Los mercados se vieron invadidos por un rumor el viernes 9 de mayo impulsado a
través de una cadena de emails, en los que se alertaba sobre la posibilidad de un nuevo corralito o
bien la colocación compulsiva de un bono a los tenedores de plazo fijo. Esto es algo imposible
porque no están dadas las condiciones para realizarlo.
Sin embargo, el temor invadió a los argentinos que salieron en forma desmedida a
comprar dólares. El Banco Central (BCRA) intervino en los mercados vendiendo billetes y dólar a
futuro. La confusión fue generalizada en un país que todavía tiene las heridas abiertas por lo que
aconteció en 1989 con el plan Bonex y el corralito de 2001.
Esta nota trata de explicar por qué no están dadas las condiciones para que esto
suceda, comentando los motivos que dieron lugar a las anteriores violaciones del derecho de
propiedad y su comparación con el escenario actual que es totalmente distinto y hacen imposible
aplicar recetas de este tipo.
El sistema financiero en 1989 adolecía de una regulación estricta. Las entidades
financieras eran edificios muy bien decorados, que mostraban fastuosidad y transmitían seguridad.
La captación de depósitos excedía largamente el patrimonio de las entidades, todo lo capturado en
el mercado se hacía a tasa regulada por el BCRA y se le prestaba al Estado nacional.
La hiperinflación desatada en la economía argentina en el marco de la transición
del gobierno de Raúl Alfonsín al de Carlos Menem se hacia inmanejable. El país tenía déficit
fiscal, tarifas públicas retrasadas (los servicios públicos estaban en manos del Estado y las
pérdidas de las empresas acrecentaban el déficit fiscal), la deuda pública era cada vez mayor y no
se conseguían recursos para pagar los intereses.
Algunos indicadores para tener en cuenta son el índice de inflación que en el
1989 era del 3.080% y la depreciación cambiaria del 4.771%.
En este escenario al BCRA se le hacía imposible pagar las tasas que había
pactado, por ello el 26 de diciembre de 1989 devolvió hasta un millón de pesos de los depósitos a
plazo fijo en efectivo, y por el resto del monto otorgó un bono de la deuda pública denominado
Bonex 89.
Así el gobierno pulverizó el déficit cuasi fiscal que le aportaba el BCRA, ya
que a partir de allí dejaría de tomar dinero del mercado y le devolvería a los bancos el rol que
deben tener en toda economía: prestarle a sus clientes y no al Estado.
En la actualidad no podría operar un plan Bonex porque los bancos no le prestan
al Estado, sino al público en general.
El corralito
En el 2001 la desconfianza invadía a los argentinos, el gobierno de De la Rúa no
daba credibilidad y la política de déficit fiscal cero no daba los resultados esperados. La
convertibilidad comenzaba a ponerse en juego con la corrida desatada en los bancos locales.
Para dimensionar la salida de fondos del sistema financiero se debe decir que en
octubre de 2001 los depósitos a plazo fijo en dólares se ubicaban en 40.236 millones de dólares y a
fines de diciembre cayeron a 24.606 millones de dólares. Bajaron un 40% en sólo 90 días.
Las reservas del BCRA, en octubre de 2001, se ubicaban en 18.080 millones de
dólares y a fines de diciembre en 14.546 millones de dólares. Una caída del 20% en 90 días.
De estos números se desprende que había más depósitos en dólares que reservas, y
que de continuar con la salida de depósitos, el gobierno se quedaría sin reservas, lo que traería
aparejado una contracción económica mucho mayor que la que ya se vivía y se haría imposible cumplir
con el pago de la deuda, algo que luego ocurrió cuando asumió como presidente Adolfo Rodríguez
Saá.
Un sistema financiero bimonetario no resiste la desconfianza, porque el BCRA no
puede emitir la moneda que no es propia. En este escenario, el gobierno debió recurrir, en un
comienzo, a un corralito a fin de que no salieran dólares de las entidades financieras, ya que no
tenía dólares para responder. Luego la crisis se potenció y el gobierno volvió a violar el derecho
de propiedad como en 1989, para corregir los errores cometidos en los últimos años de la
convertibilidad. Eso dio lugar a la pesificación de los depósitos.
En la actualidad no existe un sistema financiero bimonetario. En el sistema
financiero hoy los depósitos a plazo fijo en pesos se ubican en 93.252 millones de pesos y en
dólares en 4.750 millones de dólares. Esto quiere decir que en términos de dólares los depósitos a
plazo fijo sumarían cerca de 35.000 millones, mientras que en reservas hay 50.169 millones de
dólares. Con estos datos, el escenario actual dista de ser el que existió en el 2001 cuando se
instauró el corralito, por ende, no hay motivo para una medida de este tipo.
Suponiendo la hipótesis de que se inicia una corrida contra el sistema
financiero local, el BCRA actuará de igual forma que lo hacen la mayoría de los bancos centrales
del mundo, emitirá pesos para atender la corrida y asistiría con financiamiento a las entidades
hasta que la crisis se atempere.
En el mientras tanto, la casa rectora iría buscando socios para los bancos con
problemas y si no los encuentra, estatizaría a la entidad financiera con problemas. Ejemplos de
esto es lo que hizo la Reserva Federal de EEUU en el caso Bear Stearns, la estatización del banco
Northen Rock o el banco UBS de Suiza, ayudado por el Banco Central de el país helvético.
Con lo cual, esto sirve para aclarar que las condiciones económicas actuales no dan lugar para
aplicar medidas como el plan Bonex o el corralito de 2001.