Economía

Social bussines: una nueva tendencia que apunta a erradicar la pobreza

Tras interiorizarse y empaparse de los proyectos que el premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus puso en marcha en Bangladesh para erradicar la pobreza y transformar una sociedad donde priman las desigualdades, Daniela Kreimer...

Domingo 24 de Octubre de 2010

Tras interiorizarse y empaparse de los proyectos que el premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus puso en marcha en Bangladesh para erradicar la pobreza y transformar una sociedad donde priman las desigualdades, Daniela Kreimer decidió poner manos a la obra y tratar de replicar en Argentina el novedoso modelo de empresas sociales.

La experiencia del Grameen Bank creado por Yunus es más que conocida en todo el mundo. El famoso banco de los microcréditos para los más pobres se propagó por todas las latitudes, pero el premio Nobel de la Paz fue por más en su camino por ayudar y ahora impulsa un modelo de empresas sociales autosustentables. Con la creación de la Fundación Argentina de las Empresas Sociales (Faes), que actualmente se encuentra en trámite para su conformación, Kreimer busca replicar en Argentina la iniciativa de Yunus.

Kreimer charló con LaCapital antes de su disertación en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que tuvo como principal objetivo contarle a la comunidad académica y empresaria de la región en qué consiste el social business e invitarlos a poner en marcha en Argentina proyectos bajo este modelo.

—¿De qué se trata el social business?

—El social business son empresas sustentables con un objetivo social. La idea es que estas empresas funcionen como cualquier otra del mercado, que sean competitivas, pero la gran diferencia con otras empresas es que toda la ganancia se va a reinvertir en ese objetivo social. Aquí los inversores no se llevan dividendos, pueden ser los dueños de la empresa pero no se van a llevar ganancias. Lo importante es que la inversión inicial se recupera, pero nada más allá del dinero invertido.

—¿Quiénes son los potenciales inversores en el social business?

—Cualquier persona con dinero que le interese invertir. Normalmente estas personas que se animan a invertir tienen una conciencia social más profunda, tal vez en otras épocas han donado dinero. Desde el social business decimos que el dólar o el peso donado tiene una sola vida, que es muy útil pero no se la puede reusar porque ya se gastó. En cambio en el social business el dinero invertido en la empresa tienen su retorno, el inversionista lo recupera y si quiere donar o si quiere volver a invertir en otra empresa lo puede hacer. Pero, además, se crea una empresa que va a sobrevivir, va a ser independiente. Representa la oportunidad de generar impacto social y mejorar la calidad de vida de las personas que más lo necesitan de forma sustentable.

—¿Cómo está funcionando este modelo de empresas sociales en el mundo?

—Es una idea muy nueva. Yunus está viajando alrededor del mundo contando esta idea, invitando al mundo académico, a las empresas y a emprendedores a replicar este modelo. Incluso Gramming está trabajando con gobiernos. Yo estoy trabajando en Colombia porque el profesor Yunus firmó un convenio con el gobierno de Caldas para un proyecto de reducción de pobreza dentro del cual se está planeando hacer microfinanzas y negocios sociales para impactar sobre necesidades sociales puntuales de la región. También se está pensando hacer algo con el presidente de Albania, además, Yunus visitó Perú y estuvo hablando con el ex presidente Alejandro Toledo porque la temática está siendo muy atractiva para Latinoamérica.

—¿Es posible establecer estos proyectos en Argentina?

—La idea de la fundación es contarle al mundo académico, el mundo de las empresas y al Estado que le interese de qué se trata este modelo de negocio social. invitarlos a replicar el modelo, como sucede en Colombia o con las empresas como existe en Bangladesh. Lo interesante del modelo es que depende mucho de la idiosincracia del local, uno va a tener que adaptarlo a las necesidades puntuales de la región en la que está trabajando, pero el modelo es muy simple. Cualquiera que tenga las ganas puede hacerlo. La idea es que Faes pueda funcionar como un puente con Gramming, pero por ahora no tiene ninguna conexión formal. Fui a Bangladesh para aprender y traer el modelo a la Argentina

—¿En qué casos o en qué sectores podría priorizarse la implementación de este modelo?

