Oscar Martínez: "El mito del fin del trabajo funciona como una amenaza"

El sociólogo especialista en el mundo del trabajo presentó en Rosario su libro sobre inteligencia artificial y movimiento obrero

06:10 hs - Lunes 12 de Octubre de 2026

“El punto en común entre las distintas ramas de actividad es el aumento de los ritmos de trabajo, las presiones y la hipervigilancia”. Así describió el sociólogo Oscar Martínez el impacto de la Inteligencia Artificial sobre la organización laboral.

Con una larga trayectoria como asesor sindical, el codirector del Taller de Estudios del Trabajo presentó en la Feria del Libro de Rosario su nuevo trabajo: "Cambio tecnológico, inteligencia artificial y movimiento obrero". Allí aborda la tecnología que está transformando el mundo desde el punto de vista del impacto de su impacto sobre la clase trabajadora y la organización gremial. Para eso se mete en la cadena de valor, estudia los los puestos de trabajo que intervienen, analiza el impacto ambiental y el efecto en la salud laboral. También asegura que no significará el fin del trabajo. “Ese mito funciona como una amenaza para que aceptemos lo que hay”, subrayó.

-¿La Inteligencia Artificial significará el fin de los trabajadores?

-No, de ninguna manera. Cada vez que hubo un cambio tecnológico o algún punto de automatización se nos dijo que era el fin del trabajo. Desde la máquina de vapor, la automatización eléctrica y la mecánica. En los años 90 se hablaba del fin del trabajo y también del fin de la historia. La realidad es que algunos puestos van a desaparecer, la mayoría va a sufrir transformaciones y van a surgir nuevos. El mito del fin del trabajo funciona, como siempre, con dos caras opuestas, una que dice que no va a haber más esfuerzo físico y otra que amenaza: acepten lo que hay porque el trabajo se va a acabar.

-¿Cómo es la cadena de valor de la IA?

-La inteligencia artificial está generando cientos de miles de puestos a lo largo del planeta. Lo que circula en muchísimos medios y propagandas es la punta del iceberg. Primero, reducen el tema a la inteligencia artificial generativa, que redactan textos o generan imágenes. Pero la inteligencia artificial no es solo esa parte. Es una cadena que se basa en equipamiento, en un montón de materiales y productos cuya cadena de valor arranca con dos minerales, el coltán y el cobalto, esenciales para cualquier celular, computadora, servidor. Estos minerales se extraen a mano en pequeños pozos donde buena parte de la mano de obra es infantil, y entran con picos y palas a sacar con las manos el material por centavos de dólar.

-Ya arranca con explotación

-Arranca con condiciones miserables y un nivel de explotación tremendo. La foto que ilustra la tapa de libro está sacada de una mina de coltán. Esos minerales después van a fábricas donde se hacen los componentes, y esos componentes van a otras fábricas donde se ensamblan, ocupando a cientos de miles de trabajadores que trabajan bajo un régimen llamado 996, de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días por semana, con pagas miserables y ritmos de trabajo mortales. Después están los que etiquetan la información. Porque la inteligencia artificial no aprende de la nada y hay que cargarla con información. Un niño de cinco años sabe distinguir perfectamente un perro de un gato. La IA artificial necesita que le carguen miles de fotografías de distintos tipos de perros, distintos gatos, distintas razas y alturas. Esa información ocupa gente que no se ve porque es teletrabajo. Otro puesto durísimo es el de los moderadores. Como a la inteligencia artificial no le está permitido trabajar con crímenes, torturas, violaciones o maltrato, hay gente cuyo trabajo es ver eso durante doce horas por día. Esa gente termina muy rápidamente con estrés postraumático. Y la última etapa, que es lo que vemos en las propagandas, son los ingenieros de Silicon Valley, que ganan bien y tienen un trabajo menos sufrido, aunque están bajo una competencia feroz y, pasados los 40 ó 45 años, ya no tienen mucha utilidad.

-No es una tecnología inmaterial

-Es todo lo opuesto a la inmaterialidad. Cuando nos dicen que nuestra información o los datos están guardados en la nube, hay que saber que la nube son gigantescos centros de datos, galpones, donde hay miles de servidores que guardan los datos por un lado y procesan la información por el otro. Hoy en día son un cuello de botella porque compiten por la electricidad y por el agua con los seres humanos. Se está viendo en muchísimas regiones y ciudades que se están negando a que se instalen estos centros de datos porque se disparan los precios de la electricidad y empieza a faltar agua. Por eso la Patagonia es un lugar bastante mirado.

-¿Cuál es la estructura de negocios detrás de esta tecnología?

-La leyenda dice que Elon Musk, Bill Gates y muchos otros que empezaron desde un garage. La realidad es que siempre estuvo detrás el Ministerio de Defensa de Estados Unidos. No hay que renegar de la inteligencia artificial pero esta IA, bajo este uso y estos propietarios, es fundamentalmente para la destrucción, la vigilancia o para tener mayor eficiencia militar.

-¿Qué impacto puede tener en la organización del trabajo?

-No es lo mismo la inteligencia en logística que en la industria o en la IA generativa. Indudablemente va a modificar tareas dentro de los puestos de trabajo más que eliminar puestos. Antes un abogado tenía que buscar en software de abogados o en Google un montón de fallos y jurisprudencia, hoy se lo pide a la inteligencia artificial y se lo trae muy rápidamente. Un médico le carga una radiografía y se la compara con decenas de miles de radiografías. Eso no hace desaparecer el puesto de abogado o de médico. Lo que hace es que, al tener un asistente muy rápido, cada abogado o médico que trabaja para un estudio o una prepaga va a atender muchos más casos, acelerando los ritmos de trabajo. El punto en común entre las distintas ramas de actividad es el aumento de los ritmos, el aumento de las presiones y la hipervigilancia. Antes, en un call center, los operadores sabían que había un supervisor escuchándolos, pero no sabían en qué momento. Ahora es la inteligencia artificial la que no solo los escucha, sino que mira las expresiones, la entonación y recomienda corregir a tal operador, despedirlo o darle más trabajo. De la misma manera, los algoritmos de delivery o transporte le pasan más pedidos a aquellos trabajadores que están disponibles 24 horas al día, los siete días de la semana. El algoritmo, que es programado por alguien, está preparado para darle más trabajo a quienes no ponen ningún límite.

-¿La organización sindical puede actuar eficazmente dentro este sistema?

Hubo experiencias exitosas, por ejemplo contra Amazon en la cadena de logística y distribución. Hubo organización de moderadores en Kenia, la gran huelga de los guionistas de Hollywood, y se están elaborando demandas y plataformas para controlar esa caja negra que es el funcionamiento de la inteligencia artificial. Como pasó siempre con el movimiento obrero, primero vienen las innovaciones y movidas del capital y los empresarios, y después vamos aprendiendo cómo resistir. Ha habido resistencia, ha habido triunfos y se va aprendiendo sobre la marcha.