Economía

Menem y la herencia

La herencia menemista sigue presente en la fragmentación, la precariedad y la desigualdad que lo caracteriza hoy en día

Domingo 21 de Febrero de 2021

En el año 1994, durante el gobierno de Carlos Menem, la tasa de desempleo atravesó por primera vez la barrera de los dos dígitos De todas las huellas que dejó su administración, la transformación estructural del mercado del trabajo es quizás las más profunda por su impacto económico, social y cultural.

Pese a la fuerte recuperación de empleo durante la primera etapa de la posconvertibilidad, el mercado laboral nunca volvió a ser el mismo. La herencia menemista sigue presente en la fragmentación, la precariedad y la desigualdad que lo caracteriza hoy en día.

El desempleo de dos cifras llegó acompañado del aumento de la subocupación y de una asociación directa entre exclusión del mercado de trabajo y la pobreza.

Nació con una polémica emblemática. Cuando se conoció la tasa de desocupación del 12%, la reconocida socióloga Susana Torrado explicó que ese brusco salto era producto de la política económica. Cavallo la mandó a “lavar los platos”. Misoginia y algo más: por entonces reinaban los economistas y reclamaban para su disciplina la exclusividad de esos análisis.

La política económica del período menemista completó el programa que quedó inconcluso con la caída de la dictadura militar. Tras la crisis hiperinflacionaria, la estabilidad de precios habilitó una transformación brutal. La apertura económica, el endeudamiento, las privatizaciones, las AFJP, la caída de los establecimientos industriales, el cepo a las paritarias, la transferencia de servicios a las provincias, formaron parte de ese modelo. También los grandes cambios en el agro, que empoderaron a la burguesía agroindustrial a través del salto tecnológico, la desregulación y las privatizaciones. La contracara fue la caída de cien mil explotaciones.

En su “etapa de oro”, hasta 1994, la convertibilidad impulsó niveles de crecimiento de dos dígitos. La crisis del tequila fue un punto de inflexión. Comenzó a cambiar el escenario internacional, la paz cambiaria mutó en atraso y la reforma previsional y el peso de la deuda erosionaron cada vez más las cuentas públicas.

El aumento del desempleo y de la conflictividad acompañaron este paulatino declive que se transformó en agonía durante la etapa final de la paridad cambiaria en el gobierno de Fernando de la Rúa, hasta que estalló en 2001.

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