—La realidad es que en Argentina no existe un sector privilegiado sino que se puede implementar en cualquier sector que se identifique una necesidad, puede ser en salud, de la mujer. La idea podría ser seguir los objetivos del milenio (que promueve la Organización de Naciones Unidas desde 2000 cuando unos 189 países acordaron trabajar por ocho metas globales hasta 2015, entre las que se encuentran: erradicar la pobreza extrema y el hambre; reducir la mortalidad infantil; la igualdad entre los géneros; mejorar la salud materna; la educación universal; combatir el sida; sostener el medio ambiente, y fomentar una asociación mundial) y guiarnos con los objetivos planteados en ese modelo porque a veces es más fácil atraer a otras organizaciones. Hoy en Argentina existe un modelo de empresa social en Jujuy, que alcanzó su punto de equilibrio, que le está yendo muy bien, se llama el sistema Ser que generó acceso al sistema de salud de la gente más pobre de la Puna. El emprendedor es el ginecólogo Jorge Gronda, de una larga trayectoria, que se cansó del sistema común donde mucha gente queda afuera y se inclinó por este método.

—Rosario tiene una trayectoria importante en lo que es economía solidaria. ¿Cómo evalúa la posibilidad de replicar el modelo de Yunus en la ciudad?

—La idea siempre es analizar un lugar desde los procesos que ya están actuando, las iniciativas que hay y ver cómo se puede ajustar el modelo de social business para poder hacer que se siga generando un impacto social de una manera sostenible. En Latinoamérica todavía está muy virgen así que cualquier proyecto será bienvenido.

—¿Cuáles son las principales características para darle sostenibilidad a un proyecto?

—Se trabaja con un modelo de negocio que necesita cubrir los costos, alcanzar el punto de equilibrio. Hoy con las empresas tradicionales se busca un margen de ganancia del 18 u 20 por ciento, a nadie le va interesar invertir en un proyecto por debajo de ese margen. En cambio en un proyecto de negocio social está la oportunidad de generar una empresa aunque no haya un margen de ganancia, o que sea sólo del1 por ciento. Lo que interesa es cubrir los costos para que la empresa funcione, el resultado que se busca es el impacto social, la mejora de la calidad de vida de las personas. Eso brinda muchas más posibilidades para que se creen empresas, porque cuando lo se busca no es el lucro la demanda de inyección de dinero es menor, sí se busca que se cubran sus costos, que la gente tenga salarios competitivos a nivel del mercado. Yunus dice que algún día le gustaría que haya un mercado de valor de empresas sociales, donde las empresas puedan tener su valor dependiendo del impacto social que estén generando y cuan eficiente sean. Ese es el desafío, la medición del impacto social es algo complejo, costoso, se requieren mediciones que aún no están creadas, pero eso también es lo maravilloso del modelo, está todo por crearse. Hay una camino por delante y, a pesar de mi poca experiencia, le veo mucho potencial. Si en Bangladesh se pudieron crear estas empresas, en uno de los países más pobres del mundo, en Latinoamérica y en Argentina, en particular, hay un potencial gigante.

—¿Cómo funciona el rol del Estado en este modelo?

—La idea es que los gobiernos puedan utilizar esto como un instrumento más para llegar a las poblaciones. El modelo por supuesto va en contra de un modelo asistencialista, se basa en generar accesibilidad y oportunidades para la gente, no se trata de caridad. Ni en las microfinanzas ni en el social business se le regala algo a la gente, se busca que aunque sean los que menos tienen puedan entender el valor que tienen las cosas y que hay que trabajar para conseguir lo que uno necesita, y no a precios ridículos sino al precio mínimo del mercado.

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