Economía

Tarifazos, dólar y despidos en la región

Como en House of Cards, el gobierno logró convertir la presión de los tarifazos en una confusa discusión.

Domingo 29 de Abril de 2018

Como en los capítulos más oscuros de House of Cards, el gobierno nacional logró convertir la presión de los tarifazos en una confusa discusión sobre la carga que municipios y comunas les agregan a las boletas de luz y gas. Imposiciones que pueden ser discutibles pero cuya incidencia es mínima frente a los tremendos aumentos tarifarios de la energía en los últimos dos años.

El paso de comedia de la gobernadora de Buenos Aires expresa el tono de la discusión. La provincia que cobra el doble de impuestos sobre la tarifa de luz con respecto al resto, bajó dos cargos que un año antes había repuesto a partir de una apelación judicial del propio Ejecutivo. El zafarrancho de gobernadores, intendentes y concejales discutiendo sobre este flanco marginal de los tarifazos encubre una decisión de política económica: transferir recursos de los consumidores a los concesionarios de servicios públicos, sin contraprestación de inversiones, producción ni calidad. Al mismo tiempo, transferir recursos presupuestarios desde el subsidio a los consumidores hacia el pago de los servicios de la deuda externa.

Deuda que se espiralizó en los últimos dos años, en buena medida para financiar la fuga de capitales. El desbalance que este fenómeno provoca en el mercado cambiario tuvo esta semana otro dramático tranquilo. Un conocido corredor brindó una clase corta y magistral sobre el tema subsidios cuando describía el miércoles la corrida de divisas: "Sabiendo que el BCRA era el único vendedor de dólares en el mercado mayorista, a un precio subsidiado de $ 20,26, los compradores consideraron que era un buen negocio".

Empresas energéticas y bancos de inversión integran la alianza económica que sostiene al gobierno y cuentan con representantes económicos en el gabinete. Funcionarios que, pese a los flancos que exponen en materia de conflictos de intereses, son defendidos con una tenacidad que el propio Macri les retacea a otros delegados del sector privado en el gobierno. Por allí boya, armando mesas de competitividad, un ex secretario de Industria que la UIA sumó en su momento al equipo de la ceocracia.

La industria no ligada a la abundancia de recursos naturales o a los contratos con el Estado, es uno de los sectores más afectados por la política económica, luego de los asalariados. La compensación ofrecida por el gobierno para resolver esta contradicción secundaria fue liderar una brutal ofensiva para bajar salarios y desmantelar instituciones laborales.

El techo paritario, la naturalización de los despidos masivos, la reforma laboral que avanza en los hechos, el subsidio de los aportes patronales como en el caso Carrefour, muestran el éxito de esta ofensiva de clase. Gobernadores, dirigentes opositores y, sobre todo, referentes de la CGT y de los sindicatos tradicionales, se amoldan al paso de los vencedores. Aun en tiempos de evidente crisis económica y social, el presidente se fortalece con su propio poder y con el miedo de sus adversarios. La pasividad que muestran en estos días las grandes estructuras sindicales, luego de las multitudinarias luchas de diciembre, se entiende por este pavor. Es el síndrome del triunvirato cegetista, que asustado por reunir a 400 mil personas en una protesta, corrió a negociar con el gobierno nacional. Los carpetazos los condiciones pero quizás no tanto como el temor y el desprecio que esos caciques sienten por sus propios representados. Por eso en el medio de una nueva ola de despidos, crisis de empresas, tarifazos y paritarias a la baja, el Día Internacional de los Trabajadores pasa como un feriado más para muchos de estos grandes gremios.

En la región, hay una excepción que podría convertirse en un faro a nivel nacional. Es el acto convocado por los obreros aceiteros que resisten los despidos en la multinacional Cargill. Distintas organizaciones sindicales y sociales se convocarán el martes a la mañana en las puertas de la planta de Villa Gobernador Gálvez, para realizar un acto unitario y festival solidario. Será uno de los pocos espacios de lucha abiertos en el cordón industrial rosarino para que se expresen quienes creen que hay que reclamar por un cambio en la política económica y poner límites a una de las ofensivas patronales más duras de los últimos tiempos.

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