Economía

Pobreza e indigencia, un debate que empieza por las estadísticas del nuevo Indec

Sin la referencia oficial, instituciones privadas calculan una pobreza muy superior, que va del 15 por ciento al 28 por ciento. Además, opinan sobre la agenda de política social.

Domingo 10 de Enero de 2016

Entre otras cosas, la llamada grieta se tragó las estadísticas de pobreza. Mientras Jorge Todesca revuelve entre los escombros del Indec, en la web del organismo oficial sobrevive la imagen photoshopeada -con fecha de 2013- de un país con 1 por ciento de indigencia y 4 por ciento de pobreza. Aunque todavía están procesando la información de un 2015 que termina con la devaluación y la inflación más altas desde 2002, instituciones privadas calculan una pobreza muy superior, que va del 15 por ciento al 28 por ciento. La diferencia no es solo teórica: afecta el diagnóstico y la elaboración de políticas públicas para atacar una cuestión en la que se anudan deudas de corto, mediano y largo plazo.

Como sucede con otros indicadores, a partir del desmantelamiento del Indec en 2007 y la intensificación de la disputa política, existe una amplia brecha entre la medición de pobreza que elabora el Estado nacional y las que realizan entidades privadas.

En efecto, para el Indec sólo 4,7 por ciento de la población argentina es pobre y 1,4 por ciento indigente. El dato corresponde a la primera mitad de 2013 y es el último disponible: desde hace dos años no mide la pobreza, según reconoció a principios de octubre el Ministerio de Economía, entonces encabezado por Axel Kicillof.

Sin embargo, desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina, calculan una pobreza entre cinco y seis veces superior. De acuerdo a su último informe, del último trimestre de 2014, el 28 por ciento de las personas son pobres y el 6 por ciento son indigentes.

Se trata , respectivamente, de 11 millones de personas que no alcanzan una canasta de bienes y servicios para vivir dignamente y más de 2 millones que no logran satisfacer sus necesidades alimentarias básicas.

Eduardo Donza, investigador del Observatorio, consideró que la manipulación de las estadísticas oficiales "es un desprecio a los que están sufriendo" la pobreza y buscó "hacer invisible algunos problemas".

Para Donza las cifras tan bajas se deben "a la canasta que se utilizaba" para establecer las líneas de pobreza e indigencia. Además, remarcó distintos criterios metodológicos con respecto al organismo oficial. Por ejemplo, al medir los ingresos de cada hogar: "Nosotros preguntamos cuál es el ingreso que recibe el hogar para su manutención, mientras que la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) le pregunta el ingreso a cada una de las personas, lo suma y de ahí saca el ingreso del hogar". Y agregó: "Por ejemplo, si hay un joven de 25 años en su casa, trabaja y parte de su sueldo lo ahorra en una cuota para comprar un departamento o un auto, para la EPH ese monto ingresó al hogar y nosotros no lo vamos a tomar".

En tanto, aseguró que la UCA toma una muestra de 5.600 casos y de ciudades de 80 mil habitantes o más, mientras que el Indec releva la mitad de casos, de aglomerados de más de 100 mil habitantes.

Sin embargo, otras instituciones plantean diferentes guarismos. Por ejemplo, el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) vinculado a la CTA encabezada por Hugo Yasky consideró que en el segundo semestre de 2015 el 19 por ciento de la población (8,4 millones de personas) era pobre y 4,5 por ciento (1,9 millón de personas) indigente.

Mariano Barrera, coautor junto a Pablo Manzanelli del informe especial de Cifra sobre el tema, planteó que la UCA utiliza "una muestra distinta, que no permite comparar el dato actual con la década del noventa". Además, cuestionó que "toma como índice de precios el promedio de los índices alternativos de precios, lo que es poco sólido metodológicamente".

Según consta en el informe, Cifra utiliza desde 2007 el llamado "IPC-9 provincias", un promedio ponderado de los índices de 9 provincias: Chubut (Rawson-Trelew), Jujuy, La Pampa (Santa Rosa), Misiones (Posadas), Neuquén, Salta, San Luis, Santa Fe y Tierra del Fuego (Ushuaia).

