Economía

Segundo round de paritarias

La mayoría son pactos en tramos, con algunos adicionales y cláusula de revisión en el tercer o cuarto trimestre

Domingo 01 de Abril de 2018

Rápido y furioso, el gobierno nacional apiló sin resistencia una primera tanda de acuerdos salariales con la pauta del 15%. Grandes gremios, muy centralizados y siempre amigables con los oficialismos, se entregaron en pleno torbellino de precios, tarifas y crisis laboral. La mayoría son pactos en tramos, con algunos adicionales y cláusula de revisión en el tercer o cuarto trimestre, lo que en cierta forma configura una paritaria corta o "a cuenta".

"Les tiraron dos tapas de diario y salieron corriendo a firmar", chicaneó el secretario adjunto del Sindicato de Camioneros, Pablo Moyano. Fue durante una semana caliente en la cual los gremios más combativos le plantaron cara a la estrategia oficial del 15%. Los aceiteros, que además batallan para revertir los despidos en Cargill, lanzaron una huelga nacional, suspendida por la conciliación obligatoria. Los bancarios anunciaron nuevas medidas de fuerza para la semana próxima.

En esta segunda línea de la batalla salarial, las paritarias de los empleados públicos provinciales son claves. Con mayor margen de maniobra, contribuyeron en los últimos años a elevar los pisos de la discusión salarial. No es casual que, para quebrar esa dinámica, en la provincia de Buenos Aires el ataque a los docentes sea la principal política de Estado.

El gobierno de Miguel Lifschitz dio un paso para alinearse con esa estrategia, al fijar por decreto un aumento salarial del 16,9%, en dos tramos, más la cláusula gatillo por el 2017. Busca imponer una propuesta que fue bien recibida por representantes sindicales pero rechazada en la discusión con las bases. La vía del decreto es, en ese sentido, disciplinaria y apunta a respaldar cubrir a la dirigencia del único gremio que aprobó el acuerdo, tras una ajustadísima votación.

La política tarifaria también emparenta a los dos niveles del Estado. De hecho, las discusiones salariales al interior de los sindicatos estatales se hicieron con las facturas de luz en la mano. Su correlato hacia afuera es la creciente movilización de entidades comerciales e industriales contra los tarifazos. Esta movida se cristalizó el lunes en la reunión de la Multisectorial.

La Nación completó el combo al anunciar una nueva suba del gas. Las metas inflacionarias están heridas de muerte. Revivirlas con la baja del salario, mientras el resto de los precios se disparan estimulados por la política oficial, es un intento de origen más ideológico que práctico. De hecho, fue el Banco Central el que tuvo que cambiar una vez más sus propios principios y gastar 2 mil millones de dólares para frenar la suba del dólar y moderar su traslado a los precios. De paso, subsidia la sostenida fuga de divisas, que tiene su contrapartida en el déficit externo y el endeudamiento. El Indec informó estas cifras recientemente. Probablemente, informen mejor sobre el estado de la economía, que la batería de datos que difundió el miércoles. El más importante, el índice de pobreza, que bajó entre el primer y segundo año de Macri, ayudado por rebotes estadísticos, triquiñuelas metodológicas y el invalorable servicio que le hizo la administración anterior al destruir la base de comparación.

Cavallo, en los tardíos 90, se convirtió en un esgrimista de los números para contrarrestar las críticas por el evidente proceso de deterioro que se reflejaba en la calle y que estalló en 2001. A mitad de 2017, Federico Sturzenegger se apoyó en cálculos estadísticos para anunciar su triunfo sobre la inflación y pronosticar un IPC menor al 1% mensual a fin de año.

La foto de 2017, retocada por el esfuerzo electoral del segundo y tercer trimestre, es un regalo del Indec a Macri. El aumento del PBI de 2,9% indica una recuperación. La medición per cápita a precios constantes, lo ubica un escalón por debajo de la economía que recibió. Contextos similares condicionan la lectura, también, de los informes de empleo.

En todos estos casos, los indicadores en la región muestran una evolución diferente. Hasta noviembre del año pasado, la actividad local medida por la recaudación del Drei no había alcanzado a compensar la caída de 2016. En la provincia, el Isae y el Icasfe (privado) mostraron una desaceleración del crecimiento. El mercado laboral mostró caídas de actividad y empleo, suba de subempleo y pérdida de puestos de trabajo precarios (motor de la suba nacional). Hasta el indicador de indigencia subió. Cabe preguntarse si la foto de Rosario en diciembre será la que muestren los números en los próximos meses a nivel nacional.

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