Economía

Las reformas que exige el capital concentrado

En los dos años que llevamos del gobierno nacional de Cambiemos, es posible identificar –en materia económica- líneas claras que orientan su acción.

Domingo 31 de Diciembre de 2017

En los dos años que llevamos del gobierno nacional de Cambiemos, es posible identificar –en materia económica- líneas claras que orientan su acción.

a. Como Argentina venía perdiendo aire en su dinámica económica, para una parte importante del empresariado el problema era cómo pararse frente a un mercado achicado, en el marco de una estructura de costos que siempre tiene grados sensibles de rigidez. Desde la reducción de los derechos de exportación en adelante, las medidas de Macri apuntaron a restablecer niveles de ganancia existentes en un pasado no tan lejano, sobre la base de una arquitectura de transferencia gigantesca de ingresos del trabajo al capital y del estado al capital. El diagnóstico explícito e implícito es que Argentina no es competitiva porque sus costos son elevados y entre ellos el laboral y el impositivo. La transferencia se puso en marcha, no cesó de avanzar y las medidas aprobadas en extraordinarias en este diciembre más las preparadas para el comienzo del 2018 van en el mismo sentido. El universo del millón cuarenta y tres mil empresas inscriptas en Afip en el impuesto al valor agregado (unipersonales, sucesiones indivisas y sociedades) recibieron de modo desparejo este proceso. Sólo un puñado de invitados al festín y la ñata contra el vidrio para la gran mayoría.


b. El impacto se sintió puertas adentro de la mayoría de los hogares argentinos, por la persistencia de altos niveles inflacionarios, en especial el incremento sin límite del precio de combustibles, tarifas, servicios y otros, la disminución de las horas trabajadas, la generalización de suspensiones, el aumento de la tasa de desempleo, paritarias salariales sin capacidad de recomposición de lo perdido frente a la inflación pasada y en consecuencia la caída generalizada de la capacidad de compra de la mayoría de la población. La demanda interna como motor de crecimiento no funcionó a nivel macro, con excepción de puntuales ramas de actividad. La retracción y en el mejor de los casos el estancamiento del consumo provocó un descenso en el nivel de actividad cuyas divergentes tasas, según la fuente, tienen sin embargo un denominador común: todas muestran tendencias descendentes o de estancamiento.


c. El efecto sobre las finanzas estatales que combinó la renuncia de ingresos, la caída del nivel de actividad, el desplazamiento de la demanda fruto del aumento tarifario, el peso de los servicios de la deuda pública -potenciado por la necesidad creciente de financiamiento del déficit homologando a su vez tasas de interés positivas y el ritmo de la devaluación- condujeron a una situación fiscal de aumento record del rojo en las cuentas públicas.


d. En síntesis, el mercado interno se retrajo, las exportaciones quedaron virtualmente congeladas con el agravante del aumento del déficit comercial y la lluvia de inversiones ni siquiera fue garúa. Lo único que creció fue la deuda pública y en consecuencia el valor futuro de la hipoteca.

Mirando otras experiencias del pasado argentino, puede decirse que estos dos años de gobierno no inventaron nada de lo visto -en materia económica- tanto en el primer año de la dictadura como en los dos primeros años de Menem. La idea es la misma, el diagnóstico semejante, la receta similar, la búsqueda homogénea. El primer de año de la dictadura, hasta la reforma financiera de mediados de 1977, provocó una enorme transferencia del trabajo al capital y del estado al capital. Los dos primeros años de Menem repitieron la fórmula. Macri volvió a hacerlo desde su asunción hasta fines de 2017. En el 77 se comenzó a diseñar el modelo que suele asociarse con la llamada valorización financiera. En el 91 arrancó con intensidad la ola privatizadora, vendiendo las joyas de la abuela por monedas o contra títulos sobre valorizados, asegurando a las empresas mercados cautivos en condiciones leoninas, tanto para la sociedad como para los estados nacional, provinciales y municipales.

La pregunta es ¿hacia dónde vamos? Lo que hay a la vista es la nada misma y todo parece indicar que seguirá la transferencia de ingresos. El gobierno nacional nos lleva hacia un mundo imaginario que dejó de existir hace mucho tiempo y haciendo nada para mejorar la competitividad en los escasos rincones que tiene Argentina para insertarse ... o ensartarse.

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