Economía

Pacto social, el arte de acordar un ajuste

La eximición del impuesto a las Ganancias para el medio aguinaldo de diciembre le causó a Mauricio Macri su primer roce con el sindicalismo, fundamentalmente con quien aspira a ser su principal interlocutor, Hugo Moyano.

Domingo 13 de Diciembre de 2015

La eximición del impuesto a las Ganancias para el medio aguinaldo de diciembre le causó a Mauricio Macri su primer roce con el sindicalismo, fundamentalmente con quien aspira a ser su principal interlocutor, Hugo Moyano.

Luego de que los dirigentes de todas las centrales se quejaran, pero sobre todo después de que el jefe de la CGT Azopardo advirtiera que "si le baja las retenciones al campo, le tiene que bajar Ganancias a los trabajadores", el presidente que todavía no había asumido debió protagonizar su primera desmentida de envergadura.

El alivio fiscal anunciado alcanza finalmente a una porción menor de los alcanzados por el impuesto a la Ganancias, que a su vez es una fracción menor del mundo del trabajo en relación de dependencia. Se trata, sin embargo, de una porción muy activa en la construcción del clima de opinión pública electoral y que es numerosa en el padrón de los sindicatos con mayor poder de negociación.

De allí que el primer traspié sindical de la nueva gestión no radique tanto en el impacto económico del tema en juego, sino en el efecto que tendrá sobre el armado de la propuesta más novedosa de todas las que ha dejado entrever hasta el viernes la administración entrante: el acuerdo económico y social.

Tanto el ministro de Trabajo como el ministro de Hacienda explicaron la ideas generales de este pacto. Básicamente, acordar una tregua en la puja distributiva entre precios y salarios, con perspectivas de bajar las expectativas inflacionarias. Dicho así suena muy neutral pero, con dólar libre y la promesa de una contracción fiscal importante, quedan el salario y la actividad económica como ancla para cumplir el objetivo de llevar el nivel de aumento de precios a un dígito.

Los primeros pasos de este programa salieron, hasta ahora, para el otro lado. El llamado de Alfonso Prat Gay, durante la campaña, a cubrirse indexando los precios tomando la referencia de un dólar de 15 pesos provocó una ola de remarcaciones. La consecuencia fue que en noviembre se duplicó la inflación mensual del año y que se quebró la tendencia a la desaceleración iniciada a mediados de 2014. Así lo reflejaron los datos de las consultoras privadas más serias.

La jugada fue concebida como parte de una arriesgada estrategia de campaña, que en un momemto debió ser escondida por su alto costo, y como parte del relato que se pretende instalar sobre una herencia económica crítica que le dejarían al actual gobierno. Dicho sea de paso, además de la continuidad de la política de ingresos mínimos y de los programas inventados por Kicillof, esta semana se derrumbó otro mito sobre la herencia: el nuevo embajador en China dijo que van a pedir la ampliación del swap con china y elogió enfáticamente la incorporación de esta nueva moneda global en las reservas. Tal parece que ahora los yuanes no eran papel pintado en el Banco Central sino un billete de lo más macanudo.

No hay en Argentina una crisis económica ni una necesidad urgente para resolverla. Hay una fuerte puja distributiva. Y hay un plan revalidado en las urnas para recomponer la tasa de ganancia de sectores empresarios atados al dólar, al comercio exterior y al mundo financiero. Dólar alto, eliminación de derechos de exportación, pago a los fondos buitre, retorno al mercado de créditos de bancos y fondos de inversión son los instrumentos que ofreció usar el gobierno electo. No hay novedad y ni gran ciencia en eso. Hay un peaje a pagar por los dólares o, en el mejor de los casos, un acuerdo. El arte estará si lo hará con mayor o menor crudeza. Hasta el viernes no había indicios claros.

En todo caso, el pacto social es clave para darle sustentabilidad política, económica y social a ese programa. Seguramente se pondrán sobre la mesa propuestas de ajuste y de amortiguación. Y, siguiendo la experiencia de otras décadas, probablemente se ofrezca un status especial para las centrales empresarias y sindicales que acepten los términos del acuerdo. Productividad, inflación futura, paritarias responsables, son los términos que introdujo Triaca en el diccionario de la negociación salarial. Van en sintonía con el programa general de restaurar el nivel de participación de los empresarios en el ingreso. De allí que la ofensiva de precios convocada por el actual ministro de Hacienda va más allá de una estrategia de campaña o discursiva. Al fijar esta semana el final de noviembre como el momento al que se deberían retrotraer las remarcaciones de la úlitma parte del año, revela implícitamente que la duplicación inflacionaria de ese mes es el nivel de cobertura inducido para el Estado de cara a las negociaciones del acuerdo económico social.

Así, los empresarios llegarán a esa mesa de diálogo con sobredosis de aumentos, suficiente stock de mercadería valorizada en dólares y, en muchos casos, con menos impuestos. Quedará por ver con qué nivel de cobertura llegarán los sectores atados a ingresos fijos en pesos fijos a esa discusión. Diciembre será clave.

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