Economía

Tribuna económica: los think tank en la era de la posconvertibilidad

El crac de 2001 tuvo su impacto en la política económica pero también en el debate teórico. De Fiel y la Mediterránea al plan Fénix y la Gran Makro.

Domingo 01 de Abril de 2012

Argentina tiene, desde los años '60, una fuerte tradición en la institucionalización del debate económico y social a través de la creación de centros de estudio o "think tanks" que supieron reflejar, tanto en sus corpus ideológico como en la formación de dirigentes y funcionarios, los climas políticos que dominaron cada etapa de la vida nacional del último medio siglo.

Del desarrollismo al modelo K, pasando por la dictadura, el menemismo y la crisis de 2001, las usinas de ideas marcaron tendencias y reverdecieron durante la última década a la luz del cambio de paradigma en el modelo de desarrollo, y también como resabio de la casi terminal crisis institucional que significó el estallido que acompañó el cambio de siglo.

Bajo los vientos de la resignificación del concepto de "hacer política" y más lejos de los lenguajes técnico-económicos que privatizaron el discurso durante los '90 (Fundación Mediterránea, Fiel, Fundación Libertad), durante los tres mandatos kirchneristas florecieron las agrupaciones (Aeda, la Gran Makro) que defienden a la política como lugar de acción y tranformación, y que adhieren a postulados económicos heterodoxos.

Antes, en los finales de la Convertibilidad, surgieron entidades que buscaron y propusieron planes y programas tanto para acompañar un cambio en el paradigma económico (El grupo Fénix, Flacso) como para fortalecer el golpeado entramado de las instituciones de la república (Cippec).

Al día de hoy, hay más de medio centenar de think tanks en Argentina, que es el país latinoamericano con mayor cantidad de estos espacios, seguido por Brasil y Chile.

Tanto en su papel de generadores de programas de acción, como desde su perfil de "máquina" de funcionarios, los centros de estudio se han consolidado como actores de la vida pública que, en algunos casos, digitaron en primera persona los destinos del país.

Los precursores. Según un paper elaborado por el propio Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento), en los países de Latinoamérica, Africa y Asia la frecuencia de creación de estos grupos de estudio de la realidad social se incrementó entre los años 1960 y 1990.

Fueron décadas de intenso desarrollo intelectual en los países de la "periferia", que transitaron caminos parecidos en cuanto a la adopción de políticas desarrollistas primero, y más cercanas a la doctrina neoliberal a partir de la revolución neoconservadora de los '70 y los '80 liderada por la Inglaterra de Margareth Tatcher y los Estados Unidos de Ronald Reagan.

En Argentina, los años 60 se caracterizaron por la consolidación de un proyecto de modernización del Estado que repercutió sobre las universidades, y que se acompañó con una mejora en la profesionalización de la burocracia estatal.

En ese clima de ideas, se abrieron nuevas carreras de ciencias sociales vinculadas a las nuevas formas de gobernar y administrar, y aparecieron en el campo intelectual y científico nuevas agencias de producción de conocimiento.

Allí se crearon las primeras fundaciones y centros de investigación privados financiados por el empresariado y los organismos internacionales, que conformaron la primera ola de creación de think tanks en Argentina. Entre ellos se destacó la Fiel (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas), fundada en 1964 por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Cámara Argentina de Comercio, la Sociedad Rural y la Unión Industrial Argentina.

La Fundación nace en ese contexto con el objetivo de ser una alternativa liberal al pensamiento estatista predominante en esos años, algo que consolidaría hasta límites oscuros, ya que de sus filas salieron ministros de economía como Adalbert Krieger Vasena (1966/69), José María Dagnino Pastore (1969) y Jorge Whebe (1972/73); pero también economistas que ocuparon ese mismo cargo durante la dictadura militar, como Alfredo Martínez de Hoz (h), Roberto Alemann (1981); Lorenzo Sigaut (1981), y de vuelta Whebe (1982/1983).

Terminada la dictadura e instaurada la democracia, la Fiel volvería a ocupar lugares de poder en el armado de la ideología oficial durante los dos mandatos de Carlos Menem. Un estudio del Cippec toma a la Fundación como caso testigo de modelo exitoso de think tank por haber sido capaz de moldear, con sus ideas privatizadoras, el debate de una década en la Argentina. "Lo producido por Fiel en los 80 fue generador de las políticas que Menem implementó diez años después", dice el paper.

Otro de los centros de estudio que marcaron época fue el Cedes (Centro de Estudios de Estado y Sociedad), fundado el 1 de julio de 1975 en el contexto de una situación institucional particularmente grave. Sus fundadores fueron Gustavo y Marcelo Cavarozzi, Alejandro y Guillermo O'Donnell, Oscar Oszlak, Beatriz Schmukler y Teresa de Segal.

Después del auge de discusión política que significaron los 60, y tras el largo capítulo militar, los años 80 estuvieron marcados por la consolidación a nivel internacional de las doctrinas neoconservadoras. Inspirados en la nueva visión del liberalismo que exportaban Estados Unidos e Inglaterra, aparecieron o se consolidaron en Argentina los think tanks que luego se instalarían como actores del poder durante los diez años del gobierno neoliberal de Carlos Menem.

Esos años estuvieron marcados por la prevalencia de los conocimientos de los "técnicos" o los "expertos", una definición que sirvió como herramienta de legitimación del papel de los intelectuales con esa formación en la función pública.

En ese clima de época irrumpió en primera plana la Fundación Mediterránea, fundada en la ciudad de Córdoba en 1977 por iniciativa de 34 empresas de esa provincia. En su seno se creó el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), desde donde saltó a la función pública en febrero de 1991 Domingo Cavallo, su fundador y ministro de Economía bajo la presidencia de Menem.

