Domingo 09 de Abril de 2017
Según el diccionario, un estímulo o incentivo es una señal que puede ser de origen interno o externo y es capaz de provocar una reacción en una célula u organismo viviente. Pero, ¿cómo funcionan los incentivos en la economía?
Esta sensibilidad o reacción en los vegetales se llama tropismo, en los animales simples tactismo y en los vertebrados (nosotros) nos valemos de los 5 sentidos para capitalizar situaciones que se producen en el medio ambiente a los que le damos forma o interpretación condicionados por nuestra historia.
La economía, para generar sus efectos, utiliza un arsenal de herramientas tales como: precios, impuestos, aranceles, subsidios y regímenes de exenciones entre otros. Estas operan como incentivos y paralelamente generan expectativas (algo así como el premio esperado). Ambas herramientas son muy potentes porque direccionan las reacciones que una determinada política desea lograr sobre un objetivo especifico.
En términos simples, la filosofía del palo y la zanahoria en la economía de los incentivos funciona y perfectamente.
El conocido economista ingles, John Maynard Keynes cuya corriente económica se denomina keynesianismo, fue la respuesta reactiva a la gran depresión económica que vivía los Estados Unidos en el año 1929. Keynes en su obra cumbre "Teoría general del empleo el interés y el dinero" (1936) plantea básicamente que la economía genera resultados en base a los estímulos y que estos a su vez generan las expectativas que luego se potencian con la consecución de los resultados y en un círculo virtuoso la economía comienza a retomar la senda del crecimiento deseado.
Uno de los lineamientos teóricos de su obra, se fundamenta en que los movimientos de la demanda agregada (o sea la suma de la demanda de cada uno de nosotros) genera reacciones sobre el nivel de empleo y éste a su vez sobre los ingresos de quienes forman parte de la actividad laboral que los genera. Decía que las instituciones gubernamentales (en sus diferentes instancias) eran capaces de generar los estímulos necesarios para encaminar la economía a determinados escenarios y de cierta forma controlar o direccionar los procesos de recuperación posteriores a las crisis económica. Digamos que se apoyaba en el aparato estatal como fuente de generación de incentivos y descansaba de alguna forma en su dinámica como un by pass que le devuelva vida a la economía.
Estas políticas de "gastos e inversiones" estatales sobre la que se posaban los incentivos económicos, eran verdaderas políticas de reactivación contracíclicas. Habló de reactivación en el corto plazo, pero no en el largo ya que el crecimiento de una economía no puede sustentarse en el gasto (por más eficiente que sea) sino en la genuina inversión productiva (no financiera) y en el valor agregado que las mismas aporten al conjunto de la sociedad. El Estado juega un rol vital porque con su filosofía de incentivos define un perfil ante el capital más dinámico e inseguro que es el de las inversiones.
Keynes decía que el Estado (nacional, provincial o municipal) en el cumplimiento de sus funciones, brinda a la población como respuesta al pago de los impuestos servicios esenciales tales como: obras públicas, salud, educación y seguridad, entre otras, generando así en el resto la economía un efecto multiplicador, algo así como efecto rebote o derrame de las actividades económicas estatales sobre el resto de la sociedad.
En su famoso ejemplo, dijo que haciendo pozos y luego tapándolos se generaba empleo (sin valor agregado, pero empleo al fin decían). Con estas obras públicas algunas de ellas muy básicas, lograban mantener cierto porcentaje de la población ocupada aunque no sea en tareas que le aporten crecimiento genuino a esa realidad de crisis que vivía los Estados Unidos en el 30.
La teoría Ricardiana daba cuenta que cuando aumentaba el gasto público se generaba una contrapartida o achicamiento del gasto privado, porque ese mayor gasto público se debía financiar con más impuestos que naturalmente recaen sobre la población, deprimiendo así el gasto corriente. En castellano, cuando el Estado aumenta su gasto, ¿adivina quien lo paga?
La discusión será eterna entre los economistas. Están quienes otorgan al mercado la posibilidad y capacidad resolver todos y cada uno de los nervios de la economía. Keynes proclamaba el intervencionismo como una reacción necesaria ante situaciones de desvíos apelando al Estado con motor de arranque en situaciones de crisis.
¿Te suena conocida esta discusión? Los países que optaron por la libertad económica (que apostaron a los incentivos del mercado y a la libre competencia), lograron los últimos 80 años un crecimiento del Producto Bruto Interno per cápita seis veces superior promedio a logrado por economías reprimidas como la Argentina que optamos por un mayor intervencionismo del Estado para resolver los problemas que finalmente terminamos agravando y empobreciendo a la sociedad. El Indice de Libertad Económica de la Fundación Heritage posiciona a la economía argentina en el puesto 169 entre 178 países y en Latinoamérica en el puesto 27 entre 29 países.
Es cuestión de incentivos, Keynes llamó "animal spirits" a la emoción o el afecto que influye en el comportamiento humano a la hora de tomar decisiones. La inestabilidad o especulación son características de la naturaleza humana, gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo (incentivos) que de una expectativa racional o cálculo matemático.
De esto también se trata la econo-mía.