Economía

Salario y empleo industrial a largo plazo

El salario industrial de Argentina se ubicó, a junio de este año, en los niveles de 2001

Domingo 14 de Julio de 2019

“La política de salarios y tipo de cambio deberían calibrarse para evitar situaciones insostenibles. No subirán los salarios a largo plazo ni bajará en forma sostenida la tasa de pobreza, si Argentina no genera una economía competitiva que haga crecer fuertemente sus exportaciones, evitando sus periódicas crisis por escasez de reservas”, destaca el economista Marcelo Capello, de Ieral Litoral de la Fundación Mediterránea, en su informe “Salarios y empleo en el sector industrial a largo plazo”.

El investigador reconoció que entre 2003 y 2008 se produjo un fuerte aumento del empleo en Argentina, pero señaló que, a partir de entonces, se estancó el empleo industrial, que incluso comenzó a caer desde 2014.

“Luego de la recesión de 2009, el empleo en el sector no transable de la economía (mayor parte de construcción, comercio y servicios) volvió a crecer, hasta 2012, y luego también se estancó, con subas y bajas que se compensan”, destaca el informe. Así, en 2019 resulta un 47% superior al nivel de 2003, aunque bajó respecto de 2015.

En cambio, el empleo público creció en todo el período 2003 – 2015, estancándose luego. En 2019 está un 85% por arriba de lo observado en 2003.

El estudio indica que el empleo industrial “muestra una tendencia, a nivel mundial, a perder importancia relativa en el tiempo, a expensas de los servicios”.

No obstante, aclara que en Argentina “se han dado períodos de subas o bajas marcadas en el empleo industrial, que se despegan de la tendencia de largo plazo”.

“Una de las principales causas de tal comportamiento _concluye Capello_ ha sido la volatilidad que mostró el costo laboral salarial en Argentina, medido en moneda dura, en las últimas dos décadas”.

Al final de la Convertibilidad, el salario industrial formal promedio se ubicaba en alrededor de 1.000 dólares, hasta que la megadevaluación del peso, observada como consecuencia de la crisis de ese esquema económico llevó el salario industrial a 360 dólares.

Luego siguió un período de recuperación de salarios, y en 2008 había regresado al nivel de 1.000 dólares. “Pero el costo laboral siguió creciendo, por los acuerdos salariales alcanzados en esos años, y por la notable apreciación del peso ocurrida pos 2010”, indicó Capello. De modo que en 2015 el salario industrial resultaba de casi 2.000 dólares.

Luego de las devaluaciones de 2016 y 2018, se hundió el salario industrial, que quedó a mediados de 2019 en torno de los 1.200 dólares, un 40% por debajo de 2015.

También se ubicó del 20% arriba del nivel de 2001. Pero el informe admite que, si bien a fines de la convertibilidad el salario industrial se mantuvo en torno a 1.000 dólares, cayó notablemente el empleo industrial entre 1998 y 2002.

A su juicio, la causa “no fue solamente la recesión que se observó desde 1999, sino que también influyeron las fuertes devaluaciones de las monedas de la mayoría de los países contra el dólar, ocurridas entre 1995 y 1999”.

El peso argentino, por su relación fija con el dólar, no se devaluó en ese período. Así, la mano de obra local cuando se la medía en otras monedas diferentes de la americana. Por caso, entre 1999 y 2001 el salario industrial promedio subió de 1.000 a 1.200 euros. En 2002 bajó a 370 euros, se ubicó en 1.800 euros en 2015 y en 2019 se encuentra en torno a 1.000 euros. Dijo que entre 2003 y 2008 aumentó mucho el empleo industrial, cuando el salario se hallaba en niveles muy bajos. “Cuando en 2008 el salario recuperó el nivel de 2001, en moneda dura, se estancó la creación de empleo industrial, y comenzó a caer, en promedio, desde 2012, cuando el salario argentino ya había perdido competitividad”, explicó.

Desde su punto de vista, la competitividad cambiaria y, por ende, el costo salarial, influyó mucho en la evolución del empleo. “Cuando el costo salarial, medido en moneda dura, se ubicó en niveles muy bajos en 2002, permitió en años siguientes que subas salariales mejoraran el nivel de actividad en el mercado interno, sin poner en riesgo la competitividad industrial”, dijo. Y opinó: “Cuando el salario sobrepasó el nivel de finales de la Convertibilidad, se estancó la creación de empleo industrial. Cuando el salario superó notablemente dichos niveles, el empleo industrial directamente cayó, porque lo que se ganaba de actividad en el mercado interno se compensaba por la caída en el empleo ligado a las exportaciones industriales, y a los sustitutos de importaciones”.

Aseguró que “la suba de salarios en moneda dura entre 2003 y 2015 fue posible porque se partió de salarios absolutamente licuados tras la devaluación y porque en ese período los precios de las commodities alcanzaron niveles récord”.

“Como se discute en Argentina desde hace décadas, existe un salario de equilibrio para el sector externo. Cuando se intenta sobrepasar ese nivel, se generan pérdidas de competitividad que terminan llevando a una crisis externa, que termina con una devaluación de la moneda, reduce el costo salarial, y permite revertir temporalmente las cuentas externas, por mayores exportaciones, pero especialmente por menores importaciones”, dijo.

Capello dijo que “la experiencia de las últimas décadas en materia de competitividad cambiaria, costos salariales y empleo industrial, llevan a concluir que la política de salarios y tipo de cambio deberían calibrarse para evitar situaciones insostenibles que lleven a crisis que derivan en caída de salarios y mayor pobreza”.

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