Economía

Retenciones móviles: la semilla de la discordia

Tras 21 días de protesta, la semana pasada el campo levantó el paro pero las retenciones móviles, que fueron el detonante de esa inédita movilización del sector agropecuario, siguen vigentes.

Domingo 06 de Abril de 2008

Tras 21 días de protesta, la semana pasada el campo levantó el paro pero las retenciones móviles, que fueron el detonante de esa inédita movilización del sector agropecuario, siguen vigentes.


La tregua de 30 días entre el gobierno y el agro no sólo servirá para analizar en detalle las medidas complementarias que el gabinete de Cristina ofreció como contraprestación para saldar el conflicto, sino además como un termómetro para medir el impacto de este nuevo sistema de tributación en plena campaña de granos gruesos.

Aunque los productores insisten en que las retenciones móviles afectan al corazón de la rentabilidad del sector, en las últimas semanas, y por efecto de la caída de los precios internacionales, la alícuota para el caso de la soja se redujo al 38%, contra el 44% que regía el 11 de marzo cuando se anunció la medida y sólo tres puntos más de lo que se pagaba hasta entonces. El jueves era del 39,2%.

Aún así, los productores (de cualquier escala) siguen viendo con desdén la medida y esto desvela el nudo gordiano del reclamo. Las retenciones móviles imponen un precio tope al valor de los granos y no da margen a la especulación con los vaivenes de precios. Todo lo contrario, cualquier suba —por el funcionamiento del esquema móvil— queda para el fisco.

En ese sentido, entre los temas que están en la agenda de negociación entre las entidades del campo y el gobierno figura la posibilidad de ponerle un tope a las retenciones móviles para achicar la tajada que se lleva el Estado en caso de que se disparen las cotizaciones.

Pero a sólo pocos días de estrenada la medida —ya que durante el paro se suspendió la comercialización— también los interrogantes surgen a la inversa, es decir, cómo impactará esta nueva modalidad de tributación en la recaudación, ya que una caída de los precios externos puede poner en jaque la entrada de dólares por derechos de exportación a las arcas públicas. Aunque el Estado a priori descarta ese escenario, la tendencia bajista que registró la oleaginosa en Chicago en las últimas semanas, podría dar un indicio de que hay un techo para el boom de precios.

Un ejemplo se dio el jueves, el primer día de cotización normal de los mercados. En el Disponible de Rosario, la oleaginosa retrocedió 15% respecto del último valor negociado por el avance de la cosecha y el contexto internacional, aunque se prevé que la tendencia se revertirá en poco tiempo debido a la necesidad de los exportadores de hacerse de la mercadería y recuperar el tiempo perdido. Por caso, en el mercado ese mismo día algunos traders llegaron a pagar 7% por encima del resto para garantizarse el grano.

En ese contexto, la soja pegó el salto por encima de los 900 pesos en el mercado físico, por encima de los 850 pesos a los que cotizó cuando el gobierno anunció la medida y los precios reaccionaron a la baja.

“Hoy ganan más que cuando sembraron”, disparó el ministro de Economía, Martín Lousteau para justificar el esquema de retenciones móviles y desacreditar la queja del campo. “La soja subió 90% en un año, cuando se decidió la siembra de soja el precio esperado por los productores era de 237 dólares la tonelada y hoy este precio neto de las retenciones es de 279 dólares, un 18% más”, arengó el ministro.

Para los analistas del sector esta rentabilidad no es tal. Un trabajo elaborado por Fernando Botta, de la consultora Agrobrokers, indica que “con la desaparición de las retenciones, de los tipos de cambio múltiples y el mayor acceso a la tecnología por parte de todo el sector la productividad del campo sufrió un importante cambio, dando como consecuencia un salto productivo de 17 millones de toneladas y un salto comercial que aumentó en un 16% la participación de la Argentina en las exportaciones mundiales de soja”.

Y aclara que si esta situación se revierte, tanto sea por baja de precios, una continuidad en el aumento de las retencinoes o por una suba de la inflación mayorista, “el escenario futuro impondrá una relación insumo/producto aún más desfavorable”, con lo cual “no será tan atractivo mantener los niveles de inversión productiva” debido a la desmejora en los márgenes.
Instaladas e inamovibles, las retenciones pasaron de un mero instrumento a ser el objeto de debate sobre la esencia de la política económica de la Argentina.

Debate de fondo

“Las retenciones me parecen indispensables”, disparó el economista e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Jorge Schvarzer. Y lo justificó: “El aumento brutal del precio internacional de la soa no es mérito de los productores argentinos, sino un efecto suerte que ocurrió en el mercado mundial”, dijo y por tanto, “si antes ganaban dinero, ahora esa ganancia es gigantezca”, agregó.

