Economía

Reactivación, distribución y pobreza: era por abajo

El aumento de la pobreza y el desafío de la segunda ola de Covid plantea el debate sobre cómo apuntalar y resguardar la recuperación

Domingo 11 de Abril de 2021

Con la fragilidad propia de esta coyuntura, el primer trimestre del año mostró una consolidación del rebote de la economía, estabilidad cambiaria y un sendero de recomposición fiscal. Más áspera se presenta la batalla contra la inflación y su impacto en los niveles de pobreza e indigencia, de los cuales dio cuenta el Indec hace algunos días.

Para los economistas del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), no hay otro camino para “sacar a la economía de la crisis” que aplicar “un shock redistributivo que impulse la demanda”.

Por eso, en su último informe de coyuntura, insisten con su propuesta de estimular la expansión de sectores “con amplios multiplicadores y bajas importaciones”, como la construcción y los servicios sociales. Esta estrategia de reactivación, sostienen, evita la restricción externa que aparece cuando la reactivación se apoya en el consumo de “sectores medio altos, que “tienden a concentrar el consumo en sectores altamente demandantes de divisas”.

Al respecto, un estudio de Ecolatina sobre el comercio con Brasil, aporta datos. En marzo, el intercambio con el principal socio del Mercosur cerró con un déficit de u$s 180 millones para la Argentina, luego de dos meses de superávit. En medio de una importante recuperación del flujo de negocios, la consultora advirtió sobre “la elevada elasticidad de las importaciones argentinas”. Señaló que el alza de compras a Brasil quintuplicó el crecimiento interanual del mes pasado, que estimó en el 8%.

La nueva ola de Covid 19 amenaza el sendero de recuperación de la economía. Y, al mismo tiempo, suma preocupación por la situación social. Los indicadores de pobreza e indigencia en la segunda mitad del año pasado empeoraron a nivel nacional. Pese a que la reapertura económica mejoró la situación del empleo, la trepada inflacionaria del último trimestre del año golpeó letalmente a casi la mitad de la población, cuyos ingresos que venían castigados desde hacía tres años y se derrumbaron con la pandemia.

Para el director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, el índice de pobreza de final de año “no sólo se explica por el Covid, porque en el cuarto trimestre el efecto aislamiento quedó reducido”. El efecto que se vio, dijo, es el del “deterioro de los salarios reales y precarización del empleo formal”.

Laura Caullo y Azul Chincarini, del Ieral, apuntaron que el aumento de 1,1 punto de la pobreza entre el primer y el segundo semestre, se explica en parte por la eliminación del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). “La recuperación de la actividad y el asistencialismo social remanente no fueron suficientes para mitigar el efecto de una caída de los salarios reales, producto de una aceleración de la inflación, y la culminación de estos programas”, agregaron.

Tras volcar más de cinco puntos del PBI a atender el año pasado los efectos de la emergencia sanitaria. el gobierno nacional aumentó la carga de la Tarjeta Alimentar, que llega a 1,5 millón de beneficiarios, potenció los Repro y amplió el programa Potenciar Trabajo.

El Ceso recordó que en 2020, ya antes de la pandemia, los bonos otorgados por el gobierno lograron compensar en parte la pérdida del 20% en el poder de compra medido en alimentos de la Asignación Universal por Hijo, el haber mínimo jubilatorio y la remuneración promedio de los trabajadores, que había dejado la administración de Mauricio Macri.

Pero señaló que este año “no parece existir la misma intensidad en la atención a la base de la pirámide social”. Y advirtió que “cristalizar esta distribución regresiva puede costarle demasiado caro” al gobierno en términos políticos y económicos. Su conclusión es que “así como existe un consenso en el rol de los programas de emergencia en la pandemia como un amortiguador de la caída la actividad económica, debería existir un consenso sobre la importancia de una mejor distribución para el crecimiento”. En este camino, entienden que la respuesta debe combinar una parte de gasto público en la mejora de los programas sociales y los salarios estatales con una conducción eficaz de las mesas sectoriales para garantizar que los mayores niveles de actividad no se acumulen enteramente en el sector empresario.

El Ceso recordó que el año pasado, la mitad de los 5,8 millones de trabajadores registrados privados que conservaron su trabajo empataron o le ganaron la inflación. La otra mitad perdió. Pero en los últimos cuatro años, casi todos perdieron. “Esta es la redistribución negativa que se dio en Argentina y es preciso revertir para agrandar el mercado interno, darle capacidad de consumo a la población, demanda a las empresas y, junto con la estabilidad y las vacunas, razones para invertir”, indicaron.

Para el economista Sergio Arelovich, la economía de 2021 “presenta un momento de equilibrio que despierta expectativas pero con un nivel de desocupación, pobreza e indigencia brutal e inaceptable”. Consideró impensable pretender volver a un equilibrio “sobre la base de esta desigualdad”. Y aseguró que es necesario “redoblar la apuesta” de las medidas tomadas el año pasado para enfrentar los efectos de la pandemia. “Hace falta mucha audacia para abordar esta situación de crisis”, enfatizó durante una entrevista con el programa radial “La banda cambiaria”.

El jueves pasado se presentó en Rosario el Plan de Desarrollo Humano Integral, que propone crear 4 millones de puestos de trabajo en la economía popular y 240 mil empleos registrados regulados por convenio colectivo. Se plantea como financiamiento una inversión inicial anual de $ 750 mil millones.

Por ahora, la apuesta más importante del gobierno nacional para 2021, cuando todavía no estaba presente en forma concreta la segunda ola de coronavirus, era la expansión de la obra pública.

En su último informe de coyuntura, el Ieral analizó las cuentas fiscales del primer bimestre. Señaló que las erogaciones que más subieron en el primer bimestre involucran a la inversión pública. Creció 178% la inversión directa y 94,5% las transferencias de capital a las provincias.

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