Domingo 29 de Junio de 2008
Con mucho más fervor que en años anteriores y un pocas veces visto sentido de la apropiación histórica de las gestas colectivas, muchos en la provincia de Santa Fe se acordaron este año de recordar un nuevo aniversario —el número 96— del Grito de Alcorta. El levantamiento chacarero de 1912, cuando los por entonces arrendatarios pedían reglas de juego claras a los grandes propietarios de la tierra, ocupó esta semana un lugar central en la agenda pública capitalina, preocupada como nunca por lo que pasa en el campo.
Lejos del miedo a las guerras, a las mangas de langostas o a la injusta repartición de la tierra que preocupaban a los productores de hace 100 años, los reclamos de los chacareros-propietarios posmodernos parecen en cambio centrarse en la preservación de las ganancias extraordinarias que brinda la misma Pampa que transitaron sus abuelos.
De la gloria a la depresión
A principios del siglo XIX Argentina se sacudía la resaca de los grandes festejos del Centenario ya muy consolidada como gran proveedora mundial de cereales y carnes. Además de las ventajas naturales —la tierra y el clima—, la llegada de capitales externos y de colonos europeos con tradición de trabajo agrícola, más el desarrollo de la infraestructura de puertos y ferrocarriles, permitieron que el país pisara fuerte en los mercados mundiales de materias primas.
Sin embargo, con el estallido de la primera guerra mundial la situación cambió drásticamente: se cerraron los mercados externos y también cesó el flujo de capitales, lo que se tradujo en una drástica caída de las exportaciones locales.
El pésimo contexto internacional le dio entonces visibilidad a conflictos que, si bien ya existían, estaban tapados bajo las montañas de divisas que entraban por la venta de commodities. La crisis económica hizo crujir la estructura social agraria, donde todos los actores empezaban a reclamar por lo suyo. "En la década de 1910 emerge con fuerza la cuestión social pampeana a través de numerosos conflictos que ponen en la discusión pública los aspectos negativos del modelo expansivo", dicen Osvaldo Barsky y Jorge Gelman en su libro Historia del Agro Argentino.
El endeudamiento que tenían los agricultores, los altos montos de los arrendamientos, la suba de los costos de los diferentes insumos y la brusca caída de los precios internacionales del maíz están en el origen de la asamblea de productores de Alcorta, el fenómeno histórico que después adoptaría el nombre de Grito de Alcorta y que significó además la partida de nacimiento de la Federación Agraria Argentina (FAA). Fue, como dice el historiador de las UNR Oscar Videla, el "debut gremial de los chacareros".
"El Grito de Alcorta fue el inicio de un largo ciclo a lo largo del cual los distintos actores del agro santafesino construyeron formas de vinculación y de enfrentamiento, y definieron relaciones específicas con los Estados nacional y provincial", resumió Videla en la Nueva Historia de Santa Fe.
De 1912 a 2008
Por cuestiones de fecha, es imposible no buscar en la actual protesta ruralista las similitudes y las diferencias con la que estalló en el sur provincial hace 96 años. "La primera idea visible que habla de las continuidades entre las dos protestas es el peso corporativo de los actores. En Alcorta surgió la FAA, apareció también en danza la Sociedad Rural, y luego se sumaron las Bolsas de Cereales. En el año 1912 el peso de las corporaciones como vehículo de los intereses individuales era muy visible, igual que ocurre ahora", apuntó Videla, invitado junto a su colega Marta Bonaudo por la comuna de Alcorta para conmemorar con un taller el 96 aniversario del levantamiento.
Según Videla, tal vez una de las mayores diferencias entre las dos protestas agrarias tiene que ver con los actores del conflicto. Dentro de un escenario extremadamente complejo, con una variedad importante de jugadores, la figura del chacarero es en la actualidad bastante diferente de lo que era a principios del siglo XIX. "En el 12 los chacareros eran casi por definición arrendatarios que dependían de las reglas que imponían los grandes. Basaban sus ganancias en la autoexplotación de sus propios recursos, en el trabajo familiar y en la mano de obra de los braceros. En cambio hoy, y debido en buena parte a la lucha del 12, la enorme mayoría de los chacareros son pequeños o medianos propietarios que tienen un margen de ganancia mucho mayor al que lograban siendo arrendatarios", puntualizó el especialista.
Según Videla, una de las "novedades" de la protesta que llevaron adelante los ruralistas tiene que ver con el arrendamiento, una modalidad que si bien estaba ya presente hace un siglo hoy cambió de sentido. "Antes el chico le arrendaba al grande, pero en cambio ahora muchos pequeños productores le arriendan a los famosos pooles de siembra. Hubo un cambio radical de lógica", dijo el investigador.
Campo y capitalismo
Elida Sonzogni, historiadora e investigadora de la UNR, situó las dos protestas como eslabones dentro del desarrollo en el tiempo del sistema capitalista. "A principios del siglo XIX los chacareros, que no eran propietarios, reclamaban mejoras dentro de lo que era el desarrollo de un capitalismo a la argentina. Hoy, en cambio, aparecen nuevos actores vinculados con lo que llamamos la globalización o el capitalismo tardío, como las multinacionales cerealeras o algunas entidades de comercialización intermedia".
Para Videla también queda claro que el reclamo del 12 se inscribía dentro de un marco de formación del sistema legal del capitalismo nacional. "Los asambleístas de Alcorta pedían por libertades capitalistas básicas, como poder elegir con quien comercializar el grano o la extensión de los contratos de arrendamiento de los campos", dijo.