Para Schvarzer, eso desacredita la esencia de la protesta agraria. “En este paro, quienes tienen 300 hectáreas con soja y que saca 500 mil pesos por año, es decir un poco más de 40 mil pesos por mes, le cortó la ruta a un camionero que gana 3.000 pesos mensuales. No es un muerto de hambre el que cortó la ruta, no es el piquetero original que no tenía comida”, puntualizó.

De este modo, para el analista “este beneficio es una ganancia natural de la Argentina que le corresponde a toda la sociedad y es bueno que se reparta”.

“Los productores reciben en dólares y por tanto ganan un 50% más que hace un año”, justificó. Para el especialista, el reclamo justo se puede acotar a un universo muy pequeño. “La gente que produce 300 hectáreas de soja gana mucho dinero y el que tiene 100 hectáreas como no le conviene producirla alquila la tierra y vive de renta. La pregunta es ¿quiénes son los productores afectados por la medida?”, señaló. A su juicio, “existen algunos pequeños en Salta, Santiago del Estero que son producciones marginales, pero el 90% está a 200 kilómetros de los puertos”.

Frente a eso, “utilizando la imagen del productor marginal en la protesta del campo lo que se pedía era que se llenaran de oro las producciones medianas”, arengó.

Sin embargo, los analistas aseguran que esta rentabilidad sólo puede ser medida en la zona núcleo, pero no en las áreas marginales donde actualmente se cultiva entre el 30 y 40% de la producción sojera. Aseguran al respecto que “aún con retenciones al 35% se precisan 260 hectáreas para ganar 5.000 pesos mensuales”.

El reparto de la plata

Lo que arrancó como un debate sectorial terminó cuestionando además la distribución de los fondos en un esquema federal. Así, desde las entidades cuestionaron las retenciones al considerarla “fiscalista” y “disciplinadora” de los gobernadores. “La plata de las retenciones va a disciplinar a gobernadores e intendentes”, señaló el titular de Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, la semana pasada para cuestionarlas.

Aunque el artículo 75 de la Constitución Nacional establece que es facultad exclusiva de la Nación establecer los derechos de importación y exportación, la protesta agraria también puso en debate el reparto de los fondos y el destino que le da el Estado al que ingresa vía retenciones.

 

Un informe elaborado por el Instituto de Estudios Económicos (IEE) de Fundación Libertad, indica que "casi el 50% de la recaudación nacional de derechos de exportación son recabados en aduanas santafesinas".

El estudio precisa que desde 2003 hasta el tercer trimestre de 2007 ingresaron por las aduanas de Santa Fe 8.984 millones de dólares por retenciones, sobre los 19.173 del total de las provincias, es decir el 46,9%.

El IIE señala que esto implica que "esas exportaciones hacen uso de su de la red vial, ferroviaria, etcétera de Santa Fe". Por eso, el estudio cuestiona el reparto de los fondos. "Santa Fe no sólo pierde recursos sino que tiene que financiar obras de infraestructura y básicas esenciales para que el tributo sea recaudado", dice y señala que "eso tiene un doble perjuicio, los recursos que se van de la provincia, más las inversiones necesarias en logística que están a cargo del presupuesto local" (ver aparte).

Las obras hablan

Sin embargo, para Schvarzer, esta discusión es muy parcial. "¿Quién paga el aumento a los jubilados que representa 1.500 millones de dólares y que reciben los pasivos de todas las provincias?", indagó el especialista, quien consideró que en la misma sintonía se inscriben las grandes obras de infraestructura que recibirá, por caso, Santa Fe como la usina de Timbúes o en su momento el puente Rosario-Victoria o los presupuestos de las universidades nacionales radicadas en la provincia.

"Entonces, no estamos discutiendo si se gasta o no en Santa Fe, sino quién maneja la plata", cuestionó.

Operativo distracción

Para el economista y diputado nacional Claudio Lozano, esta dicotomía que el gobierno pretendió instalar entre "movimiento nacional versus oligarquía" para posicionarse frente al paro del campo no es inocente y, en definitiva "oculta la puja por la renta sojera y los intereses los grupos trasnacionalizados de base industrial que, en esta Argentina, han quedado como islotes en el marco de la desindustrialización vivida".

En medio, las entidades esperan la reunión con el gobierno para desandar las propuestas lanzadas la semana pasada, quizás una oportunidad histórica de definir una política agropecuaria en serio en la Argentina, donde la diferenciación de los actores, será clave.

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