genera, por caso, entre los productos que se compran en un súper y el alimento servido en el plato, es fruto del trabajo de cocinar y no efecto de un pase de magia. Las mujeres dedican 6,4 horas diarias a estas tareas contra las 3,4 que asumen los varones, lo que reproduce la desigualdad, ya que reduce el tiempo que tiene para insertarse en el mercado laboral remunerado. “Nos parece una dimensión esencial a discutir en el pospandemia”, agregó.

- ¿Qué se incluye en la categoría de trabajo doméstico y de cuidados no remunerado?

- El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado hace alusión a aquellas tareas que garantizan la reproducción de un hogar. Concretamente, tiene que ver con la compra de alimentos, la preparación de los mismos, la reparación de vestimenta, el cuidado de mayores y menores y enfermos, y también el apoyo educativo a niñas y niños. Estas son las actividades que se consideran dentro de lo que ya comenzamos a definir como sector.

- ¿Cómo realizaron la medición para cuantificar el valor que aporta a la economía?

- La medición comenzó con el objetivo de visibilizar el aporte de este sector y de cuantificar la magnitud y la escala que tiene en relación a otros sectores tradicionales de la economía. Tradicionales en el sentido de qué se considera económico a nivel masivo. Para eso lo que hicimos fue responder a una pregunta mediante metodologías que están estandarizadas a nivel internacional. ¿Qué pasaría si esas tareas en vez de realizarse de manera gratuita y sin compensación _y de manera desigual por parte de las mujeres_ tuvieran que pagarse a un valor de mercado?. Para el valor de mercado utilizamos el salario del personal de casas particulares y lo multiplicamos o escalamos a la cantidad de horas y personas que realizan este tipo de tareas. Eso lo comparamos con otros sectores y ahí obtuvimos el resultado. Representa 15,9% del PBI. Es decir, es el sector más importante por encima de la industria y del comercio en un contexto de no pandemia. En pandemia, esto aumentó.

- ¿Ese porcentaje es similar a otros países de América latina o del resto del mundo?

- Sí. Está muy en línea con el resto de los países. Pero hay que aclarar que los números son una estimación justamente porque es un sector invisibilizado, al no estar compensado. En Ecuador alcanza el 15,2% del PBI, en Colombia 20,4%, en Uruguay es 22,9%. O sea, Argentina está en línea con esos porcentajes. Igual, la metodología que utilizamos en el país es la más conservadora de todas, de modo que el nuestro es un valor de mínima.

- ¿Tiene alguna relación el porcentaje de esta economía con el desarrollo económico de una sociedad?

- Este valor está determinado por distintas cuestiones, por un lado, por el precio de mercado de la hora del trabajo doméstico, la cantidad de horas que se realizan y la cantidad de población. No está asociado necesariamente con el desarrollo económico. Por ejemplo, Australia tiene valores muy altos, España tiene valores muy bajos, hay mucha heterogeneidad. Igual reitero que no es tan fácil de comparar a nivel internacional debido a las diferencias metodológicas. Otra cosa a aclarar es que la idea no es hacer un seguimiento en el tiempo, sino más que nada dar cuenta de la magnitud que tiene y de la escala, para ponerlo sobre la mesa.

- ¿Cuáles son las diferencias que arrojó la medición en términos de género y qué impacto tiene para varones y mujeres?

Lo que nos dio en términos de género está muy en línea con la distribución de tareas de cuidado, en el sentido de que en el 75% de los casos, este tipo de tareas las realizan mujeres. En términos monetarios significa que de los más de 4.000 millones de pesos que este sector generaría si estuviese pago, más de 3.000 millones lo aportarían las mujeres. Otra dimensión que nos parece esencial a la hora de traducir estos valores y como forma de medirlo, es en términos de tiempo. Allí nos da que son 96 millones de horas diarias los que dedican solo las mujeres a este tipo de tareas. Este número en tiempo nos parece esencial porque explica o está asociado a muchas de las trayectorias de las mujeres. Si tienen que dedicarle 6,4 horas diarias en promedio a las tareas domésticas y de cuidado, es menor el tiempo que tienen con relación a los varones para dedicarse al trabajo remunerado, lo cual a su vez influye en qué tipo de trabajos pueden insertarse, cuántas horas y cuánto reciben por esas tareas. Entonces el tiempo nos parece una dimensión esencial.

