Economía

Pelea financiera en la batalla electoral que se viene

El proceso electoral entra en la recta final y la economía, o más precisamente el mercado financiero, se convierte en el escenario de una dura guerrilla política. 

Domingo 04 de Octubre de 2015

El proceso electoral entra en la recta final y la economía, o más precisamente el mercado financiero, se convierte en el escenario de una dura guerrilla política. El dólar blue, el contado con liqui y el dólar ahorro, se alternan para concentrar la adrenalina de los comentaristas financieros, según cual sea el que da la nota negativa del día. Los principios de la lógica se alteran y la coherencia analítica se pierde en la pelea en el barro.

El cepo cambiario es considerado una afrenta a la democracia occidental, pero cuando su canilla se abre en forma administrada a través del sistema de venta del dólar ahorro, pasa a ser una muestra descontrolada de la sangría de reservas que lleva inevitablemente a la devaluación.

La receta de la felicidad es pagarle sin chistar a los fondos buitres a cambio de la promesa de que se abrirá el grifo del financiamiento para las empresas locales, paso previo a una lluvia de dólares que caería sobre nuestras cabezas. Pero el pago del Boden 2015 y de los bonos de provincia, una muestra más de la vocación pagadora ( hasta extremos demenciales en algunos casos) del gobierno, es el tiro del final para las reservas, y lleva inevitablemente a la devaluación.

La city se conmueve y "la gente" entra en pánico: temen que venga la devaluación y esa expectativa provoca una demanda de dólares que genera una corrida de dólares, que afecta las reservas y termina inevitablemente en la devaluación.

El mecanismo de transmisión de información financiera se convierte en el paradigma de la alienación capitalista: convence a todos los sectores sociales de que el problema de un conjunto de sectores empresariales vinculados a la industria, las finanzas y el agro, es el de todos.

El próximo paso es denunciar un plan perverso del gobierno de "pasarle" la misión divina de corregir esas distorsiones al que lo suceda. Y el final del cuento es convertir el programa político de la megadevaluación y el megaajuste fiscal, es decir la recomposición de la tasa de ganancia de un sector empresarial a través de una transferencia de ingresos desde sectores no dolarizados, en un imperativo categórico. El castigo divino que "habrá que asumir con coraje político" para lavar el pecado del dispendio de la anterior administración, y de quienes la acompañaron.

Entre 2013 y 2014 ese mecanismo se desplegó dentro del mismo período de gobierno. El Ejecutivo compró el programa y lo procesó en una crisis interna que terminó con un cambio de ministro de Economía.

El ajuste fue heterodoxo e incluyó un refuerzo de los ingresos en la base de la pirámide salarial, mecanismo hoy denunciado como festival de gasto fiscal, y acuerdos internacionales que permitieron reforzar las reservas. Los mismos vaticinios que se multiplican hoy, son los que hace un año no se cumplieron. En esa apuesta fallida, hubo gente que perdió plata y alimentó un deseo de revancha que vuelve a exponerse en tiempos de campaña. El motivo de la movida no es sólo emocional. Muchos de los sectores empresarios que fueron beneficiados por la devaluación del año pasado no acompañaron la rentabilidad extra que le dio ese movimiento con una mejora de la competitividad. Y hoy, un año después, una economía de nulo o leve crecimiento, los obliga a hacer el ajuste de rentabilidad que no hicieron en ese momento.

En esta vuelta, la arremetida se potencia con el cambio de gobierno. El tiempo preelectoral, que además enfrenta a candidatos que entusiasman a la comunidad de negocios financiera por sus parecidos en materia de análisis económico, es el momento de posicionarse y presionar. En la batalla de la city el actual equipo económico respondió con medidas microeconómicas que apuntaron a administrar la especulación de bonos pero la gran apuesta, además de lograr que el pago del Boden 2015 sea interpretado como una muestra de fortaleza e institucionalidad, es lograr que se renueve el acuerdo de monedas con China. Algo que podría suceder la semana próxima en Lima.

En el terreno de la economía real, el gobierno viene sobrellevando las presiones a través de un fuerte activismo estatal para sostener la actividad, frente a un contexto internacional muy adverso. La economía, en este sentido, lejos está de brillar pero para el segmento poblacional que vive del producto de su trabajo en relación de dependencia y que no tiene capacidad de generar excedentes para atormentarse por las decisiones de inversión, es ciertamente más útil un sector público preocupado por sostener esa red de inclusión que un Estado dispuesto a ajustar a cambio de una promesas de prosperidad basada en la confianza de los mercados. El caso de Brasil está allí para recordarlo.

Pero apostar al combo de consumo, actividad y empleo, obliga a redoblar el esfuerzo. De la misma forma que un especulador lee la suba del dólar blue como una debilidad financiera, el hecho de que un empresario amigo del gobierno, beneficiado con negocios de todo tipo en la última década, anuncie en plenas elecciones el despido masivo de empleados en Villa Constitución sin que ningún político oficialista le llame la atención, puede ser leído por el sector del trabajo como una debilidad política.

Lo mismo con la desaparición de los cartelitos de Precios Cuidados de las góndolas de las grandes cadenas y la falta de reacción frente a las crisis de las economías regionales. La economía entra en un trimestre crítico, atravesada por fuertes tensiones y sin que le sobre nada. A veces, la tentación de ocultar los problemas impide valorar el impacto positivo que puede generar la actitud de enfrentarlos.

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