“Desde marzo de 1991 a diciembre de 2001 Cavallo convocó a miembros del Ieral, entre los que estuvieron Guillermo Mondino como jefe de asesores; Carlos Sánchez como secretario de Industria; Carlos Bastos como ministro de Infraestructura; y Jorge Baldrich como secretario de Hacienda.

A nivel local, la máxima expresión del clima de ideas del neoliberalismo llegó con la creación de la Fundación Libertad, que nació en Rosario en 1988 por iniciativa de un grupo de empresarios, profesionales e intelectuales con fuerte apoyo del sector privado.

La transición. El agotamiento del modelo neoliberal, basado en la convertibilidad de la moneda; la privatización de las empresas y servicios públicos y la desregulación de la economía, dejó espacio para la irrupción de otras entidades con diferentes concepciones ideológicas sobre el modelo de desarrollo nacional.

Así apareció sobre finales de los 2000 el Plan Fénix, bajo cuyo nombre trabajaba un grupo de economistas que discutía, en el ámbito de la facultad de Económicas de la UBA, los problemas centrales de la economía argentina “con la mirada puesta en el mediano y largo plazo”, pero también con medidas de corto plazo para enfrentar el delicado momento que estalló a finales de 2001.

Fue justamente en diciembre de ese año que la UBA presentó el proyecto estratégico “Hacia el Plan Fénix, diagnóstico y propuestas. Una estrategia de reconstrucción de la economía argentina para el crecimiento con equidad”, mediante la resolución 6846 de su Consejo Superior y bajo la dirección de Abraham Gak.

En uno de sus documentos fundacionales el grupo señala: “la universidad tiene, entre sus responsabilidades, la de pensar el país en el marco del escenario mundial para contribuir a elevar la calidad de vida del conjunto de la población y consolidar la democracia”, al tiempo que denunciaba un momento histórico signados “por el estancamiento, la concentración de la riqueza, el aumento de la pobreza y la exclusión, y la pérdida de la capacidad de decidir nuestro propio destino”.

Entre sus fundadores estuvieron Aldo Ferrer (actual embajador en Francia), Daniel Azpiazu y Eduardo Basualdo (referentes además de la Flacso), Mercedes Marcó del Pont (actual presidenta del Banco Central) y Alejandro Vanoli (actual presidente de la Comisión Nacional de Valores). Nombres que, en todos los casos, remiten a la actualidad política y económica nacional.

Otro centro de estudio que tuvo desde sus inicios un gran impacto fue el Cippec, creado en el año 2000. Autodefinido como una organización “independiente, apartidaria y sin fines de lucro que trabaja por un Estado justo, democrático y eficiente que mejore la vida de las personas”, su fuerte es el análisis y la promoción de políticas públicas.

Un dato: el Cippec fue uno de los promotores de la derogación de la Ley de Lemas en Santa Fe. Su participación consistió en la elaboración de un diagnóstico (vía entrevistas con legisladores provinciales, académicos, periodistas y representantes de organizaciones civiles); y en un relevamiento de todos los proyectos de ley sobre reforma política desde 1995.

“En este diagnóstico, surgió que la Ley de Lemas fue criticada duramente por todos los sectores políticos y sociales desde su primera aplicación, en los comicios de 1991”, dijo el organismo en un documento. Así el Cippec, junto con otras organizaciones, tomó la iniciativa de hacer firmar a los candidatos a gobernador en las elecciones de 2003 una “Carta Compromiso” en la que cada uno asumía su obligación de derogar la Ley de Lemas en caso de acceder al Ejecutivo provincial.

Los tanKes. Pasado el tiempo de la crisis de 2001, y atado al boom económico que acompañó los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, no fueron pocos los intelectuales y académicos que buscaron nuevos espacios para la elaboración conceptual del modelo K.

Sin desentonar con un clima mundial de gran rechazo al neoliberalismo, que al día de hoy sigue siendo muy cuestionado a la luz de la crisis europea, florecieron en Argentina las agrupaciones que postulan un ideario heterodoxo desde lo económico, y que resaltan la preeminencia de la política por sobre los tecnicismos de los expertos de los 90.

Así apareció la Aeda (Asociación de Economía para el Desarrollo de Argentina), que se presenta a si mismo como un “proyecto generacional de un grupo de profesionales jóvenes” que considera necesario fortalecer un modelo económico productivo como así también articular un nuevo pensamiento “para avanzar en un cambio estructural”.

Con un ideario neodesarrollista, la Aeda está compuesta por más de 200 asociados de distintas ramas académicas que ya ha aportado funcionarios al gobierno, entre los que se destacan Matías Kulfas (gerente general del BCRA) y Paula Español (subsecretaria de Comercio Exterior).

Otra aparición ligada a las gestiones K es la de la Gran Makro, cuya aspiración es teorizar la práctica económica del modelo: “somos una agrupación de profesionales y estudiantes de económicas y otras disciplinas que tiene por objetivo estudiar, conceptualizar y difundir los lineamientos estratégicos del modelo desarrollado desde el 25 de mayo de 2003”.

También marcan la cancha respecto a la tensión entre los mundos de la política y la economía, y la preeminencia de uno sobre otro: “partimos del convencimiento de que es en la esfera política, y no en la económica, donde se adoptan aquellas decisiones con capacidad para modificar la estructura social”, dicen. Bajo el comando simbólico del vicepresidente Amado Boudou, otro de los cuadros que ya trabaja en el gobierno es Alejandro Robba, (subsecretario de Coordinación Económica).

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