Economía

Las negociaciones salariales, después de las paritarias

Las negociaciones por aumentos salariales fueron muy complejas este año, en un escenario marcado por la extensa campaña electoral en las provincias y en la Nación, los intentos oficiales para controlar la suba de precios y un mal contexto financiero internacional

Domingo 20 de Septiembre de 2015

Atravesada por el año electoral y el amesetamiento de la economía, la ronda de paritarias de 2015 fue particularmente dura. Cada sindicato tiene su propio balance: para algunos fue positivo, para otros se consiguió “lo posible”. En cada caso, el acuerdo final dependió de la rentabilidad del sector de actividad, la capacidad de negociación gremial y la decisión de aceptar o rechazar el techo establecido por el gobierno nacional.

Aunque confiaron en que este año los salarios estarán por encima de la inflación, desde algunos gremios advirtieron que si se disparan los precios podrían exigir la reapertura de la paritaria.

Después de la devaluación de 2014 y una inflación del 38,5% según las estimaciones privadas (23,9% según el Indec) la discusión salarial de 2015 se perfilaba áspera.

Los gremios apostaron a recuperar poder adquisitivo, pero debieron hacerlo en un escenario complejo: la economía sigue fría –por límites del modelo y un contexto internacional cada vez más hostil- y en un año de recambio político el gobierno buscó que los aumentos de los sindicatos más grandes no superaran el 27%, privilegiando el costo laboral como ancla de la inflación.

Debate caliente. Para el economista y docente de la Universidad Nacional de Ropsario Sergio Arelovich, el debate de la pauta salarial de este año renovó discusiones sobre los ingresos que deben percibir los trabajadores y trabajadoras.

Por ejemplo, si “el pedido de los trabajadores pretende recuperar el nivel de compra perdido en comparación con el acuerdo anterior o se prepara para atender la inflación futura; si el aumento debe ser en función del incremento de los precios o por el contrario debe estar vinculado con la traducción a pesos de las necesidades de un/a trabajador/a; si el reconocimiento del derecho constitucional (artículo 14 bis) a la percepción de un salario que cubra las necesidades de alimentación, vestimenta, vivienda, salud, educación, esparcimiento, licencias pagas, es una enunciado nominal o permite ser reclamado para que se transforme en un derecho efectivo; y si la pérdida sufrida a manos de la inflación entre el último acuerdo y el presente es un daño no sujeto a reclamo”.

Según Rafael Cociña, director de Cociña y Asociados, en 2015 hubo “una buena recomposición” salarial. “Se preveía antes de las paritarias que los valores fueran bajos, eso no ocurrió”, sostuvo.
Sin embargo, reconoció que los diferentes gremios tuvieron “distinto grado de recomposición”.

En efecto, de acuerdo a Arelovich, la diferencia entre sectores obliga a no generalizar.

“La brecha que separa las ramas o empresas de alta productividad versus el resto se tradujo en los disímiles logros obtenidos por los trabajadores, expresado en la enorme brecha salarial existente tanto en el sector registrado como entre este y el no registrado”, afirmó.

Pisos y techos. Como una obra de teatro, la paritaria tuvo tres actos, con sus propios protagonistas y papeles.

Primero acordaron los gremios docentes y estatales municipales y provinciales, luego los sindicatos con mayor cantidad de afiliados (industriales, comercio y construcción) y finalmente cerraron sus convenios otros sindicatos de la producción y los servicios.

El secretario general de Amsafé Rosario, Gustavo Teres, expresó una “mirada crítica” de la paritaria nacional docente. “Cerró con tendencia a la baja con 27%, lo que no generó condiciones para discutir en cada provincia”, afirmó.

Aunque finalmente estatales y docentes provinciales lograron un 31%, para el también titular de la CTA Autónoma de Rosario: “Santa Fe está en condiciones de mejorar los ingresos de los trabajadores”.

“Estar entre los mejores salarios del país no hace a una diferencia sustancial, se empieza a nivelar para abajo”, consideró.

Además, sostuvo que “los gobiernos provinciales y conducciones sindicales afines fueron funcionales a la política del gobierno nacional de intentar controlar la inflación a través de la regulación hacia abajo del salario de los trabajadores”.

Precisamente, el techo salarial del 27% que estableció el gobierno nacional para las paritarias de los principales gremios del sector privado fue uno de los puntos más conflictivos de la negociación salarial.

