Economía

Un piso salarial que crea un piso reivindicativo

La Federación Nacional de Trabajadores Aceiteros toma el cálculo amplo del salario mínimo, vital y móvil como base de la negociación en paritarias.

Domingo 04 de Mayo de 2014

Cuando en 2004 el gobierno de Néstor Kirchner convocó al Consejo del Salario, el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Rosario (Soear) elaboró un documento en el que se pronunció a favor de calcular el salario mínimo, vital y móvil, en base al artículo 116 de la ley de contrato de trabajo.

Este valor, calculado en base a la necesidad de cubrir una canasta de gastos más amplia que la se usa como referencia para su actualización anual, recoge como antecedente el decreto 33.302 que elaboró Juan Domingo Perón antes de dejar la Secretaría de Trabajo, en 1945. Esa norma consideró al salario mínimo, como "la remuneración del trabajo que permite asegurar en cada zona, al empleado y obrero y a su familia, alimentación adecuada, vivienda higiénica, vestuario, educación de los hijos, asistencia sanitaria, transporte o movilidad, previsión, vacaciones y recreaciones".

En 1957, la Constitución introdujo en el artículo 14 bis, el derecho a un "salario mínimo vital y móvil", mientras que la ley de contrato de trabajo promulgada el 27 de septiembre de 1974 lo definió, en su artículo 116, como "la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento".

La dictadura militar y, luego, la década menemista, desandaron el camino del derecho laboral y condicionaron, en el caso del salario mínimo, su metodología de cálculo a los requisitos de productividad y "razonabilidad económica". En definitiva, le pusieron un techo, amparados en el concepto que asimila el salario a un costo y no a un factor de impulso a la demanda.

Fue el abogado laboralista Horacio Zamboni quien fogoneó la recuperación del concepto original del salario mínimo, vital y móvil como parte de "la corriente internacional de políticas anticíclicas y de intervencion estatal promovidas a partir de la gran crisis de 1929".

"El origen de esa institución en Argentina es el decreto de Perón, en 1945, que fue parte de la llamada política de ingresos para los sectores no sindicalizados, que constituía a su vez la base de la negociación colectiva para los sindicalizados", escribió en uno de los artículos recopilados en el libro "Teoría y práctica de un revolucionario".

Las reivindicaciones económicas de los trabajadores y las instituciones laborales creadas por el Estado durante los años de la gran depresión formaron parte del dispositivo keynesiano de recuperación del capitalismo en el marco de la pelea entre capital industrial y capital financiero.

El valor económico de estas instituciones fue subrayado por Zamboni en muchos escritos. Uno de ellos fue la carta que envió en abril de 1992 al jefe del servicio de Libertad Sindical de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para denunciar el decreto 1.334 del menemismo, que condicionó la negociacion salarial a la productividad. "La limitación de la jornada de trabajo, el salario mínimo, vital y móvil, la libertad de sindicalización y la negociación colectiva, eran y son realidades que empujan al desarrollo y al progreso", señaló entonces.

Por el contrario, su condicionamiento a través de la deconstrucción menemista del derecho laboral, habilitó el camino de la contracción. "Las patronales herederas del programa neoliberal que el menemismo hiciera realidad, pretenden que el salario, como cualquier mercancía, pueda ser vendido por debajo del monto que resultaría de tener en cuenta la definición de la ley de contrato de trabajo".

Como abogado del Sindicato de Obreros Aceiteros de Rosario inspiró al gremio a plantear en las paritarias del sector en 2004 que la negociación salarial debía partir de considerar el salario mínimo como lo establece el artículo 116. Desde ese momento, es el piso a partir del cual el gremio y la federación nacional de la actividad plantean sus reclamo salarial. En el último acuerdo con las cámaras patronales aceiteras, ese minimo fue fijado en 10.500 pesos.

Paritarias. Carlos Zamboni, hijo de Horacio y actual asesor legal del sindicato aceitero, señaló que el reclamo es práctico pero también conceptual y apunta a dar un "salto cualitativo" en la negociación salarial. "La idea es que no la discusión salarial no se limite a los porcentajes de inflación sino que tenga como base el cálculo del salario mínimo, vital y móvil como valor de reposición de la fuerza de trabajo".

Esta reivindicación influyó en la conformación de pisos de ingreso para las actividades agroexportadoras en el cordón industrial santafesino, que la Confederación General del Trabajo (CGT) San Lorenzo cristalizó en el llamado acuerdo Copa. Otros gremios lo han tomado como objetivo a alcanzar y, más recientemente, la reivindicación se introdujo en el pliego de reclamos que acompañó el documento elaborado por la CGT opositora durante el último paro nacional.

"Hay muchas actividades con tasa de ganancia suficiente como para pagar el salario mínimo, vital y móvil calculado según el salario, mínimo, vital y móvil, discutir que el valor de reposición de la fuerza de trabajo debe ser el punto de partida de todas las negociaciones, y si hay empresarios que dicen que no pueden pagarlo, primero que muestren los balances para discutirlo y, luego que se discuta cómo hacen para llegar", dijo.

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