- Eso también se visibiliza en las estadísticas más tradicionales, como la desocupación, la tasa de empleo o la tasa de actividad.

- Totalmente. Por ejemplo, la tasa de actividad que nosotros queremos decirle “tasa de participación en el mercado laboral pago”, es 20 puntos porcentuales menor en mujeres, como también la tasa de empleo y la tasa de desempleo, que es más alta y llega al 25% aproximadamente en el segmento de mujeres jóvenes, menores de 30 años.

- Este trabajo no remunerado ¿apalanca, subsidia o potencia al trabajo remunerado? ¿Hay allí una transferencia de valor?

- Sí, totalmente. Nosotras creemos que el trabajo no remunerado es importante porque permite tener una película más que una foto de cómo es la inserción y la percepción de ingresos y además redunda en los niveles de pobreza de las mujeres, pero también cómo un sector estratégico en términos de que es justamente la reproducción de los hogares, de los y las trabajadoras, y además que es una transferencia de algún modo indirecta. Sólo porque existe este trabajo que no tiene compensación, es posible lo otro. Además, es la intermediación entre los bienes y su consumo, por ejemplo, en la cocina. O entre las personas y los servicios en el caso de que una mujer lleve a su padre o a su madre a los servicios médicos o educativos en el caso de los niños.

- Este trabajo muestra una foto de la desigualdad por género, ¿cómo se puede avanzar desde el Estado para resolverla?

- El primer paso fue visibilizarlo. Este trabajo se viene haciendo desde las Encuestas del Uso del Tiempo y en este caso es un aporte más como otras iniciativas y en ese sentido el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, está poniendo las políticas de cuidado, que creemos que son uno de los clivajes esenciales en esta desigualdad entre mujeres y varones, como parte central en sus preocupaciones y prioridades. Creemos que las políticas que salgan de ahí van a ser esenciales para reducir esta brecha. También se ha avanzado en el IFE que tiene una perspectiva de género, en términos de reducir la desigualdad, también lo fueron las jubilaciones que reconocieron que el trabajo de las amas de casa es trabajo y que debía ser reconocido. Por supuesto hay mucho más para avanzar, pero se está haciendo. Pensemos que la creación de la Dirección de Economía y Género es muy reciente. Ya hay políticas en marcha, como las licencias con teletrabajo. Creemos que vamos por el buen camino.

- Iniciativas como aumentar el tiempo de la licencia por paternidad, ¿podría ayudar en este sentido para evitar la discriminación de las mujeres a la hora del ingreso al mercado laboral?

- Sí, a nivel personal considero que es así, pero también tiene que venir acompañado de otras políticas y es una de las cuestiones que se están analizando desde todos estos nuevos espacios.

- El proyecto de presupuesto 2021 tiene una perspectiva de género,- ¿Qué significa eso?

- Justamente los dos ejes principales en los que trabajamos en la Dirección de Economía y Género fue en mostrar estos indicadores, y elaborar un presupuesto con perspectiva de género. Esta semana se realizó el lanzamiento. La idea de tener un presupuesto de estas características es justamente poder identificar políticas públicas que tienen por objetivo reducir la brecha. Allí se verá reflejado qué políticas consideramos y dónde hay que avanzar, en qué ministerio o ámbitos se aplican.

- ¿Qué impacto tiene la pandemia en estos números?

- Observamos que el número aumenta 6 puntos porcentuales y que el trabajo doméstico no remunerado pasa a ocupar 21,8% del PBI. Esto permite no sólo ver cuán amplio y ubicuo es este sector en situaciones regulares, sino también entender la emergencia que implica para los cuidados y para las mujeres.

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