Economía

Los capitales argentinos cambian los agronegocios en Uruguay

La plata del campo argentino está buscando nuevos horizontes. En una estrategia que se presenta como "diversificación de riesgos", las inversiones en el sector agropecuario —esencialmente productivas pero también de bienes de capital— pusieron un pie en Uruguay y provocaron lo que los charrúas denominan "una nueva revolución productiva".

Domingo 01 de Marzo de 2009

La plata del campo argentino está buscando nuevos horizontes. En una estrategia que se presenta como "diversificación de riesgos", las inversiones en el sector agropecuario —esencialmente productivas pero también de bienes de capital— pusieron un pie en Uruguay y provocaron lo que los charrúas denominan "una nueva revolución productiva".

Como ocurrió en la Argentina en la década del 90, el país vecino asistió a un proceso de expansión de la frontera agrícola que provocó una revaluación de las tierras aptas para los cultivos y que vino de la mano, esencialmente, de capitales argentinos.

Según datos de un informe publicado por la Cámara de Comercio Uruguayo Argentina, el aumento de la producción sojera en Uruguay creció 50 veces desde la campaña 1999/2000. Actualmente en el vecino país hay 450 mil hectáreas implantadas con soja y más del 54 por ciento de esa superficie "está siendo explotada por productores que ingresaron al país desde 2002, en su mayoría proveniente de la Argentina", explica la publicación de la entidad, aunque también de grupos brasileños que secundan a los locales como Ernesto Correa, que cuenta con más de 100 mil hectáreas en Cerro Largo.

El grupo El Tejar, que comanda el empresario que hoy preside Aacrea Oscar Alvarado, es el principal inversor argentino en el vecino país, con 75 mil hectáreas y planes de llegar a las 100 mil en poco tiempo. Le siguen Los Grobo, de Gustavo Grobocopatel, con 40 mil hectáreas sembradas, en su mayoría bajo el sistema de arrendamiento.

También invirtieron en el vecino país Agronegocios del Plata, de capitales argentinos asociados con el productor uruguayo Marcos Guigou. También Calix Agro (capitales argentinos y la multinacional Dreyfus) y Cresud (del grupo argentino Irsa). Por otra parte, teniendo en cuenta la producción de todos los cultivos, según datos de la Facultad de Agronomía uruguaya, en la zafra 2007/2008 el 25 por ciento del área agrícola corresponde a empresas extranjeras o relacionadas con capital extranjero. Este proceso, alentó la revaluación de las tierras productivas y al mismo tiempo la demanda de servicios (insumos y desarrollo biotecnológico) para atender a un sector que le permitió cobrar el dinamismo que la agricultura uruguaya tenía en las décadas del 60 y 70.

El Embajador argentino en Uruguay, Ricardo Patiño Mayer, señaló que a raíz de que en ese país no se pagan retenciones, hay un flujo de inversiones en el litoral uruguayo. "Se están pagando precios descomunales por las tierras que están distorsionando el mercado", aseguró el embajador.

Por caso, según datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca del vecino país, el precio promedio de la tierra en Uruguay pasó de 385 dólares la hectárea en 2002 a casi el doble (725 dólares) en 2005, mientras que en los últimos años ese precio se volvió a duplicar hasta llegar a los 1.400 dólares la hectárea.

Sin embargo, los datos de mercado superan ampliamente estas previsiones. Según explicaron los empresarios uruguayos, las mejores tierras no bajan de 5.000 dólares la hectárea y en algunas zonas empardan los valores que se piden en la Pampa Húmeda argentina, alrededor de los 12.000 mil dólares.

Aunque los precios en promedio son menores a los que un inversor paga en la Argentina, la inestabilidad de los suelos —que demanda especiales técnicas de manejo— compensan el desembolso. Sin embargo, en este equilibrio también juegan los costos fiscales que son mucho menores en Uruguay.

"Si bien en la Argentina los campos son más productivos, el clima más estable y los costos (puerto o gasoil) son menores, la presión tributaria agravada con las retenciones es mayor", señalan en el informe de la Cámara.

Claudio Williman Fossati, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de la Empresa (UDE) —centro académico que está trabajando para avanzar en desarrollos biotecnológico en conjunto con los institutos de Rosario del área— explicó que "si bien la superficie agrícola en Uruguay aumentó en los últimos años, en realidad recién está llegando a lo que fue el desarrollo de la década del 60". En ese punto, precisó que "no es que se volcaron tierras nuevas, sin antecedentes o sin estudios, si no que recién se vuelve al boom agrícola uruguayo de aquella década".

"La tecnología de la maquinaria agrícola argentina trasladada al campo uruguayo por firmas del otro lado del Río de la Plata produjo un incremento extraordinario de la eficiencia agrícola local, fenómeno al cual el ex presidente Jorge Batlle calificara de la más importante revolución productiva del área en la historia de Uruguay", expresa un informe elaborado por la Embajada Argentina en Uruguay.

Ecuación conveniente 

Williman Fossati explicó que Uruguay tiene una gran variabilidad de suelos y cada uno de ellos requiere de una rotación de cultivos y manejo especial. "Tenemos problemas de pendiente de relieve, hay zonas donde la pendiente para escurrimiento provoca riesgos de erosión", dijo el especialista y en función de eso están trabajando tanto desde el sector público como académico con el sector privado para estabilizar los suelos productivos.

En ese camino la UDE firmó con El Tejar un convenio para desarrollar cursos sobre agricultura sostenible en aquellas zonas que no son de tradición agrícola en Uruguay. Williman Fossati explicó que este grupo inversor "desarrolló mucha agricultura en el litoral uruguayo, contra el río Uruguay, que es una zona tradicionalmente agrícola, pero ahora se está extendiendo al centro y al noreste del país donde no hay experiencia en agricultura". Se trata de zonas de producción ganadera que buscan ingresar a la agricultura y los productores desconocen el manejo.

A diferencia de la Argentina, donde la expansión de la frontera agrícola tuvo características bastante anárquicas, en Uruguay ya existe una tradición de políticas públicas para definir el uso del territorio. "Uruguay tiene un estudio muy profundo de todos los suelos y cualquiera con el número de padrón de un predio puede entrar a la página web del Ministerio y conocer las características de los suelos. Así es más fácil planificar cuáles son aptos para ganadería, para agricultura o forestación", explicó Williman Fossati.

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