Domingo 27 de Agosto de 2023
La economía del conocimiento está transformando la matriz exportadoras del país, al convertirse en el tercer sector generador de divisas. Es una actividad federal y que se está transformando aceleradamente desde la exportación de horas de programación a productos y servicios más sofisticados. Crea puestos de trabajo a un ritmo de mil por mes y se sostiene en el marco de un sistema público y privado de promoción de la ciencia y tecnología que está garantizado por leyes parlamentarias aprobadas por amplia mayoría. “El modelo es muy claro y está muy probado, es el de Occidente y el de los gigantes asiáticos”, subrayóFernando Peirano, presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación. El funcionario llegó a Rosario para participar del lanzamiento de cinco start up en el Instituto de Procesos Biotecnológicos y Químicos (Iprobyq), que depende del Conicet. El consejo nacional de ciencia y tecnología quedó en el centro de la escena, como en otras épocas de la historia, luego de que el candidato presidencial de La Libertad Avanza, Javier Milei, propusiera cerrarlo. “Ir en esa dirección es ir a contramano del mundo y quien va a contramano termina estrellándose”, advirtió Peirano, para quien el ataque al sistema de ciencia es el reflejo de una mirada que prioriza el “modelo financiero” por sobre “el modelo productivo”. Y en ese punto, remarcó: “El sistema científico es una fábrica de pesos que se convierten en dólares”.
El candidato presidencial Javier Milei propuso cerrar el Conicet y volvió a poner en discusión el papel de la ciencia en el desarrollo económico. ¿Cómo se ve esto de la agencia de promoción científica?
El proceso electoral puso sobre la mesa dos caminos posibles para Argentina. Uno va a contramano del desarrollo y siempre termina en un evento desafortunado o en el desorden y el caos. Propone retirar al Estado de funciones básicas, como la promoción científica. El otro camino es profundizar lo que estamos haciendo. Que no es contraponer el Estado al mercado, ya que el modelo que tenemos es de promoción de la ciencia, que tiene énfasis en lo estatal, y en la tecnología y la innovación, que requiere de empresas, de industria, del agro, de un país con servicios sofisticados. La contraposición es, entonces, entre un modelo público privado y un modelo en el que se desarticulan elementos claves de la economía. Después de las Paso quedó al desnudo el pensamiento de uno de los candidatos a presidente, a favor de una Argentina sin ciencia, sin producción, donde reine la especulación financiera. Una idea que se presenta como novedosa pero huele a viejo porque es la de los 90. Me toca presidir una agencia que en estos cuatro años va a completar el otorgamiento de 8 mil proyectos, evaluados y auditados por la propia comunidad científica. Esta inversión sólo tiene sentido si podemos llevar los resultados de la ciencia hasta las últimas consecuencias. Por ejemplo, transformar la matriz exportadora. Y esta transformación hoy viene de la mano del conocimiento. La tercera fuente de divisas del país es la economía del conocimiento. Con la exportación de servicios sofisticados y con otros casos puntuales. Uno es el de la rosarina Keclon, una empresa que nace del corazón del Conicet. Los u$s 250 mil iniciales los aportó la Agencia pero después, con ese aval, el proyecto logró escalar y movilizar inversiones por u$s 14 millones, hasta conformar una planta industrial de altísimo nivel para producir una enzima que se usa en la industria para extraer con mayor eficacia el aceite que viene de la soja. Ayudó a expandir las exportaciones en u$s 500 millones. Una enzima que además se exporta. El sistema científico tecnológico es una fábrica de pesos que se convierten en dólares. Y ese es el camino que tiene que recorrer Argentina para solucionar los temas que hay que solucionar y tener sueldos más altos, trabajos formales y dólares genuinos para que la clase media tenga un instrumento de ahorro. Tenemos que estabilizar la economía pero con eje en la producción y el valor agregado. No hay solución desde desarmar lo que funciona bien. Y la ciencia, la producción con valor agregado en la Argentina, hoy funcionan bien. Los problemas no están en la micro sino en la macro. Como todo país de desarrollo intermedio, Argentina tiene contrastes. Hay cosas en las que ya llegó al desarrollo o está muy próximo a él, como es el sistema público-privado en materia de ciencia, tecnología e innovación. Eso tiene que ser un unto de apoyo, no podemos desarmarlo.
El debate recuerda al episodio en el que Cavallo mandó a los científicos a lavar los platos.
