En Foco

Las urgencias del verano

El Indec confirmó que el gobierno falló por tercera vez en su pronóstico de inflación.

Domingo 14 de Enero de 2018

El relax vacacional que exterioriza el presidente y sus ministros contrasta con la necesidad y urgencia que justificaría el megadecreto que modifica casi dos centenares de leyes y resoluciones de amplio espectro pero con dos objetivos centrales: ajustar el Estado y desregular la economía. Entre otras cosas, otorga un anticipo del blanqueo laboral a empresarios que empleen a trabajadores en negro, hasta que haya clima político para la reforma de las relaciones del trabajo. También flexibiliza la utilización del fondo de garantía de las jubilaciones en el negocio financiero (paso previo a la securitización de los créditos Argentina), elimina registros, deroga regulaciones bancarias y cambiarias, permite el embargo directo de las cuentas sueldos y profundiza la apertura de importaciones.

La eliminación de licencias no automáticas, en un contexto de déficit comercial récord, agigantará el desequilibrio de las cuentas externas y aumentará la vulnerabilidad del nuevo modelo macroeconómico. Mala noticia para los trabajadores de Mefro Wheels que durante la semana, luego de un año de lucha para sostener su fuente laboral en medio de la masacre productiva de los últimos dos años, alertaron que no pueden reiniciar la producción porque las llantas de acero importadas coparon el mercado de las terminales automotrices.

Detrás de la postal festiva de un boom de ventas, la industria automotriz volvió a perder producción en 2017 y refuerza su perfil importador. Como la industria nacional en general. La consecuencia de este cambio es más presión sobre el mercado laboral. Tarifazos, inflación y despidos empujan al nuevo año a una nueva pendiente de la actividad.

El Indec difundió la revisión del estimador de actividad económica y confirmó lo que apenas era enmascarado por el discurso oficial. El rebote estadístico que se presentó como recuperación generalizada se concentró en un puñado de meses previo a las elecciones, para cortarse nuevamente sobre el fin de año. Un par de rubros asociados a la ejecución de obra pública, pisada en 2016, y el populismo financiero crearon una miniburbuja que se desinfló con el escrutinio. Los datos del índice Construya son reveladores: en el año impar, donde el gobierno puso las fichas para moderar la crisis de actividad, no empardó al 2015. En cambio, sí lo superó en el nivel de inflación. El organismo de estadística midió más de 3 por ciento en diciembre y 25 por ciento en 2017. Expuso oficialmente el tercer fallo consecutivo de los pronósticos oficiales en la materia. Y se quedó corto: los indicadores regionales presentan números por encima del 25 por ciento, entidades no gubernamentales, como la CGT, midieron más del 27 por ciento y el Cesyac detectó una suba interanual superior al 30 por ciento en diciembre.

Sólo el blindaje y el fanatismo casi religioso sostienen al presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Golpeado en diciembre por el resto del equipo económico, sacó pecho con una baja tibia en la tasa de interés. El "mercado" lo saludó como a un guerrero de la libertad. Despechados con esas fantasías, en el gobierno atan su estrategia antiinflacionaria al único truco que conocen: bajar el salario real. Busca instalar la pauta oficial del 15 por ciento, ya sin la cláusula gatillo que impulsó el año pasado. Esa meta, en el actual contexto, sólo es alcanzable deteriorando el mercado laboral y debilitando la capacidad negociadora de los trabajadores organizados. La alianza social que se expresó en las protestas de diciembre es el enemigo a combatir, mediante la criminalización de los manifestantes que participaron de las mismas.

El gobierno contaba con la burocracia sindical para ordenar la calle y disciplinar la puja distributiva. La realidad del movimiento social y sindical, 15 años después del estallido de la convertibilidad, les limita esa capacidad. Con ráfagas de carpetazos, el gobierno los empuja a no recular en la batalla contra el gremialismo combativo. Les tiran a los pies con pesquisas tan nobles como espectaculares sobre caciques regionales que, de paso, resuelven algunas disputas de poder entre los gordos. Es paradójico, pero esa épica del oficialismo se moderó a la hora de responder a la tremenda amenaza que les propinó un ex aliado y emblema del sindicalismo de negocios, como Luis Barrionuevo. El gastronómico ató la suerte de los gobiernos democráticos a la convivencia con los sindicatos, concepto que en su idioma se restringe a la burocracia sindical.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario