Timing económico: pandemia, crisis de deuda y falta de rumbo
Estamos promediando el 2020, entre el cambio de gobierno, la pandemia o algo así, la crisis de la deuda, sin rumbo económico y como si fuera poco a la ya tan castigada sociedad, nos derraman un concepto que aterra.

Domingo 21 de Junio de 2020

Estamos promediando el 2020, entre el cambio de gobierno, la pandemia o algo así, la crisis de la deuda, sin rumbo económico y como si fuera poco a la ya tan castigada sociedad, nos derraman un concepto que aterra y que a poco más de 4.400 km ha causado estragos, pobreza infinita, migrantes, desabastecimientos y lo peor, la falta de libertad. ¿Allí vamos?

Argentina otrora se parecía a aquellas nobles ballenas que aun jugando un rol fundamental en el ecosistema oceánico y en términos de control climático, fueron y seguirán siendo blanco de ataque y depredación por la triste famosa industria ballenera que data del año 3.000 AC.

Como nuestros dirigentes demuestran una notable incapacidad de construir futuro, sus gestiones parece se limitan a destruir presentes y minar el campo sobre el que iremos inexorablemente en nuestros pasos. Un tiro al pie.

Jamás superamos el debate Liberalismo vs. Keynesianismo, y el grado de intervención “aceptable” del Estado en la actividad económica. Lo que si hay evidencia de todo tipo (claro está, para quien quiera ver) que existe una clara correlación (una explicación) entre la libertad económica y lo que se llama el bienestar o desarrollo social genuino, auto procurado. No hablo de planes.

¿Porque debería un Estado intervenir? Digamos que el manual dice que se justifica temporalmente la intervención en casos denominados “Fallos de mercado”, como ser: inestabilidad en los ciclos económicos, necesidades básicas insatisfechas, externalidades y falta de competencia, entre otros. Es decir que por un proceso corto de tiempo podría interactuar con los actores privados, corregir los desvíos y volver a su función principal (que no es económica y menos aún productiva).

¿Tiene alguna ventaja la intervención? La experiencia indica que los intentos marxistas fueron un rotundo fracaso. Quienes padecieron estos delirios, emigraron de esos regímenes toda vez que pudieron. Paradójicamente, los ganadores fueron quienes con picardía vendían este humo (los funcionarios). El argumento de fondo no está en juego y es el apoyar al más desprotegido.

La temporalidad o timming, el tiempo acotado es un buen indicador de éxito en esta gestión combinada (modelo nórdico de bienestar) entre la seguridad social y el capitalismo, conjuntamente con un Estado facilitador, pagable y con sistemas impositivos que alientan la producción e iniciativa privada.

Siempre será un bastión social, un pueblo educado. Esta noble y central tarea corresponde al Estado, formar y forjar su camino con RRHH pensantes, de valores y convicciones que por meta tengan la superación personal. El abuso ocurre cuando nuestros hijos son parte de un adoctrinamiento.

¿Tiene desventajas la intervención? La biblia interventora del sistema de planificación central tiene como misión desintegrar la desigualdad de ingresos, hacer justicia social. La evidencia y la realidad es justamente la opuesta: mayor pobreza generalizada, la extirpación de las libertades individuales y por supuesto el pavor de los empresarios y emprendedores que calculan ya no se puede planificar.

Estos sistemas en avanzada, concentran el resultado de todos los privados en manos de sus gobernantes quienes no solo se apropian de sus esfuerzos sino que además le timan (roban) las chances de futuro.

De la intervención al totalitarismo, tan solo un paso. Este es otro de los argumentos que la historia nos enseña en los países que se abrazaron a este cactus totalitario. Estos regímenes que tibiamente comenzaban con intervenciones, finalizaron son sangre en las calles y sociedades aniquiladas.

Recordemos que en los años 30 (Gran Depresión) se originó este concepto del Estado Benefactor: asignando los recursos económicos mediante un plan central; un falso garantismo de alimentos y viviendas para todos; un gobierno gestionando negocios monopólicos (o cuasi) estratégicos con miras a eliminar la competencia; finalmente el poder de legislar en pro de estos ideales tergiversando toda chances de libre competencia.

Nos gusta compararnos con Alemania y hasta tuvimos el desatino de compararnos con países nórdicos, cuando en verdad nos reflejamos el espejo de los países que ya recorrieron este camino: Cuba, China, Venezuela, Corea del Norte, ex URSS. Siempre estamos a tiempo, solo que cada día nos va a costar más vidas e ilusiones.

Porque si tan buenos son estos regímenes, a los que un gobierno populista adora, sus gentes lo padecen y huyen de él dejando atrás lo más preciado para un humano; sus afectos, su familia e incluso jugándose la vida en el intento?

Los seres humanos tenemos algunos derechos que son inalienables: el derecho a la vida; el derecho la propiedad privada (a disponer libremente el resultados de nuestros frutos) y el derecho a la libertad (la facultad de obrar según su voluntad, respetando la ley y el derecho ajeno). A partir de esta semana, estos valores están en juego, están seriamente comprometidos.

Resulta poco menos que aterrador y en medio de un escenario en el que Argentina nuevamente está demostrando al mundo su incapacidad de cumplir con sus obligaciones, que tengamos la falta de tacto de traer a escena una palabra que espanta y tiene enormes consecuencias.

Esta falta de tacto, construye justamente todo lo que debemos reconstruir: la confianza.