Economía

Paro, despidos y represión: una crisis que se generaliza

La respuesta de Macri a la contundente medida de fuerza en todo el país fue el brutal despido masivo de trabajadores en la agencia de noticias Télam y el apaleo feroz que uno de sus virreyes provinciales propinó a los docentes de Chubut.

Domingo 01 de Julio de 2018

"El gobierno no va a retroceder, por eso hay que enfrentarlo con más fuerza, unidad y organización". La advertencia de Sonia Alesso, secretaria general de Ctera frente a la multitudinaria movillización que coronó el paro nacional del lunes en Rosario, reveló rápidamente toda su precisión. La respuesta del presidente Mauricio Macri a la contundente medida de fuerza en todo el país fue el brutal despido masivo de trabajadores en la agencia de noticias Télam y el apaleo feroz que uno de sus virreyes provinciales propinó a los docentes de Chubut.

La naturaleza del gobierno nacional, los intereses que representa y el aislamiento político, parece conducirlo a redoblar la apuesta para convencer al "aliado de última instancia" que sumó Cambiemos para atravesar la crisis: el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Mientras rifa en el mercado los dólares del organismo monetario internacional, Macri despliega su fuerza de choque como garantía de llevar a las últimas consecuencias su programa de reducir el salario real, asegurar la fuga de capitales y desmontar el poder de control y regulación del Estado.

La verdad es que esos puntos del examen los está cumpliendo. El último dato del desempleo reveló un fuerte deterioro del mercado laboral respecto de fines del año pasado. Ese deterioro del mercado laboral, acompañado por la disparada inflacionaria, tuvo un efecto demoledor en la caída del salario real: 20% medido en dólares. Un reciente informe de Idesa lo resume: 1.285 dólares en 2015 contra 900 dólares de mayo, en términos promedio. La libertad para fugar capitales, a través del desmantelamiento de las regulaciones estatales, y el endeudamiento público para financiarla, completaron el formulario de los objetivos de política económica. En mayo, el balance cambiario volvió a mostrar atesoramiento récord, mientras que la balanza de pagos del primer trimestre exhibió un aumento sustancial de la deuda y déficit récord de cuenta corriente: 9 mil millones de dólares.

La proyección anual de este último dato asusta. El ajuste no corrige desequilibrios sino que los agrava. El Fondo es la última carta para atenderlo, toda vez que la falla del modelo imaginado por los estrategas oficialistas está en el compromiso político de sus aliados. Las corporaciones del agro elevaron su protesta contra la posibilidad de moderar el ritmo de baja de las retenciones. Incluso con arengas que contradicen la propia ideología económica: "Que traiga la plata que tiene afuera", le espetó el jefe de CRA al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne. Los colegas de Luis Caputo y del equipo de traders que tomó el Banco Central se muestran dispuestos a llevarse hasta el último dólar que prestó el Fondo. Tras un breve período de calma, y a pesar del festival de bonos y letras que ofreció a tasas récord, el dólar trepó a mitad de semana y la autoridad monetaria debió ampliar las licitaciones diarias de divisas. La palmada del Morgan Stanley ascendiendo a la economía argentina a la categoría de mercado emergente duró poco: la Bolsa se derrumbó, la divisas subió, el gobierno pagó tasas récord por las nuevas Letes y el riesgo país está en su nivel máximo desde 2015.

La inestabilidad cambiaria y también financiera se siente en la economía real y el propio Indec comienza a poner en números la experiencia que desde hace tiempo se vive en la calle. La actividad económica cortó en abril su racha de recuperación, de por sí basada en débiles fundamentos, las estimaciones privadas acusaron caídas en la industria, la construcción se frenó por la obra pública y la propia autoridad monetaria reconoció, al mantener intacta la tasa de política monetaria,que la inflación acelera. Todas estas variables conspiran contra la fantasía ideológica de equilibrar el modelo económico por vía de un ajuste. Más bien, como quedó demostrado históricamente, la política económica que ensaya el gobierno profundiza los desequilibrios.

En este contexto, no fue extraña la contundencia del tercer paro general de la CGT. Fue clave, además del activismo que acompaña la protesta social desde hace años, el compromiso que esta vez tuvieron organizaciones sindicales que hasta ahora le habían esquivado a la jeringa. Una muestra de que, al menos en esta coyuntura, el núcleo del universo político del presidente, está en proceso expulsivo. Un escenario que eleva los riesgos de virulencia en la respuesta oficial.

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