Por su lado, el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) considera que la pobreza de diciembre de 2014 fue 16 por ciento y la indigencia 5 por ciento. Aunque todavía están procesando los datos correspondientes a este año, el director del CESO, Andrés Asiain, estimó que 2015 terminará con un porcentaje inferior: alrededor de 14 por ciento pobreza y 4 por ciento de indigencia, por la desaceleración de la inflación en la primera parte del año y el establecimiento de acuerdos salariales por encima del alza de precios. No obstante, luego de la escalada de precios posballotage y la devaluación, ese cálculo optimista podría modificarse.

Según Asiain, los informes del Ceso se diferencian de los elaborados por otras entidades porque realizan un seguimiento diferenciado de la inflación general y la de alimentos, que registraron un aumento mayor al promedio. "La mayor parte de los centros estadísticos estiman la canasta de indigencia por la de alimentos y después llegan a la canasta total por la multiplicación de un coeficiente que toman del Indec, esto tiende a inflar el valor de la canasta básica total en el caso de la UCA y los ex trabajadores del Indec", explicó.

En particular sobre el Observatorio de la Universidad Católica, Asiain aseguró que la muestra "no es representativa" de la sociedad. "No captan hogares con ingresos superiores a 15 mil pesos, y si no se toma el 30 por ciento de la población que más gana, el porcentaje va a dar muy alto", planteó.

Para Asiain tanto las investigaciones del Indec como las de la UCA "están sesgadas". Y rechazó que se trate de "un error técnico". En su opinión, existe "intencionalidad política".

Dimensiones. En general, la pobreza suele medirse en función de ingresos. Para Asiain no es la mejor metodología, pero consideró que "es la más habitual porque es la más fácil".

Otra forma de medición es la llamada por necesidades básicas insatisfechas (NBI), que pone la lupa sobre déficits habitacionales y educativos, y se basa en información de los censos nacionales.

Como destacaron los especialistas, la pobreza medida por ingresos varía rápidamente, acompañando el ciclo económico. En tanto la reducción (o incremento) de la pobreza NBI es mucho más lenta: se vincula a cambios estructurales, de largo plazo.

En efecto, la pobreza por ingresos bajó entre 25 y 30 puntos en los últimos doce años: pasó del 49 por ciento de 2003 a valores cercanos al 20 por ciento, dependiendo de la fuente consultada. Medida por NBI la reducción fue menor: según el Indec disminuyó del 17 por ciento de 2001 al 12 por ciento de 2010.

En función de esto, desde la UCA proponen un índice "multidimensional" que incluya distintos déficits. Según aseguró Donza, si se toman tres indicadores de carencia, un 15 por ciento de la población "tiene problemas". Y si se toma una sola dimensión, el 52 por ciento es pobre. "La pobreza multidimensional es más exigente", resaltó.

Políticas. A partir de esta situación, aseguraron los especialistas, para lograr el objetivo de Pobreza Cero que plantea el nuevo gobierno (ver aparte) se debe actuar a distintos niveles y escalas.

"Es un problema serio y estructural, y requiere soluciones múltiples", expresó Eduardo Donza. En este sentido, el investigador de la UCA indicó que el mejoramiento de los indicadores de pobreza se estancó en 2008 y 2009 porque "se empezó a chocar con límites estructurales, muy asociados a la calidad del empleo de un sector informal".

"Si la estructura productiva no mejora, no van a mejorar el mercado de trabajo y los indicadores de pobreza", sostuvo.

En este marco, afirmó que son muy importantes "la participación privada y la responsabilidad social empresaria, las dinámicas territoriales y las responsabilidades de los distintos niveles del Estado".

Por su lado, Barrera señaló que debe haber "políticas de intervención del Estado y regulación en el mercado" y aumentar "el control del estado sobre las empresas para que cumplan la formalización" de los trabajadores y trabajadoras.

Pero además de las políticas macro, coincidieron los especialistas, se necesitan intervenciones focalizadas, aunque con una lógica diferente a la neoliberal. "El paradigma de los noventa tendía a dejar al mercado la regulación de las políticas laborales y a la periferia aplicarle políticas focalizadas", dijo Barrera.

En la misma línea, Asiain señaló que se puede crear empleo, pero "hay sectores de la sociedad argentina que vienen de años de marginación, falta de cultura de trabajo, déficits educativos, que son inempleables en términos del mercado".

"Para ese sector se necesita una política específica para darle acceso a un derecho universal como empleo, educación, salud", afirmó.

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