Al fin y al cabo el debate es el de un modelo financiero contra un modelo que apuesta a integrar de la producción. Y la producción necesita conocimiento. Hemos identificado en el país 60 pymes innovadoras argentinas, que son empresas que hacen de la innovación el corazón de su negocio. Como Tecme, que exporta equipamiento médica, respiradores, que nos permitió expandir por cinco las camas de terapia intensiva en la pandemia. Tenemos que poner en valor la capacidad de innovación de nuestras pymes.
La agencia es la conexión entre la ciencia, la tecnología y la empresa privada. ¿En qué lugar de la cadena de valor se nota su trabajo?
Tenemos casi 9 mil proyectos en marcha. Seis mil son de ciencia básica y aplicada. Otros 3 mil forman parte de un puente entre ciencia y producción, en cinco ejes temáticos que hoy priorizamos: salud, producción de alimentos, transición verde, transición digital y transición energética. Ahí estamos concentrados, impulsando nuevos actores, asociaciones público privadas y start ups. En Santa Fe hay un protagonismo enorme. Participa en cada uno de los eslabones: el de la ciencia, las nuevas empresas de base tecnológica, las empresas tradicionales que hacen innovación y en la transformación de la matriz exportadora. En el Iprobyq de Rosario esta semana se lanzaron cinco nuevas start up. Es un camino formidable de transformación, en el que una idea en un laboratorio se transforma en un prototipo, que luego se transforma en una solución social o de mercado. Y esa metamorfosis del conocimiento va a acompañado de una metamorfosis de los actores, que empiezan como un equipo de investigación y terminan como integrantes de una empresa de base tecnológico. El sector de la economía del conocimiento conocimiento hace dos años que está creando mil puestos de trabajo formales por mes.
¿Ese sector se concentra en el software o soluciones informáticas, o hay participación de la ciencia dura?
Sin duda, lo mayoritario son las horas de servicio que se brindan desde Argentina en programación y los servicios corporativos que se reseuelven desde la Argentina. Pero es un sector dinámico y en transofrmación. Se estan incorporando industrias culturales, proveedores de IA, biotecnología, new space. La conquista del espacio desde Argentina, que es algo que no debe sorprender porque somos un país con enormes tradición espacial, da oportundiades a pymes que desarrollan hardware, software y también intgerpretación de imágenes. La economía del conocimiento se está diversificando y tiene una característica muy bienvenida: es federal, porque la misma industria del software se tuvo que hacer federal para encontrar personal. Es un modelo que hay que ampliar y es un ejemplo de que hay cosas que sí funcionan.
¿Este sistema está resistiendo el impacto de la macro compleja en 2023?
Al principio de la gestión tuvimos el desafío de poner de pie al sistema. Y fuimos un poquito más allá de eso porque edificamos una política de Estado en pilares que están ligados a leyes. En 2020 la ley de promoción economía del conocimiento, una revisión de la que ya estaba. En 2021, la ley de financiamiento plurianual de la ciencia y tecnología, en 2022 la promoción de la biotecnología y nanotecnología. Y este año estamos promoviendo el crédito fiscal para I + D. Es un sistema novedoso para la Argentina este anclaje en leyes aprobadas por mayorías parlamentarias. Y complementa con el Fondef, un fondo para reequipamiento de las fuerzas armadas, que demanda de nuevas tecnologías. Cuando miramos todo esto vemos una macro de colores opacos pero una micro de colores brillantes. Y la apuesta a futuro es que la micro le dé el tono a la economía y ayude a dar solidez a la macro.
Quienes quieren cerrar el Conicet también promueven la consigna de “insertarse en el mundo”. ¿Es posible una cosa sin la otra?
Hay profundas contradicciones en esta idea de desarrollo sin ciencia. No hay experiencia en el mundo en la que haya desarrollo genuino sin una apuesta por la inversión en ciencia, desde los sectores público y privado. Uno de los candidatos que propone cerrar el Conicet dice haber leído “Start up Nation", el libro que relata el milagro económico de Israel, en el que la ciencia y la tecnología juegan un rol preponderante. El libro menciona el rol importantísimo de lo público. Israel invierte cutro veces más que Argentina desde el Estado. Esa inversión pública genera un umbral de oportunidades, sobre el que la inversión privada se apoya para que esas ideas se conviertan en valor de mercado. El modelo es muy claro y está muy probado. Es el de Occidente y el de Asia. Basado en el conocimiento, en la inversión pública y privada. Hay que confirmar el contrato social en torno a esto. Ir en otra dirección es ir a contramano del mundo y quien va a contramano termina estrellándose.