En Foco

Tiempos de venganza: despidos y paritarias

Ofensiva contra los trabajadores.

Domingo 07 de Enero de 2018

La ola de despidos en el sector público y privado es la pistola en la cabeza que el gobierno y las patronales ponen sobre la mesa de la representación de los trabajadores a la hora de las paritarias. Es la única variable que los responsables de la política económica, enredados en su ineficacia y su pelea interna, apuestan a controlar en medio de la escalada inflacionaria.

La demencial suba de tarifas y precios de bienes y servicios, asociada a la fuerte devaluación del peso, pulverizó las metas de inflación del Banco Central para 2018. Las viejas y las nuevas, del 15%, presentadas en una foto forzada del equipo económico con el cada vez más golpeado presidente del Banco Central. El Observatorio Social de la CGT midió un 27% de inflación en 2017. Los economistas que participan del relevamiento de expectativas del organismo monetario ya elevaron sus previsiones por encima del 20% para este año.

La baja real de salarios es la única receta del gobierno para anclar esas expectativas. También es la prenda de cambio para ordenar políticamente las disputas de ingresos de las distintas facciones del capital. En eso, se mostró eficaz. En diciembre logró la aprobación parlamentaria de la rebaja a jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales. Ahora va por los trabajadores que discuten salarios. Los gobiernos de Córdoba y Mendoza avanzaron con acuerdos para el sector público que están dentro de esa banda oficial, con porcentajes y sumas fijas. En Santa Fe, los docentes ya anunciaron que no firmarán ningún acuerdo menor al 20%.

La dureza patronal en la paritaria bancaria y en la negociación del bono aceitero, anticipa el escenario de negociación de 2018. La gran batalla del disciplinamiento laboral llega con la convocatoria a discutir en extraordinarias la reforma laboral, los carpetazos a la burocracia sindical cegetista y la represión y criminalización de la protesta para las organizaciones más combativas. El cruel festival de despidos de año nuevo está al servicio de esa ofensiva.

Las 1.200 cesantías en la administración pública nacional, que denunció ATE en el marco del paro nacional realizado el jueves pasado, operan como una señal para el sector privado. La pueblada de Azul contra los despidos en la fábrica militar de esa localidad anticipa un tipo de reacción posible. En la región, es conocida la película que se activó con los telegramas de Unilever, horas después del triunfo electoral de Cambiemos, y que no tiene un freno en el horizonte. Los ofrecimientos de retiros voluntarios en las plantas procesadoras de Cargill. Uno de los sindicatos del sector anticipó que el plan busca restaurar la tercerización en el sector. Esta práctica fue drásticamente revisada a partir del fortalecimiento de las organizaciones gremiales, desde mediados de la primera década del siglo. Madura, en el cambio de ciclo, una venganza de clase.

Según el Centro de Economía Política Argentina (Cepa), en diciembre se registraron más de 3 mil despidos. El 60% fueron en el Estado. Dentro del sector privado, la gran mayoría fueron en la industria. Las cesantías en este rubro se duplicaron en un mes.

El fuerte ajuste que puso en marcha el gobierno nacional para el 2018 tiene el objetivo de repetir la experiencia de su primer bienio, con una lógica de tres trimestres de torniquete y seis meses electorales de obra pública, populismo financiero y rebote estadístico.

Queda ver si las variables que pone a volar el aprendiz de brujo se acomodan finalmente en este sendero. Implicaría que la mejora de rentabilidad que experimentó el sector de agronegocios con la nueva devaluación, por caso, vaya a inversión y no a fuga. Y que la obra pública, frenada desde octubre, vuelva a activarse en un contexto de restricción presupuestaria.

Por ahora, los datos sobre el cierre de números de 2017, el año en el que el Ejecutivo nacional descargó su máxima energía electoral, no son alentadores. Sturzenegger prometió una inflación de 1% en diciembre. La industria tuvo una irrisoria reactivación menor del 2% de la industria, contra una caída del 5% el año previo. Los concesionarios batieron récord de ventas de autos importados pero la producción automotriz cerró el peor año de los últimos diez. Según Coninagro, de 18 economías regionales evaluadas, sólo dos presentaron crecimiento. El consumo minorista, medido por Came, también cerró su segundo año en baja. Los demonios de la economía, una vez convocados, suelen salirse de control.

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