Si bien la fijación de un techo no fue una novedad con respecto a años anteriores, en 2015 el gobierno mantuvo su posición con particular dureza.

De hecho, el ministro Axel Kicillof amenazó con no homologar convenios que superaran ese número.

Para Arelovich, quien también asesora a distintos sindicatos, el gobierno nacional dispuso ese techo por “las presiones empresarias para proteger ciertos niveles de tasas de ganancia” y “la aceptación implícita de que todo aumento de salarios se traslada a precios como consecuencia de la estructura oligopólica de los mercados, por las ausencias o insuficiencias regulatorias en la materia y por la imposibilidad –por parte del estado- que así sea”.

El techo puso en una encrucijada a las conducciones de sindicatos como Smata, Empleados de Comercio, UOM y Uocra, que quedaron sometidas desde ese momento a una doble presión.

Desde abajo, para fortalecer el salario ante la inflación; y desde arriba, para que no se atrevieran a mirar más allá del techo.

Pero hecha la ley, hecha la trampa: aunque cerraron acuerdos de suba nominal del 27 por ciento, en varios casos se firmaron también actas complementarias y cláusulas adicionales que elevan tres o cuatro puntos el aumento.

El secretario general de la UOM Rosario, Antonio Donnello, reconoció en ese marco que el dirigente “nunca queda conforme en una paritaria”.

No obstante, destacó que este año consideraron que “era más beneficioso eliminar la categoría de operario” en lugar del premio y la suma fija.

De esta forma, el escalafón de la metalurgia comienza ahora con la de operario especializado y el salario inicial se elevó a nueve mil pesos, un 34 por ciento para la categoría más baja.

Un escenario similar se dio en la mecánica automotor. El secretario general adjunto del Smata, Antonio Milici, evaluó que el balance de la paritaria “fue positivo”, ya que obtuvieron mejoras que en promedio estuvieron en un 28 por ciento, aunque en algunas empresas lograron subas de hasta un 32 por ciento.

Tres adelante. Sin embargo, por su extensión en el tiempo, intensidad y ubicación en la estructura productiva del país, el conflicto más importante de la ronda de paritarias fue el que protagonizaron los trabajadores aceiteros.

Después de 25 días de paro y más de 150 barcos varados en el río Paraná, la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina consiguió un 36% de aumento.

“El gobierno fue cómplice de las patronales”, planteó Daniel Yofra, secretario general de la Federación, quien afirmó que si hubiesen aceptado la pauta del gobierno habrían permitido que bajen los salarios en un siete u ocho por ciento.

“Fue uno de los mejores resultados, no solo para los aceiteros, sino para el resto de la clase que seguía peleando por mejorar su salario”, señaló.

En efecto, la perforación del techo habilitó la firma de acuerdos “con el tres adelante”, como reclamó después el secretario general de la CGT disidente, el camionero Hugo Moyano.

Por ejemplo, cinco días después del acuerdo de los aceiteros la Asociación Bancaria firmó un convenio de 34% retroactivo a enero.

Además del aumento de los adicionales y la aplicación de la totalidad del convenio a los trabajadores de call center de los bancos, la principal novedad fue el establecimiento de un mecanismo de participación de los trabajadores en las ganancias globales del sistema financiero.

En tanto, Alimentación logró un 32 por ciento, Camioneros un 31,5 por ciento y la UTA un 40 por ciento, este último por un plazo de 18 meses.

Cabeza a cabeza. Finalizada la ronda de paritarias, cada sindicato saca cuentas. Si el 2015 termina con una inflación entre 23 y 26%, como prevén distintas consultoras, este año los salarios del sector formal le ganarán la carrera a la escalada de precios. Al menos, por una cabeza.

No obstante, desde la Asociación Bancaria advirtieron que si la inflación se dispara se verán “obligados a convocar nuevamente a paritarias”. En igual sentido, Teres recordó que a fines del año pasado se implementó una suma fija para pasar el verano hasta la nueva negociación salarial. “Hay que anticiparse a esa discusión”, planteó.

En algunos dirigentes, detrás de idea de primerear subyace la perspectiva de una negociación salarial aún más complicada en 2016. “Gane quien gane las elecciones va a ser una paritaria mala, no quieren que aumente la inflación y va a ser más baja que la de este año”, opinó Vivas.

Y también agregó: “Parece que la inflación la generamos los trabajadores y no es así; al contrario, somos los que movemos el consumo en el país”.

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