Economía

Los coletazos de la devaluación en la economía real

La apertura de la negociación paritaria, que arrancó esta semana formalmente en la Nación con los gremios del sector público y privado y en la provincia con los estatales, sigue atada a una demanda que lleva implícita la pérdida del poder adquisitivo del salario que devino con la modificación del tipo de cambio y que necesariamente el sector del mundo del trabajo quiere incluir en la discusión.

Domingo 14 de Febrero de 2016

La devaluación de fines de 2015 comenzó a expresar en la economía real los efectos más duros. La apertura de la negociación paritaria, que arrancó esta semana formalmente en la Nación con los gremios del sector público y privado y en la provincia con los estatales, sigue atada a una demanda que lleva implícita la pérdida del poder adquisitivo del salario que devino con la modificación del tipo de cambio y que necesariamente el sector del mundo del trabajo quiere incluir en la discusión.

Pero además, la competitividad del dólar que con tanta vehemencia demandaban algunos sectores productivos de la Argentina en el último tramo del ciclo kirchnerista, acompañada por una aceleración de la inflación en los últimos dos meses que el gobierno de Macri no logró frenar, resintió la debilitada estructura de las economías regionales haciendo estragos al interior de muchas cadenas de valor.

Esta semana volvieron a repetirse las asambleas de productores tamberos al interior de la cuenca productiva para alertar sobre un nuevo frente de tormenta en la actividad, amenazada ya no sólo por las disputas tradicionales entre producción e industria sino además por los efectos negativos que trajo a la lechería la eliminación de las retenciones al maíz, insumo básico de la producción lechera.

Desde Federación Agraria Argentina aseguraron que la mejora en las cotizaciones del grano grueso provocaron un quiebre al interior de la cadena que lo incluye en su esquema de costos. Y además, aseguran que el subsidio implementado por el gobierno nacional el mes pasado no alcanza para que cierre el negocio en un tambo chico. El vicepresidente de la Unión General de Tamberos de la Argentina, Guillermo Draletti, denunció esta semana que las ganancias en el sector bajaron un 30 por ciento y dijo que se cierra un establecimiento por día. Sucede que hace un año el tambero cobraba 3,80 pesos por litro de leche entregada a las usinas y ahora sólo recibe 2,20 pesos. En ese marco también cuestionan que la industria incumple con el acuerdo pautado con la Nación de 2,90 pesos.

Los tamberos vuelven a apuntar así sus dardos hacia la industria y también a la cadena comercial supermercadista, un eslabón hacia el cual también cuestionaron los productores ganaderos en los últimos días, cuando el tema de la carne copó la agenda pública.

Mientras el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile, insiste en que el asado no debe valer más de 90 pesos al mostrador y amenaza con importar carne para frenar la escalada especulativa, en la cadena salieron a repartir culpas. Y todos los números se los llevó el eslabón del retail, señalados tanto por el sector de la producción, como por la industria y los comerciantes minoristas.

En esa puja distributiva al interior de las cadenas es donde el gobierno pretende instalar la discusión macroeconómica cuando asegura que va a reflotar la Comisión de Defensa de la Competencia o anuncia que obligará a los supermercados a publicar en forma on line y en tiempo real los precios de los productos que comercializa. En cambio, desiste de terciar en la estructura más profunda del problema que es la apertura de la estructura de costos de los sectores formadores de precios, que en general representan a los grandes holdings económicos más concentrados de la economía argentina, ubicados en la vitrina de los "intocables". Ese mismo núcleo al que Macri les sigue reclamando por la escalada inflacionaria sin mayores éxitos al punto tal que parece haber elegido el camino de enfriar la economía antes que contradecirlos en sus intereses.

Los pronósticos oficiales prevén una inflación del 25 por ciento para este año y sobre esa meta buscan anclar las paritarias con un argumento que hasta hace poco lucía extemporáneo, pero que el gobierno insiste en reforzar. Cuando aseguran que no van a poner techo a la negociación salarial lo hacen con el convencimiento de que no será necesario pelear por mucho más, porque en rigor también tienen la certeza de que la aceleración de precios se frenará por la menor actividad económica. "Tener una baja inflación pero porque se enfrió la economía no es una buena noticia", dijo esta semana un dirigente sindical que negocia paritarias en la provincia, convencido de que en un contexto de menor actividad, el primer fuelle es el empleo.

Ese contexto más recesivo no es el mejor escenario para enfrentar una economía global que no muestra señales demasiado alentadoras en el corto y el mediano plazo.

Las noticias que llegan desde Asia sobre una posible devaluación del yuan cercana al 30 por ciento cruzaron el Pacífico a la velocidad de la luz y encendieron el alerta en las autoridades monetarias de la Argentina, que comenzaron a captar dólares para atajar cualquier movimiento en la economía del gigante asiático, por la posición que tiene el BCRA en esa moneda.

Pero además, si China es la amenaza permanente de las economías de la región por la competitividad de sus manufacturas, un escenario devaluatorio que profundice esa característica es una nueva Espada de Damocles para las industrias latinoamericanas. Y de eso, Argentina no se salva.

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